Leopoldo II: el emperador que provocó un genocidio de más de 10 millones de africanos
Historia

Leopoldo II: el emperador que provocó un genocidio de más de 10 millones de africanos

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Por: Beatriz Esquivel

18 de noviembre, 2018

Historia Leopoldo II: el emperador que provocó un genocidio de más de 10 millones de africanos
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Por: Beatriz Esquivel

18 de noviembre, 2018

Leopoldo II, rey de Bélgica, es ignorado por la historia a pesar de que cometió atrocidades iguales o peores que Hitler o Stalin.


El final del siglo XIX era una época convulsa, en la que los grandes imperios europeos se caracterizaron por colonizar otros territorios, siempre con una crueldad característica hacia las poblaciones originarias de esos lugares. Sin embargo, esto no exime de culpa a ningún monarca o nación reinante por los crímenes cometidos.


Cerca de 10 millones de africanos fueron víctimas de este genocidio, que se caracterizó por la tortura y muerte, como las mutilaciones de manos y genitales de la población congoleña. La hambruna y el trabajo forzado también se convirtieron en la nueva realidad de este lugar, cuando Leopoldo II de Bélgica decidió que la actual República Democrática del Congo era una colonia belga, formando así el Estado Libre del Congo. Un nombre sin duda irónico, dado que se trató de un pueblo explotado a lo largo de 23 años.


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Leopoldo II.



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El inicio de la invasión


Para hacerse del territorio del Congo, el Rey formó la Asociación Internacional Africana en 1876 que tenía como supuesto financiar la exploración del continente al tiempo que se hacía un esfuerzo evangelizador. En la mentalidad europea, esto ayudaría a la población del lugar a "desarrollarse".


A través de los descubrimientos de exploradores como Henry Morton Stanley, que descubrió el caudal del río Congo como un vehículo idóneo para explorar el interior de África —y colonizarla—, Leopoldo obtuvo los fondos financieros necesarios para que Stanley fuera capaz de determinar si la zona era viable para construir una línea férrea y el comercio.


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El resultado de estas acciones aún es tangible en el presente: el Congo es considerado una de las zonas más ricas del mundo en recursos naturales, aunque sus pobladores no disfrutan los beneficios de la explotación de estos.


Muy pronto, hacia 1880, el Rey comenzó a firmar tratados con los jefes locales, mismos que resultaron en un engaño, puesto que en dichos tratados cedieron su soberanía, así como su libertad.


«Una pieza de tela por mes a cada uno de los jefes firmantes, además del presente de tela en mano, ellos prometieron libremente, bajo su propio acuerdo, por ellos mismos y sus herederos y sucesores por siempre... dar a la Asociación la soberanía y todos los derechos soberanos y gobernantes de todos sus territorios… y asistir mediante la labor o de otras formas, cualquier trabajo, mejora o expedición […] todos los derechos de caza, pesca, minería y de los bosques son propiedad absoluta de la mencionada Asociación».

El robo de su territorio, recursos y mano de obra provocó que los congoleños fueran sujetos a cuotas de producción y al comercio de esclavos, dando paso a la brutalidad.


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Mutilaciones, sufrimiento, sangre y mercenarios


El castigo más benigno instaurado en la época fue la flagelación, sin embargo, el más común era la mutilación de extremidades como las manos o pies, tales castigos sucedían cuando los lugareños no alcanzaban las cuotas de producción ya fuera de caucho, marfil u oro, y en caso de que necesitaran sus extremidades para realizar su trabajo, entonces el castigo lo recibían las esposas, hijas o familiares.


Estos castigos eran llevados a cabo por un grupo de mercenarios llamado “Force Publique”, mismo que estaba conformada por guerreros congoleños. Ellos a su vez obtenían pagos que eran directamente proporcionales al cumplimiento de las cuotas de cada trabajador, por lo que los castigos y la imposición de “las reglas” estaban debidamente motivados.


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Fue esta política del terror, en la que algunas personas eran decapitadas y sus genitales cortados para después ser expuestos en plazas públicas lo que también dominó al pueblo del Congo. Asimismo probó ser un método ideal para que la riqueza de Leopoldo II creciera a tal grado, que se convirtió en el hombre más rico del mundo con una fortuna que rondaba entre los 100 y 500 millones de dólares.


Sin embargo, su fortuna no fue suficiente para que otros gobiernos no ejercieran presión sobre su mandato ante las noticias de tales injusticias, hasta que en 1908 tuvo que ceder el territorio al gobierno belga, mismo que aunque prohibió los asesinatos aleatorios, permitió que siguieran las flagelaciones y mantuvo las cuotas.


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Esa fue la realidad del Congo hasta que obtuvo su independencia en 1971. A la fecha, la cifra de los 10 millones de congoleños víctimas del genocidio es aproximada, dado que al encontrarse en una región de difícil acceso, no existen registros confiables ni censos para medir cuántas personas perdieron la vida bajo el régimen de Leopoldo II. Al mismo tiempo, a pesar de haber recobrado su soberanía, esta nación africanas se ha enfrentado a una serie de gobiernos corruptos y dictatoriales, así como una guerra civil cuyas consecuencias aún son visibles. Esta situación ha mantenido a la población congoleña en la pobreza y en una crisis humanitaria que no se ha podido resolver.


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