María Antonieta: la reina del rumor negro
Historia

María Antonieta: la reina del rumor negro

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Por: Fernanda Belmont

20 de enero, 2014

Historia María Antonieta: la reina del rumor negro
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Por: Fernanda Belmont

20 de enero, 2014

María Antonieta, la reina guillotinada, al igual que su marido Luis XVI durante la Revolución Francesa, aquella que míticamente expresó cuando el pueblo moría de hambre: “Que coman pasteles” (no se tiene ningún registro histórico en el que esto se afirme), ha sido objeto de una leyenda negra que la representa como una seductora, traidora a Francia y “derramadora” de los recursos públicos.

María Antonieta


Reina de Francia, fue hija de María Teresa de Austria y de Francisco I, emperadores de Austria. Nació el 2 de noviembre de 1755 y fue asignada por la historia para colocar su cabeza en la guillotina y purgar los abusos de la monarquía francesa.

Se casó el 16 de mayo de 1770 con el futuro rey Luis XVI, en ese entonces duque de Berry y delfín (se utiliza este mote para los herederos a la corona francesa) de Francia. Su matrimonio fue una alianza entre las dos coronas para asegurar la estirpe masculina. En la noche de bodas no sucedería nada, según el diario del delfín, en el que la única anotación del día 17 fue: “Rien”  (nada). En los próximos siete años la pareja no tuvo descendencia y María Antonieta comenzó a salir de incógnito por la noche, convirtiéndose en un símbolo de la licenciosa corte parisina. Fue presentada por la prensa clandestina como una mujer vendida a los intereses austriacos, poniendo el acento en su capacidad para derrochar y su facilidad para la burla.

 Fue el 19 de diciembre cuando dio a luz a su primer hijo, una niña llamada María Teresa, en 1781 nació el delfín Luis José, en 1785 nació su tercer hijo Luis Carlos (quien se convertiría en Luis XVII) y en 1789 su última hija: Sofía Beatriz, quien murió de tuberculosis en 1788.

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El 10 de mayo de 1774, Luis XVI y María Antonieta se convirtieron en los reyes de Francia y de Navarra. El comportamiento de la ahora reina no cambió, por lo que en 1777 comenzaron a circular las primeras canciones en contra de ella; a su vez, se rodeó de una pequeña corte de favoritos (la princesa de Lamballe, el barón de Besenyal, el duque de Coigny y la condesa de Polignac) suscitando las envidias de otros cortesanos: multiplicó su vestuario y las fiestas, organizó partidas de cartas en las que se realizan grandes apuestas. Desde su llegada a la corte francesa fue detestada  por el pueblo, quienes la llamaban “L’autre-chienne)”, una paranomasia en francés de las palabras “autrichienne” que significa austriaca y “autre chienne” que significa otra perra.

Uno de los casos más escandalosos que reinaron sobre la austriaca, fue el de un collar de diamantes encargado en nombre de ella por el cardenal de Rohan. Se cuenta que transcurría julio de 1785 cuando el joyero de la casa real: Bohmer, reclama a la reina 1.5 millones de libras por el collar, ella no se responsabiliza y hace arrestar al cardenal por imputarle la compra del collar. Luis XVI deja el escándalo en manos del Parlamento para que se investigue, tarea que culminó con la exculpación del cardenal y se les atribuye la responsabilidad a la condesa Jeanne Valois de la Motte y su marido. El caso del collar supuso un punto de inflexión en la regencia, marcando una nueva etapa de impopularidad y odio por parte del pueblo.

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Otro de los casos que ayudo a que se desatara la Revolución Francesa fue la frase que, supuestamente, María Antonieta pronunció cuando la gente del pueblo, muriendo de hambre, acudió a Versalles a reclamar por comida: “Qu’ils mangent de la brioche” (Que coman pasteles).

Sin embargo, el filósofo Jean-Jacques Rousseau confirma que la frase no fue dicha por ella, sino por la reina anterior, María Teresa de Austria (esposa de Luis XIV),  y que el enunciado original era: “S’il ait aucun pain, donnez-leur la croûte au liei du pâte” (Si no tienen pan, que les dé el hojaldre en lugar de paté).

En 1789 los Estados Generales, un poder constituyente integrado por la nobleza,  son convocados por representantes de la Iglesia y el “estado llano”, es decir, el pueblo. En la apertura del 4 de mayo, monseñor de La Fare ataca el lujo de la Reina. Un mes después muere el delfín Luis José, pero no se les permite hacer un funeral público debido al recorte de gastos. El 1° de octubre arriba un regimiento de Flandes y se organiza un banquete, el pueblo se amotina y los acontecimientos se precipitan: los reyes intentan huir pero son interceptados. La Asamblea Legislativa no tuvo más remedio que someterse a cabecillas revolucionarias como Robespierre y Danton. No pudieron evitar el asalto por las masas de la residencia real, se le arrebató los poderes al rey y fue encarcelado en la torre del Temple. Después, para la realeza, no quedaba sino un trágico epílogo.

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El 26 de diciembre de 1973 la Convención, órgano creado por la Monarquía Convencional, dicta la muerte de Luis XVI, quien fue ejecutado el 21 de enero de 1793. Mientras tanto, María Antonieta continuó bajo la vigilancia del régimen de Robespierre. El 13 de julio es separada de su hijo y un mes después de sus dos hijas; fue conducida a la Conciergerie, donde estuvo recluida hasta su ejecución. Fue guillotinada a los 38 años en la Plaza de la Revolución –hoy de la Concord- el 16 de octubre de 1793. Fue enterrada en el cementerio de la Madeleine –con la cabeza entre las piernas-, en 1815 sus restos fueron transportados a Saint Denis.

Ninguna imagen más expresiva del enorme cambio que había acontecido en ella es aquella que dio el día que subió al estrado, no queda ningún parecido entre la ruina humana que va hacia su muerte y la mujer que había sido, según Walpole, “la elegancia personificada”. Subió lentamente los peldaños del cadalso, redoblaron los tambores, se agachó, cayó la cuchilla y junto con ella la cabeza ensangrentada que, asida por los cabellos por uno de los verdugos, fue mostrada al pueblo que aclamaba a la Revolución.

 


Referencias: