La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina
Historia

La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina

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Por: Rodrigo Ayala

22 de junio, 2017

Historia La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina
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Por: Rodrigo Ayala

22 de junio, 2017


Cerati, Maradona, Borges, Cortázar o Messi son apellidos que seguramente todo argentino asocia con algo positivo, glorioso y grande. Son apellidos que forman parte de su cultura popular y que muchos idolatran. Sin embargo, existen otros que muy probablemente los hagan tambalear o sentir un acceso incómodo de temor. Puccio es uno de ellos.

Este apellido se relaciona con una de las familias delictivas más peligrosas en la historia del país sudamericano y que mayor horror provocaron en la mente de toda una nación en la década de 1980. El clan de los Puccio fue un grupo familiar dedicado al secuestro y la extorsión. Bajo el mando del padre de familia Arquímedes Puccio, este clan sembró un pánico sin precedentes, especialmente entre la burguesía argentina, la cual se volvió en su principal fuente de dinero.


La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina 1


El primero de los casos más recordados que estremecieron a la Argentina ocurrió el 22 de julio de 1982 con la desaparición de Ricardo Manoukian, de 23 años. Días después su familia recibió la notificación de que se encontraba secuestrado. Sus captores pedían 25 mil dólares para devolverlo con vida. A pesar de que su familia hizo caso y pagó sin tardanza la suma pedida, Manoukian fue asesinado de tres disparos en la cabeza.

Junto con Arquímedes actuaba su hijo Alejandro, jugador del Club Atlético San Isidro (CASI) de rugby, quien sería factor clave en la elección de las víctimas. Tanto Ricardo Manoukian como la siguiente víctima eran conocidos suyos.


La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina 2


El 5 de mayo de 1983, los Puccio actuarían de nuevo. Esta vez secuestraron a Eduardo Aulet, ingeniero y miembro también del Club Atlético San Isidro. Por su rescate pidieron la cantidad de 150 mil dólares. La familia también se movilizó para juntar la cantidad y pagarla sin demora. A pesar de ello, tal como ocurrió en el primer caso, la víctima fue asesinada por miembros del clan. Los Puccio lo obligaron a redactar dos cartas que rezaban:

«Papá: aquí me dicen que han tenido contacto con vos y que te tuvieron que sacar un electrocardiograma. Tranquilízate que me tratan bien, y por favor que esto termine lo antes posible… los quiero a todos mucho y los necesito. Gracias. Eduardo». La segunda carta fue dirigida a su mujer: «Querida Roly: te quiero muchísimo y no sabés todo lo que te necesito. Por favor no hables con nadie de esto; ajústense al reglamento de seguridad. Tranquilizá a papá y confíen. Yo aquí, pese a que me tratan muy bien, no aguanto más; las horas son días, por favor terminen rápido todo esto. ¡La plata va y viene, la vida no! Por favor, quiero estar junto a ustedes. Por favor. Por favor».


La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina 3


Para el siguiente año, Emilio Naum, empresario de profesión, se convertiría en su tercera víctima. Estuvo a punto de ser secuestrado en plena carretera, pero cuando se percató de lo que intentaban hacer con él intentó escapar. Para el clan no hubo más remedio que matarlo antes de que pudiera alejarse lo suficiente.


La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina 4


La noche del 23 de agosto de 1985 todo terminaría para el clan Puccio y su víctima en turno, la empresaria Nélida Bollini de Prado, dueña de varios locales en la avenida Independencia y de la agencia de autos Tito y Oscar, quien yacía en el suelo del sótano de la casa de la familia, ubicada en Martín y Omar al 500, de San Isidro, Buenos Aires.

Llevaba cerca de un mes atrapada. La policía, cuarenta hombres y doce patrulleros de la División Defraudaciones y Estafas de la Policía Federal, quien tenía sospechas sobre el ilícito negocio de los Puccio, irrumpió de improviso, tomando por sorpresa a Alejandro Puccio y su novia Mónica Sörvick. Fue detenido al instante y los demás miembros del clan cayeron horas después en Parque Patricios, mientras acudían para cobrar el rescate. La familia al completo fue apresada, incluyendo las hijas más pequeñas, Silvia y Adriana (esta última, menor de edad) y la madre Epifania Calvo. Las tres fueron absueltas al no hallarse culpables de cargo alguno.


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La familia Puccio era respetada en el vecindario y sus miembros eran tomados como buenos vecinos. Eran dueños de una tienda de artículos náuticos ubicada en la planta baja de su hogar y, asimismo, eran dueños de un bar. Nada hacía pensar que pudieran estar metidos en un negocio tan escalofriante. Si acaso lo único extraño que veían era que el cabeza de familia solía barrer a cualquier hora la acera de su casa y la de enfrente. Muchos piensan que era para tapar los gritos de las víctimas que emergían por la venta del sótano.

Un vecino que estuvo presente en el momento en que la familia era detenida, dijo: «Le decíamos ‘el loco de la escoba’ pero, en realidad, lo que hacía era comprobar que afuera no se escuchasen los gritos». El dueño de un puesto de revistas que estaba frente al hogar de los Puccio se sentía extrañado por la misma anécdota: «Tenía una costumbre rarísima: barrer la vereda a toda hora. Salía con su escoba cada media hora, y cuando yo cerraba el kiosco, aunque fueran las dos de la madrugada, él a veces seguía barriendo. Una vez hasta cruzó a barrerme a mí».


La historia de la familia asesina que aterrorizó Argentina 6


Arquímedes Puccio fue hallado culpable y condenado a pasar el resto de sus días en la cárcel, sin embargo, tras un proceso penal largo, recuperó su libertad y murió a los 84 años de un accidente cerebrovascular.

Alejandro Puccio murió en 2008 tras algunos intentos de terminar con su vida. Salió de prisión en 1997, pero regresó cuando la ley se percató de que su proceso no había sido ni justo ni claro. Respecto a su padre, declaró con amargura y coraje: «Tuve un padre que no pude elegir, que me golpeaba con el cinto, y que nos odia y nos desprecia».


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Referencias

BBC
La Nación








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