Los terribles cementerios de guerra alemanes que invadieron el mundo

Miércoles, 21 de febrero de 2018 10:43

|Carlos G. Bayonas
cementerios de guerra alemanes

Estos cementerios irradian una lúgubre belleza como recordatorio a la humanidad y aprendizaje de las grandes guerras.



Resulta sumamente difícil establecer cuántos habitantes perdió un país como Alemania durante las dos contiendas mundiales. En primer lugar, porque las fronteras de la Alemania actual en absoluto se corresponden con las del Imperio Prusiano de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), o con las del Tercer Reich de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945); en segundo lugar, porque es muy complicado conocer el número preciso de muertes en combate o muertes indirectas —fundamentalmente heridos— debido a la propia magnitud de la contienda y a la ausencia de registros exactos. No obstante, se calcula que entre la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, Alemania perdió un total de casi 8 millones de habitantes —más de 2 millones en la primera y en torno a los 6 en la segunda—, la mayoría de los cuales, tristemente, fueron civiles.



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Edificio Neue Wache en Berlín



En lo que a los soldados respecta, muchos cayeron en combate lejos de las fronteras de su país. La política expansionista alemana durante ambas contiendas condenó a millones de soldados a combatir en tierras extranjeras, y no todos los que perdieron la vida fueron repatriados. Por ello, en 1919, al término de la Gran Guerra, y según el artículo 225 del Tratado de Versalles, se creó la Organización Alemana para la Conservación de Cementerios de los Caídos de Guerra, con el objetivo de reunir en cementerios de guerra a los soldados y civiles alemanes caídos durante el periodo bélico. Luego de la Segunda Guerra Mundial, esta misma organización de carácter humanitario fue la encargada de establecer y organizar los más de 400 cementerios de guerra que hay por todo el territorio alemán —el más importante, el de panteón de Neue Wache en Berlín—, y desde 1954 en adelante también se ha encargado de gestionar los cementerios de guerra alemanes en el extranjero.



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Escultura "La madre" en Neue Wache



En la actualidad, la organización cuenta con más de 100 mil voluntarios, unas 500 personas en plantilla y, salvo el dinero destinado al mantenimiento de las tumbas en el extranjero —el cual proviene del gobierno alemán—, el resto de su financiación proviene de donaciones privadas. En absoluto se le puede considerar una organización que haga apología de la guerra o de cualquier ideología —como el nazismo—, puesto que su filosofía es bien clara: su única pretensión es custodiar la memoria de las víctimas de la guerra y la violencia, así como trabajar por la paz entre las naciones y garantizar la dignidad de los hombres. De entre los numerosos cementerios que se ocupa de mantener y conservar, se encuentran algunos tan llamativos como el de La Cambe, en Francia, o tan lejanos como el de Tatura, en Australia.



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Cementerio de La Cambe en Bayeux, Francia



Precisamente, el cementerio de La Cambe en Normadía, Francia, es uno de los más grandes camposantos de soldados alemanes y cuenta con un gran volumen de tumbas. Ubicado cerca de la ciudad de Bayeux, entre sus tierras descansan las almas de 21 mil 222 alemanes caídos durante el asalto Aliado a las costas normandas a finales de la Segunda Guerra Mundial. Aunque en sus inicios se concibiera como un cementerio estadounidense, a partir de 1954 —tras la firma del tratado franco-alemán sobre cementerios de guerra—, miles de cuerpos fueron trasladados hasta este lugar. La inmensa mayoría de difuntos cuenta con identificación en su lápida, pero también existe una fosa común con 207 soldados desconocidos sobre la cual se levantó una enorme cruz esculpida en roca volcánica. 



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Cementerio de Cuacos de Yuste en Cáceres, España



Mientras Francia cuenta con hasta ocho cementerios —siendo La Cambe el más grande de todos—, España tan sólo cuenta con uno. En el pequeño cementerio de Cuacos de Yuste, Cáceres —próximo al monasterio donde falleció el emperador Carlos V—, descansan junto a varios olivos los cuerpos de 180 soldados alemanes de las dos guerras mundiales —26 de la primera y 154 de la segunda. Los cuerpos pertenecen, entre otros, a pilotos cuyos aviones fueron derribados en territorio español o a marineros que naufragaron frente a las costas ibéricas. Al igual que en La Cambe, existen hasta ocho tumbas pertenecientes a soldados desconocidos.



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Cementerio de El-Alamein, Egipto



Algo más al sur, al otro lado del Mediterráneo concretamente, se levanta el imponente edificio del cementerio alemán de El-Alamein, en Egipto. A unos 250 kilómetros de El Cairo, se erige un monumento —que más parece una desafiante fortaleza— en recuerdo de los 4 mil 280 soldados alemanes que cayeron durante la batalla del mismo nombre. Este Totenburg (fortaleza de los muertos) se empezó a construir en 1956 y se inauguró en 1959; cuenta con un esbelto patio interior en el que destaca el obelisco central rodeado por sarcófagos de granito. Los cuerpos de los soldados del Africa Korps, el destacamento alemán en África, están ocultos en una cripta justo debajo. Curiosamente, el cementerio alemán no es el único en la zona. No muy lejos se encuentra el cementerio de las Commonwealth, con más de 7 mil soldados aliados enterrados; y el cementerio italiano, con más de 4 mil soldado, todos ellos caídos en la batalla de El-Alamein de 1942.



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Cementerio de Tatura en Victoria, Australia



Por último, pero no por ello menos llamativo, cabe mencionar el cementerio alemán de Tatura, en Victoria, Australia. Este camposanto —situado en las antípodas de Berlín y construido a finales de los años 50— alberga las tumbas de 250 militares y civiles alemanes. Existen, además, otras 27 tumbas de alemanes caídos durante la contienda esparcidas por toda Australia cuyos familiares no quisieron trasladar sus restos. Aunque la mayoría de cuerpos pertenezcan a civiles, entre los caídos que descansan en Tatura se encuentran los cuerpos de 11 prisioneros de guerra. La insólita localización de este cementerio es un claro ejemplo del grado de dispersión que alcanzaron la muerte y la violencia durante las guerras mundiales. Asimismo, Tarura, El-Alamein, La Cambe y muchos otros camposantos son un nítido recordatorio de que los horrores de aquellos tiempos no se han de repetir en el presente. El triste recuerdo, no obstante, no quita la extraña belleza de estos lugares. 


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Desafortunadamente, el siglo XX estuvo marcado por genocidios que cambiaron a la humanidad. Debemos conocer y recordar cada uno de ellos, para tener siempre en mente que jamás será válido atentar en contra de la vida de millones sólo por ganar guerras inútiles y despiadadas.



Carlos G. Bayonas

Carlos G. Bayonas


Colaborador
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