Las mujeres que tuvieron hijos amarillos por crear bombas en la Primera Guerra Mundial

martes, 18 de abril de 2017 9:15

|Diego Cera



¿Alguna vez te has preguntado qué tanto influye el entorno en nuestro aspecto físico?

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En septiembre de 2008 la noticia de que tres osos polares del zoológico de Higashiyama en Japón, presentaban un extraño color verdoso en su piel conmocionó al mundo. Al no encontrar una explicación clara ante este suceso, la gente no tardó en culpar al cambio climático de esta irregular pigmentación; sin embargo, era ilógico pensar que ese factor afectara de una forma tan drástica a una sola especie de todas las que habitan en el planeta.

Al examinar la charca en la que los osos se refrescan, los responsables de las instalaciones encontraron que se trataba de una especie de alga que crece en el agua gracias a que durante los meses de julio y agosto, el clima es indicado para su reproducción.  Los pelos de los osos son huecos como tubos y estos absorbieron algunos fragmentos de alga y por ende también su color verde, esto fue lo que provocó la tonalidad que poco a poco, tal y como lo aseguró Masami Kurobe, encargado del zoo, fue desapareciendo hasta que los animales volvieron a su característico blanco natural.

Aunque la fiebre por los osos verdes terminó ahí; podemos decir que más de una persona se preguntó acerca de las posibilidades de que una persona presentara ese tipo de extraña pigmentación en su piel, no obstante, esa incógnita puede ser fácilmente resuelta si nos remontamos a los tiempos de la Primera Guerra Mundial:

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Imaginemos un contexto en el que todo mundo tiene que colaborar con el ejército de su país para asegurar la supervivencia, propia y de su familia. En ese momento los prejuicios que dictaban que una mujer no podía involucrarse en asuntos relacionados con la milicia quedaron olvidados, llevando a muchas amas de casa a laborar en sectores militares, siendo uno de los más importantes la fabricación de armamento.

A las afueras de Banbury, Inglaterra, se levantó un complejo de balística conocido como National Shell Filling Factory Number Nine para la ocasión. En él laboraron alrededor de 1,500 personas, la mayoría de ellas mujeres, quienes tenían que estar en contacto constante con químicos peligrosos para poder fabricar potentes bombas con azufre y cordita; materiales que mezclaban a mano a pesar del conocimiento de la época sobre los posibles perjuicios para su salud.

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A pesar de que muchas mujeres en otras fábricas habían perdido la vida trabajando con estos químicos, las trabajadoras de Banbury solamente sufrieron un curioso cambio en la pigmentación de su piel. Poco tiempo después de estar expuestas a la materia prima de los explosivos que manufacturaban, notaron que en sus cuerpos aparecían manchas amarillas que se extendían a medida que su labor continuaba.

Creyeron que su problema de pigmentación quedaría resuelto una vez que estuvieran lejos del contacto directo con los materiales, aunque pronto se dieron cuenta de que su sospechas eran totalmente falsas. Años después al dar a luz, sus hijos presentaron un tono amarillo, incluso más brillante que el de ellas.

Gladys Sangster, una de las llamadas "bebés canarias", asegura que el color de piel que su madre le heredó no le trajo ningún problema a su salud; a sus 97 años, la mujer se mantenía fuerte y saludable. De hecho, cuando la señora Sangster acudió al doctor a preguntar sobre la salud de hija, éste le dijo que lo único que quedaba por hacer era esperar a que el pigmento se cayera por completo y en efecto, el color amarillo se desvaneció de la piel de Gladys al paso de los años.

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Los procedimientos dentro del National Shell Filling Factory hasta la fecha se mantienen en secreto. Se trata de un área restringida donde están guardados todos los detalles acera de su funcionamiento. No obstante, historias como la de Gladys Sangster y su madre dan una idea de las múltiples formas en las que el cuerpo humano –para bien o para mal– se adapta a las condiciones a las que es sometido. En el caso de las mujeres que fabricaron el armamento para el sangriento conflicto armado, no había mas que someterse a largas jornadas para subsistir, pese a lo cruel del empleo y el inherente riesgo a su salud.


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Referencias: 

Daily Mail



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