Porqué las contraculturas están destinadas a fracasar

Porqué las contraculturas están destinadas a fracasar

Por: J Cesar -



¿Contracultura, subcultura, alta cultura, cultura popular... qué es eso? ¿El Santo es cultura, o sólo leer a Chéjov lo es?

Ha sido una de las discusiones más importantes que nacieron en occidente a partir del siglo XX, donde la Modernidad se instaló completamente y sin retorno en el globo; siglo que en sus albores vio la masificación de las pasiones humanas vertidas en plazas, cafetines de medio pelo, salones de clase, plantaciones y toda esfera donde el hombre ha puesto la mano o un lápiz; todo lo anterior en pro de lo que Platón llamó: Las Ideas.

La historia de las contraculturas ha sido rastreada numerosas veces; hay quienes mencionan que el primer rebelde registrado en la historia fue Job, aquel que por primera vez se rebeló ante la Gran Autoridad, o quienes ven en el Romanticismo europeo la génesis del sentimiento transformador de aquel que sueña y se tira en el trigo a pensar en un mundo mejor; de tiempo libre y amoríos debajo del manzano.

Tomaremos como punto de partida la segunda idea: Los Románticos, en pugna constante con el siglo que prepara la llegada de la Revolución Industrial y del "Orden y Progreso". Los primeros rebeldes en la historia no luchaban por unir a un pueblo ni por la Paz Mundial, y mucho menos por no producir alimento transgénico: luchaban por soñar. 


contraculturaGoethe in der Campagna, de Johann Heindrich Wilhelm.

Algo que parece no se ha tomado mucho en cuenta cuando se habla de los movimientos contraculturales, es el factor sobre qué tan divertido puede ser el formar parte de estos y qué tanto placer produce a los sujetos el sentirse dentro de un movimiento. El autor canadiense Joseph Heath, en Naiton of Rebels: How counterculture becomes consumer culture, pone de manifiesto esta nueva forma de comprender las contraculturas como fenómenos que, en su afán de romper el status quo, sólo lo engrosan con productos culturales industrializados y divertidos.  Si bien se debe comprender que el éxito o fracaso de un movimiento es mucho más complejo que el sólo interpretarlo con la variable "diversión"; parece ser que es algo medular en el proceso de crear industrias culturales (vamos ¿no han visto las playeras con el Che? Eso es un consumo cultural), y el debilitamiento del significado con el que un movimiento nace.

Un movimiento cultural está condenado a consumirse en el momento que se institucionaliza: ya no es una piedra que se mueve, es un monolito.

 ¿Por qué Alanis Morrissette agradece a la India?

Esto nos remite a la época en la que el Peace and Love y los ácidos fueron punta de lanza para uno de los movimiento contraculturales más icónicos a finales de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado. El hippismo, que en forma se conjunta de profetas del amor libre y la paz; de fondo grita por la liberación de los derechos de la mujer, libertad sexual, consciencia del mundo natural y espiritual, y como coyuntura histórica tiene la Guerra de Vietnam les abría el espectro de rebeldía.

hippies
"Haz el amor y no la guerra"

Lo lúdico que resultaba adherirse a esta forma de vida - adoptada por miles de jóvenes - generó que el ser o no ser hippie cada vez fuera más ambiguo; lo que quedaba eran las representaciones objetivas de lo que "decían" que era "ser"; es decir: quedan las drogas, el sexo, la comuna, la queja y nunca la propuesta (el pensar cansa y no es divertido). Joseph Heath pregunta ¿Qué pasaría si todo el mundo hiciera lo que tú haces? ¿Qué pasaría si todo el mundo fumara mota? ¿Seguiría siendo contracultura o simplemente diversión disfrazada de un discurso ideológico?

El consumo cultural deviene de lo divertido, de lo que da placer -aunque sea disfrazado de dolor-, de la congregación, de la comunión con una idea sin necesariamente conocer dicha idea; con el sólo hecho de decir "Soy algo con los demás", ya eres... eliminar tu ser en la masa es divertido, mentarle la madre al status quo en un coro de 100 mil personas suena bien.

Una de las prácticas más comunes idealizadas por la contracultura de los 60 y principios de los 70 tiene que ver con la búsqueda de espiritualidad, en la que, según el detractor hippie, ya no hay: la ciudad, las escuelas, la modernidad, etc. todo eso de lo que el hippie primermundino está rodeado y, según él: ya no le significa. Es hora de que comience el turismo de autodescubrimiento con destino al tercer mundo o lo que se parezca.

Alanis Morissette agradece a la India porque en un viaje de autodescubrimiento encontró la paz (dicen que allí está y que tiene forma de Cítara), luego esa paz fue uno de los más grande éxitos de los años noventa: Thank U

alanis-morrisette

Parece ser que todos los movimientos contraculturales en la historia moderna de la humanidad atienden a lógicas en las que el concepto principal, por más transgresor como lo es en el punk o más espiritual como en el hippismo, genera procesos lúdicos que sobrepasan todo discurso político, social o ideológico, pero al mismo tiempo la sostiene y reproduce.

Desde G.G. Allin arrojando excremento a sus fans, hasta Morissette buscando la trascendencia en el oriente, el ser, la esencia, la contracultura parece sólo generar nuevos nichos de consumo y producción: los jeans, la marihuana, el rock, la libertad, la consciencia y muchas otras más representaciones de lo que se dice significa ser contracultural

gg-allin

La contracultura también es cultura; no sólo por negarla deja de ser aquello que niega, y como todo proceso cultural: es dinámico: muere y renace, nunca de la misma forma, a veces se puede convertir sólo en una subcultura reproductora de estereotipos.

peliculas punk sid nancy

Lo único que sí ocurre de la misma forma y parece condenarlas a todas las contraculturas es el consumo, cuando se consume se muere; de una vela consumida sólo quedan informes fragmentos condensados de lo que fue; habrá que fundirla y trabajarla para que sea vela, otra vela, más fresca.

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