Los tigres voladores de la Segunda Guerra Mundial

Los tigres voladores de la Segunda Guerra Mundial

Por: Rafael Perez -

Al poco tiempo de que la guerra chino-japonesa tuvo lugar, el gobierno chino contactó a Claire L. Chennault, en julio de 1937, para que fungiera como asesor del generalísimo Chiang Kai-shek en todo lo relacionado a la aeronáutica. Chennault tenía más de 20 años de experiencia en las Fuerzas Aéreas estadounidenses, y había tenido que dejar el servicio activo por una sordera parcial. Aceptó la oferta y al poco tiempo se encontraba ya en China, donde fue nombrado Coronel de las Fuerzas Aéreas.

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Utilizó su experiencia como piloto de caza al servicio del gobierno chino y se dedicó al entrenamiento de los pilotos del país, lo que le daba la oportunidad de poner en práctica sus propias teorías acerca de la batalla aérea, aunque la superioridad numérica de las fuerzas japonesas obstaculizaba, en gran medida, demostrar la eficacia de las mismas.

Los japoneses iban ganando posiciones en las costa chinas, por lo que Chennault ideó una inteligente manera de mantener una ventaja ante las fuerzas enemigas: repartió entre los campesinos de distintas regiones del país, incluyendo el territorio ocupado por el enemigo, radios para que en el momento en que los habitantes vieran a la flota japonesa despegar, comunicaran esta información a Chennault. De esta forma se logró mantener una ventaja estratégica que ayudó a evitar el aniquilamiento de los escuadrones chinos.

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Debido a que los japoneses ocupaban lugares estratégicos en las costas de China, las fuentes de abastecimiento y comunicación del país comenzaron a verse limitadas, convirtiendo la carretera de Birmania en su única opción para abastecerse y seguir en comunicación, aunque dicho trayecto se encontraba totalmente expuesto a los ataques japoneses. Por esta razón, Chennault propuso la creación de una unidad especial de pilotos de caza americanos, cuyo objetivo sería proteger la ruta que seguía tal carretera.

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Chennault regresó a Estados Unidos y, de forma extraoficial, obtuvo el permiso del gobierno para reclutar voluntarios entre los pilotos norteamericanos. En el verano de 1941 ya contaba con unos 90 voluntarios, así como un gran número de hombres de apoyo, mecánicos y especialistas, de esta forma surgía el grupo de voluntarios americanos (American Volunteer Group, AVG).

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En una base abandonada de Toungoo, en Birmania, Chennault comenzó el adiestramiento de sus pilotos de acuerdo a sus propios métodos acerca del combate en formación, así como el estudio de las cualidades y debilidades del enemigo.

Es durante tal periodo de entrenamiento que algunos pilotos de la AVG deciden personalizar sus cazas P-40 pintándoles ojos y fauces repletas de colmillos, dando así un aspecto temible y bastante atractivo a sus aviones; la prensa China se encargó de nombrarlos tigres voladores, apodo con el que pasarían a la historia.

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Tras el ataque japonés a Pearl Harbor, Chennault movilizó sus escuadrones pues temía un ataque a Birmania y a su carretera; así que envío dos escuadrones a Kun-ming al Norte, y el tercer escuadrón a Mingaladon, cerca de Rangún, donde estaba una base de la RAF británica.

Una vez más, la red de información ideada por Chennault dio el aviso, el 19 de diciembre de 1941, del avance de aviones japoneses rumbo a Kun-ming; inmediatamente los tigres voladores emprendieron el vuelo para hacerles frente en la que sería su primer misión, consolidándola con una victoria al derribar 9 de 10 bombarderos enemigos. El día 23 del mismo mes los japoneses iniciaron incursiones en contra de Rangún. Debido a que en esa parte no existía el sistema de comunicación por radio ideado, la ofensiva japonesa llegó hasta la base de la RAF, obligando a los pilotos americanos e ingleses a despegar bajo el ataque enemigo, aun así lograron derribar seis aviones enemigos, aunque perdieron dos de los suyos. A partir de esto se estableció que los pilotos mantuvieran un vuelo constante para evitar sorpresas desagradables en el futuro, y fue una gran decisión pues de esta forma se logró afrontar al enemigo causándole pérdidas inmensas en contraste con las pocas bajas de la AVG.

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 En mayo de 1942 llegó a China el teniente general Joseph W. Stilwell para brindar sus servicios al país en materia de tácticas y estrategias. Chian Kai-shek lo nombró comandante del Cuerpo expedicionario que partiría a brindar ayuda a los ingleses en Birmania, apoyados desde el aire por los tigres voladores, aunque tuvieron que retirarse ante la superioridad de las tropas japonesas.

La carretera de Birmania había sido destruida en abril de 1942, así que la única forma de abastecimiento se daba a través de una ruta aérea de unos 800 km de distancia, Chennault, ya como general de brigada de las Fuerzas Aéreas chinas, se encargaba de proteger el tramo oriental de dicha ruta aérea desde su base en Kun-ming. Sin embargo, los abastecimientos que le otorgaba Stilwell resultaban insuficientes, por lo que tuvo que dosificar sus incursiones de defensa y ataque para ahorrar combustible, este hecho hizo que la relación entre ambos se tornara complicada.

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La paga que recibían los miembros de la AVG era de 600 dólares mensuales, más un bono de 550 por cada avión enemigo que derribaran, por lo que eran considerados pilotos mercenarios. Ante esto surgió, también, cierto descontento por parte de algunos miembros del ejército que cuestionaban los “privilegios” que gozaban estos pilotos en comparación con los demás, quienes efectuaban las mismas tareas y se exponían a los mismos riesgos, pero como los miembros de la AVG habían firmado un contrato en que así se estipulaba la paga en compensación por arriesgar sus vidas por China mucho antes de que Estados Unidos entrara a la guerra, se respetó su contrato, el que finalizaba en julio de 1942 ( nadie quería desbaratar una de las unidades de caza más eficientes del mundo).

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Al vencer el contrato, se disolvió la AVG; Chennault aceptó, nuevamente,  formar parte de las Fuerzas Aéreas del Ejército estadounidense con grado de general de brigada. Insatisfechos con el apoyo otorgado por Stilwell, la mayoría de los tigres voladores se negaron a seguir bajo sus órdenes y volvieron a Estado Unidos, mientras que sólo cinco se ofrecieron voluntarios para continuar luchando en China y se formó, en conjunto con otro pilotos americanos, la Fuerza Aérea de ataque en China al mando de Chennault.

Cuando la unidad AVG despareció tal como estaba constituida, tenía un récord de 286 aviones japoneses derribados ante sólo 12 aviones propios destruidos; así, los tigres voladores lograron convertirse en una de las unidades aéreas más feroces de la Segunda Guerra Mundial, haciendo honor a su apodo y al temible aspecto de sus Curtiss P-40.

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Referencias: