Historia

Manuscrito Voynich, el extraño libro que en 500 años nadie ha podido descifrar

Historia Manuscrito Voynich, el extraño libro que en 500 años nadie ha podido descifrar

El libro se escribió entre los años 1404 y 1438 d.C., está compuesto de 170 mil caracteres y es imposible de leer.



La curiosidad ha sido siempre una característica inherente al ser humano, de ahí que busque respuestas a todo lo desconocido. Así, a lo largo de la historia ha hecho uso de los recursos disponibles para poder interpretar y descifrar cualquier documento, ya sean cartas, comunicados militares, textos sagrados, etcétera, con la única finalidad de saber qué se esconde. Pero no siempre se tiene éxito. Existe un extraño libro que se ha resistido por años a revelar su misterioso y bien oculto contenido; se trata del Manuscrito Voynich, un documento escrito por un autor desconocido que, de acuerdo con las hipótesis, pudo ser un médico que no quería compartir los nuevos descubrimientos con sus colegas, o bien que pretendía mantener oculto su contenido de la inquisición por miedo a que lo acusaran de herejía. Por ello utilizó un código secreto para su redacción.



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Muchos son los detalles que intrigan y sorprenden de este libro. Para saber qué es lo que esconde se han utilizado todos los sistemas de cifrado conocidos, así como los métodos de decodificación por computadora; pero se ha resistido a revelar sus secretos, convirtiéndose en todo un enigma para los criptógrafos, lingüistas, historiadores y filólogos que han intentado sin éxito descifrar su contenido. A raíz de eso, se le conoce como “El Santo Grial de la criptografía”. El libro se escribió entre los años 1404 y 1438 d.C., está compuesto de 170 mil caracteres y es imposible de leer. Su alfabeto entero consta de veinte o treinta glifos, se escribió de izquierda a derecha con algunos párrafos cortos y un margen desigual. Se cree que el texto fue escrito posterior a las imágenes, debido a que hay palabras rozando el borde de estas. No hay evidencia de signos de puntuación, la superficie del pergamino es regular, sin abrasiones, ni rastro alguno de correcciones; es decir, son 240 páginas escritas con una ejecución perfecta, lo que permitió formular la hipótesis de que el autor tenía dominio del idioma o lengua que utilizó para escribirlo.



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Al no poder descifrar cuál es la lengua en que está escrito el códice, los especialistas nombraron a este idioma desconocido como voyniches, y han llegado a la conclusión de que ninguno de sus caracteres coincide con los patrones fonéticos de ningún lenguaje natural conocido; sin embargo, sí han podido establecer que esta lengua es amplia y muy rica. El manuscrito debe su nombre al anticuario y especialista en libros antiguos, Wilfrid M. Voynich, quien a principios del siglo XX —mientras visitaba la Villa Mondragone en Italia— descubrió un inusual y raro ejemplar en uno de los cofres con libros que los monjes de la Compañía de Jesús pusieron en venta para conseguir recursos. Fascinado por el libro, lo compró junto con la carta que estaba en su interior, y a partir de ese momento Voynich dedicó su vida a descifrarlo sin obtener ningún resultado. En su afán por conocer el contenido del códice, Voynich se dio a la tarea de fotografiar cada página y enviar copias a los lingüistas más respetados de la época. Desafortunadamente, ninguno fue capaz de identificar en qué lengua se escribió. A la muerte de Voynich, su viuda vendió el manuscrito a H.P. Kraus, otro coleccionista de libros que, tras varios intentos de vender el ejemplar, lo donó a la Universidad de Yale, donde actualmente está almacenado en la Biblioteca Beinecke de libros raros y manuscritos.



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Si bien es cierto que la lista de fracasos al intentar traducir el texto es larga y que ha provocado decepción y frustración entre los expertos, el documento ha revelado datos fascinantes sobre su posible origen, elaboración y autenticidad. Actualmente, se sabe gracias a la datación por radio carbono que el pergamino en el que está escrito es de hace aproximadamente 500 años; y que el pigmento utilizado para pintar las ilustraciones corresponde a los siglos XV y XVI, y es de origen mineral. Esto sugiere que para poder concluir el libro, el autor tuvo que invertir una fortuna. En principio porque sus pigmentos son caros y de excelente calidad —información confirmada gracias a las imágenes que aún conservan colores claros y brillantes—; pero también por la cantidad de pergamino utilizado, pues en la edad media el valor del pergamino aumentaba de acuerdo al tamaño de la hoja, y el manuscrito contiene varias páginas desplegables, incluida una doble, un elemento atípico para la época.



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El manuscrito es un universo repleto de detalles escondidos. Y no sólo en el texto en sí, sino en sus fantásticas imágenes, descritas como dibujos poco sofisticados que dan la apariencia de ser representaciones alegóricas inspiradas en plantas y hierbas reales; lo cual permite deducir que en el texto hay información detallada sobre el uso y preparación de las raíces, hojas y flores para los remedios. Además, aparece la imagen de una ciudad con torres y murallas coronadas con las denominadas almenas cola de golondrina, muy comunes en toda Europa; pero que a principios del siglo XV sólo existían en Italia, que sitúa con claridad el contexto histórico de su creación y establece un nuevo punto de partida en la investigación.



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No obstante, y a pesar de las evidencias de su autenticidad, hay quienes afirman que el Manuscrito Voynich es un engaño bien elaborado cuyo contenido no es más que una secuencia de símbolos trazados al azar, sin ningún sentido, poniendo en duda la legitimidad del libro. A pesar de ello, el manuscrito es todo un misterio y lo seguirá siendo hasta que alguien encuentre un método capaz de desentrañar el secreto escondido en sus antiguas páginas.



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Independientemente de que creas o no en la veracidad del Manuscrito, sobre libros malditos y prohibidos, el mundo tiene mucho que mostrarnos. 




Referencias: