Historia

La historia del campo de concentración y exterminio para artistas judíos

Historia La historia del campo de concentración y exterminio para artistas judíos



El martilleo del arma en su oído es una sentencia. Sólo podrá correr unos cuantos metros antes de caer envuelto en su propia sangre. Una gota de sudor le recorre la nuca y baja por su espalda hasta perderse en su camisa. La vida de los hombres es así, una gota de agua corriendo en sentido contrario a las manecillas del reloj que, tarde o temprano, terminará desvaneciéndose. El pianista Władysław Szpilman sabe que van a dispararle.

Esta escena, extraída de la cinta “El pianista” (2003) de Roman Polanski, captura el momento en que la libertad de un hombre dura el tiempo que tarda la bala en impactar el cuerpo del condenado a muerte. En ese periodo, el instante parece expandirse como las galaxias en el espacio. Un claro ejemplo de que existe algo peor que la muerte: la idea de que hay esperanza aún cuando el final está a la vista.

campo de concentracion de Theresienstadt

Esa misma esperanza era experimentada por los prisioneros judíos en el campo de concentración Theresienstadt (o Terezín), un sitio en donde se les permitía tocar diversos instrumentos musicales a quienes supieran hacerlo, para que mostraran al resto de Europa lo benévolo que podía llegar a ser Hitler, pese a todo los horrores que se contaban de él. Bajo esta premisa, el campo de concentración de Terezín se convirtió en uno de los devoradores de artistas judíos más terrible de los que se tenga registro. La historia no pierde la memoria.

A menos de 70 kilómetros de Praga, en República Checa, aún permanecen los restos del campo dividido en dos fortalezas de diferente tamaño. La primera fue un gueto judío donde estuvieron hacinados más de mil 500 prisioneros mientras que el segundo espacio, más de un millar de hombres, mujeres y niños fueron asesinados. 

campo de concentracionde Theresienstadt

Sin embargo, Theresienstadt se convirtió en el centro de la comunidad judía después de que los alemanes eliminaran cualquier posibilidad de una manifestación artística. Este campo de concentración cumplía con un objetivo muy claro: reunir a los más grandes y destacados artistas judíos para obligarlos a componer y tocar música como una muestra de la generosidad de Hitler frente a las represalias mediáticas de sus contrarios.

Los barracones, las celdas, los patios, las habitaciones, el túnel conectado a los dormitorios de los reos e incluso el crematorio forman parte de un testimonio forjado con gritos, lágrimas y música. Elementos conjugados en el angustioso ambiente de un lugar que aún conserva el eco de aquellas melodías interpretadas por hombres con la única certeza de la muerte tocándoles el hombro.

Uno de ellos, reconocido compositor internacional, Hans Krása (1899-1914) sabía que la música era lo único que podría salvarle la vida, luego de haber perdido todo en manos de una persecución que devoró a gran parte de sus amigos cercanos, familiares y conocidos. Sin embargo, su reconocimiento se redujo a interpretar 55 veces su ópera infantil "Brundibár", una composición que había escrito para un concurso convocado por el Ministerio de Educación, pero que jamás llegó a presentarse fuera del asilo judío.


Terezín fue un sitio de contrastes. Al interior de sus muros, impregnados de alaridos y rasguños de resistencia, los vigilantes alemanes consideraban la música como una de las más altas expresiones de la sensibilidad humana y muchos de ellos eran grandes músicos. Uno de ellos fue Otto Adolf Eichmann (1906-1962), quien además de ser miembro de la SS, también era un violinista destacado y en su momento llegó a ser considerado un músico extraordinario. 

Otros artistas que vivieron torturas abominables al interior de Terezín fueron el músico Elkan Bauer, el compositor Rodulf Karel, la pianista Alice Herz-Sommer, el compositor Pavel Haas, entre muchos otros. Mismos que fueron recordados en 2007 cuando, por iniciativa de la mezzosoprano Anne Sofie Von Otter, se publicó un disco que contenía exclusivamente obras de compositores judíos escritas durante su estancia en Terezín.

Algunas composiciones musicales como "El emperador de la Atlántida" o la ópera para niños "Brundibár" se convirtieron en un éxito mundial después de recorrer el mundo y convertirse en el emblema de la música odiada y perseguida por un régimen sin consideraciones ni miramientos. 


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Las historias en torno al régimen nazi muestran escenas humanas extraordinarias y difíciles de creer de no ser por las evidencias históricas y los testimonios documentales de todas aquellas personas que participaron en uno de los momentos más cruentos en la historia de la humanidad. Tal y como sucedió en Terezin, Leningrado fue otro lugar en el que la música, más que un arte, se convirtió en un grito de resistencia y libertad.







Referencias: