Historia

La mujer de los mil rostros que salvó a cientos de soldados en la Primera Guerra Mundial

Historia La mujer de los mil rostros que salvó a cientos de soldados en la Primera Guerra Mundial



"Corrí presurosamente por el campo, intentaba llegar al otro lado y matar a algunos soldados que sin piedad intentaban dispararme a quemarropa, como si sólo fuera un objetivo sin rostro, sin miedos y sin sentimientos. Mis lágrimas salían y yo no lo podía evitar. Ellos gritaban: "Derecha, izquierda", conforme yo me movía. Quería regresar a mi trinchera, pero un soldado tenía la orden de matar a cualquiera que se atreviera a retornar. Seguí, dejé de pensar en todo y sólo corrí con la mayor intensidad que pude. Algunos soldados del otro lado tenían el mismo miedo que yo, lo vi en los ojos de uno cuando me acerqué a dispararle, imploraba piedad con su mirada, pero éramos enemigos de una guerra que no nos pertenecía. Si no lo mataba, él lo haría conmigo. Le di un balazo justo en la frente, una muerte digna, pensé.

Mis amigos, que hace cinco minutos bromeaban sobre la guerra y extrañaban a su familia, estaban a mi lado, desolados, algunos a punto de morir. Disparé a aquellos enemigos que se acercaban a mí. Caían, pero no me enorgullecía ganar. Los veía sufrir y pensaba que seguramente ellos estarían recordando a su familia, la que nunca más volverían a ver.

Por un instante, dejé de pensar en todo. Un zumbido retumbó al interior de mis oídos. Me paralicé, mis manos comenzaron a temblar, ya no tenía control de mis acciones. Una granada había estallado a mi lado, estaba tirado en medio de la batalla, aún no era capaz de distinguir algún sonido, no sentía mi cuerpo, pero de pronto, mi cara empezó a arder como nunca lo había hecho. No quería tocarla porque seguramente algún tipo de presión haría que el dolor incrementara infinitamente, me quité uno de los guantes y, sin esperar mucho, sólo la sentí. Mi cara ya no estaba, eran pellejos destazados por la explosión, grité, grité como nunca lo había hecho... de pronto sólo me desmayé".

soldados primera guerra mundial
Durante la Primera Guerra Mundial, unos 8 millones de solados murieron, 20 millones más resultaron heridos y más de 20 mil soldados perdieron el rostro. Algunos debido a las metrallas violentas que significaban la pérdida de la esperanza, otros por alguna granada poco segura pero muy certera a la hora de estallar. Los ejércitos empezaron a implementar nuevas técnicas para poder darle un futuro adecuado a los veteranos de guerra, pero sin mucho éxito. Algunos empezaron a experimentar con técnicas de cirugía estética por primera vez, como el cirujano Harold Gillies y el dentista Varaztad Kazanjian; sin embargo, reconstruir los rostros devastados no era suficiente.

mascaras anna coleman ladd

Los soldados lucían sus heridas sin orgullo, con la vergüenza de nunca más poder encajar en la sociedad. Muchos trabajaban en empleos impensables con el único objetivo de que nadie tuviera que mirar su rostro.

Derwert Wood intentó solucionar el problema con otros métodos. Encantado por la escultura, comenzó a hacer experimentos en un hospital británico donde trabajaba como camillero. Con goma y gelatina comenzó a crear máscaras que más tarde convertirían en un negocio redituable llamado "Tin Noses Shop", escribió en la revista médica británica "The Lancet": "Su propia existencia deja de ser una fuente de melancolía".

anna coleman ladd consulta


En 1917, Anna Coleman Ladd, proveniente de Filadelfia, se encontró el artículo de Wood. Había estudiado en las mejores escuelas de París y Roma para dedicarse a la escultura de grandes obras de arte; sin embargo, cuando supo que había algo mucho más importante que participar en los museos populares de Estados Unidos, se dio cuenta de que podía aportar su conocimiento para hacer que la felicidad de esos hombres incrementara de manera estratosférica. En lugar de hacerlo en Inglaterra, como Wood, llevó su conocimiento a Francia.


rostro soldado anna coleman ladd
Acompañada de cuatro asistentes, recorría hospitales de París para buscar pacientes. Fundó el Estudio de máscaras-retrato de la Cruz Roja Americana en París y más de doscientos soldados acudieron a su estudio para buscar ayuda. Los espejos estaban prohibidos, pero siempre, los otros pacientes, Anna Ladd y sus asistentes, tenían una cara amable para cualquier ocasión. 

rostros anna coleman ladd
Conocidos más tarde como los valientes sin rostro, el trabajo de Ladd era basarse en fotografías antiguas y charlas para lograr darle a sus pacientes un rostro adecuado que cumpliera con sus expresiones faciales más comunes. Elaboraba un vaciado de yeso del rostro, hacía un molde con arcilla y plastilina  para crear una réplica de cobre galvanizado maleable y menos pesado. Las máscaras pesaban entre 100 y 250 gramos.

anna coleman ladd
soldado frances anna coleman ladd
Ladd soldaba el resultado para darle forma a las cejas, los labios y si era necesario, cubrir la boca. Intentaban asemejar el tono de piel con un esmalte lavable que tenía un efecto bastante similar al de la piel y así simular que esos hombres que dieron su vida por muchos, eran tan normales como el resto. Si el paciente quería barba, bigote o lentes, esto también era incluido en la máscara.

Soldier "Before and After," Wearing Anna Coleman Ladd Mask

Soldier "Before and After," Wearing Anna Coleman Ladd Mask
Las familias de los soldados ya no les tenían miedo, podían optar por realizar un trabajo que verdaderamente les gustara, caminaban al lado de sus hijos por la calle sin que alguien saliera corriendo y sus parejas ya no los repudiaban. Uno de los hombres, de hecho, le pidió matrimonio a una mujer por la que moría y ella, sin pensarlo, le dijo que sí. 

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La mutilación era aceptada, pero ver a un hombre sin nariz, oreja o con la cara desfigurada era un horror. Algunos hombres no podían ni siquiera recordar cómo eran antes de la guerra y gracias a Ladd lo lograron. Las máscaras poco a poco se deterioraron y no existe casi ningún testimonio de ellas, mas que los que conserva el instituto Smithsonian. 

Cada documento, foto, diario y hasta un video, se encuentran conservados a la perfección. Anna fue condecorada con la Medalla de la Legión de Honor, nombrada caballero de la Croix de la orden de San Sava de Serbia y su historia sirvió de inspiración para tres novelas, dos escritas por ella. Lamentablemente, murió el 3 de junio de 1939, antes de poder hacer algo por todos aquellos heridos de la Segunda Guerra Mundial.

"Gracias a usted, puedo volver a vivir. Gracias a usted, no me he enterrado vivo en las profundidades de un hospital para discapacitados".

anna coleman ladd

Así como Anna Coleman Ladd, existen muchos héroes olvidados sin los que la historia de una nación o del mundo no sería igual; aquellos a los que les debemos ser lo que ahora somos y a algunos, incluso derrocar algún régimen autoritario con el que no estábamos de acuerdo. 


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