Lemuria: la historia real del "continente perdido" que se hundió bajo el mar
Historia

Lemuria: la historia real del "continente perdido" que se hundió bajo el mar

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Por: Beatriz Esquivel

6 de septiembre, 2018

Historia Lemuria: la historia real del "continente perdido" que se hundió bajo el mar
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Por: Beatriz Esquivel

6 de septiembre, 2018

Si has escuchado del continente perdido Atlantis, puede que te interese la historia de Lemuria. Cuenta la historia que también se hundió en el océano.


O eso nos han dicho por años, incluso en artículos que suponen ser científicos que tienen como fin explicar la presencia de ciertos animales, como los lemures en distintos lugares del globo. Así comienza la historia de Lemuria:


El principio de la teoría


Durante el siglo XIX los naturalistas se percataron de la curiosa distribución de los mismos animales en distintas partes del mundo, incluidas islas a las que no podrían haber nadado o migrado con facilidad. Aquí es donde entra en escena Philip Lutley Sclater, quien en un ensayo de 1864 titulado “The Mammals of Madagascar” —Los mamíferos de Madagascar—, especuló la razón detrás de la distribución de los animales en el globo, en especifico de los lémures. 


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«Las anomalías de la fauna Mamífera de Madagascar pueden ser mejor explicadas al suponer que antes de la existencia de África en su forma actual, un gran continente ocupó partes del océano Atlantico e Índico, extendiéndose hacia lo que (ahora es) América al oeste, y hacia India y las islas del este; este continente se rompió en varias islas, de las cuales se han amalgamado con el presente continente de África y, algunas con lo que ahora es Asia, y que en Madagascar y las Islas Mascareñas ahora tenemos reliquias de este gran continente, por lo que el objetivo original de las “Stirps Lemurum,” debo proponer el nombre de Lemuria!»

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Lemuria: ¿la cuna de la humanidad?


A esta teoría se suma la del biólogo Erns Haeckel, quien en 1868 aventuró que esta misma zona, entre Asia, África y el supuesto pedazo de tierra —o continente— sería la cuna de la humanidad, convirtiendo así a Lemuria, no sólo en el continente de origen de los lémures, sino también permitió que el hombre migrara hacia otras zonas del mundo. 


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Fue esta teoría, la de la cuna de la humanidad, la que inspiró a Elena Provna Blavatskaja y otros a seguir publicando que Lemuria podría ser el lugar de una de las siete razas de la humanidad y de alguna forma, sustentar lo que sería el gran sueño de cualquier geólogo: dar con un continente perdido en la profundidad del mar que podría develar secretos del desarrollo de nuestra historia y los movimientos migratorios de animales y humanos por igual. 


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Incluso a inspirar obras de ficción cuyas tramas giraban en torno a continentes perdidos, como la mítica Atlantida, un tanto más famosa, al grado que incluso encontramos películas de Disney que versan al respecto; así como descubrimientos acuáticos que suelen asociarse automáticamente a estos continentes. No obstante, gracias al avance tecnológico y el conocimiento que tenemos, ahora sabemos que los continentes no pueden hundirse de la nada. En Scientific American explican que el granito no se forma en tierra seca y tiene una densidad de masa menor, por lo que flotaría sobre los materiales del manto que son mucho más densos.


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La verdad


La evidencia asociada a Lemuria y otras regiones “perdidas” del mundo corresponde a lo que es conocido como Gondwana, una de las primeras fracciones del supercontinente Pangea de hace 200 millones de años. Esta evidencia se encuentra debajo de la isla de la República de Mauricio, en el mar Índico.


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Al tiempo que la teoría más aceptada para explicar la migración de los lémures es que estos viajaron sobre balsas de vegetación de forma accidental, aprovechando que por lo menos hace 60 millones de años las placas continentales se encontraban en otras posiciones y las corrientes oceánicas fluían en direcciones distintas a las de hoy en día. 


Sin duda, incluso ahora con el conocimiento que tenemos sobre los materiales de la tierra continental y la evolución de los mamíferos, resulta difícil no esperanzarse con una teoría tan increíble como la de Lemuria y por eso no podemos culpar a los científicos del siglo XIX.


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