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Mecanismo de Anticitera: la computadora analógica que podía predecir eclipses

12 de marzo de 2018

Rodrigo Ayala Cárdenas

Un artefacto de bronce creado hace unos 2 mil años aproximadamente en la Antigua Grecia tenía la capacidad de hacerlo con absoluta precisión.



Los eclipses llenaron de terror a civilizaciones antiguas que veían en el sol la representación máxima de la divinidad. Esa creciente y repentina oscuridad en la que la luna devoraba la luz solar era un presagio de pestes, devastaciones, sequías, muertes y en general de eventos desafortunados que se podían extender desde meses hasta años.



Hoy sabemos que los eclipses no provocan nada de ello al tratarse de un fenómeno científico de la naturaleza perfectamente predecible. Desde la Antigüedad, el ser humano fue desarrollando conocimientos acerca del comportamiento de los astros hasta ser capaz de saber en qué momento iba a ocurrir un eclipse.


Uno de esos métodos fue el llamado Mecanismo de Anticitera, un artefacto de bronce creado hace unos 2 mil años aproximadamente en la Antigua Grecia. A través de una compleja red de 37 ruedas con engranajes de entre 127 y 235 dientes, muy similar a la que tienen los relojes actuales, los científicos griegos documentaban los movimientos de la luna para predecir eclipses de todo tipo.



Lo astrónomos griegos conocían muy bien los principales movimientos estelares y usaron con gran habilidad las matemáticas para hacer cálculos precisos al respecto. A través de este complejo mecanismo, que medía los movimientos de la Tierra, la Luna y su relación con el Sol y los demás planetas podían definir los tiempos adecuados de cosecha, tomar decisiones bélicas o definir los instantes más adecuados para llevar a cabo algún viaje.



Su nombre en griego es Antikythera y pasó dos mil años sumergido bajo las aguas cerca del islote griego de Anticitera, por eso es que su aspecto es de color verde y ha sido corroído por la sal. Después de ser estudiada durante más de cien años hoy se le considera la primera máquina de computación analógica de la historia. Los estudiosos de los objetos misteriosos lo catalogan dentro de la categoría de OOPArt (Out Of Place Artifact).


Se cree que este objeto era parte de un cargamento romano que navegaba desde Asia hasta Italia y naufragó en las costas del islote de Anticitera (Roma comenzaba a explorar las colonias griegas en el mar Mediterráneo). Un grupo de buscadores de esponjas marinas realizó el hallazgo en 1901 cuando exploraba las aguas de Anticitera. También hallaron joyas, monedas y estatuas de bronce y mármol, pero nada de ello era tan importante y enigmático como este objeto.



Las 82 piezas que conforman este objeto estaban depositadas en una caja de madera con inscripciones astronómicas en la tapa. Fueron los investigadores Edmunds y T. Freeth los primeros en decir que el artefacto podía predecir eclipses solares y lunares. También se llegó a sospechar que la calculadora era el instrumento con el que se determinaba la fecha precisa para celebrar los Juegos Olímpicos, según investigaciones de científicos de la revista Nature.



Estos juegos se celebraban en un periodo de cada cuatro años denominados ‘olimpiadas’. En el interior de este mecanismo se hallaron las palabras "Nemea" en un pequeño dial y “Olimpia”. La primera hace alusión a uno de los Juegos de mayor importancia durante el periodo olímpico.



El Mecanismo de Anticitera es único en su especie, no se conocen otras copias y el desarrollo de un objeto tan especial no se dio sino hasta casi mil años después con los primeros modelos de relojes astronómicos. Otros científicos como Christián C. Carman, historiador de la Universidad Nacional de Quilmes, en Argentina, y James Evans, físico de la Universidad Puget Sound en Washington sospechan que su edad data de un siglo más atrás de lo que la mayoría ha definido. Argumentan que las fórmulas utilizadas en el cálculo de los eclipses no son de trigonometría griega, sino de aritmética de origen babilonio.



«No ha sido una herramienta de investigación, algo que un astrónomo usaría para hacer cálculos, o incluso un astrólogo para hacer pronósticos, sino algo que se usaba para enseñar sobre el cosmos y nuestro lugar en el cosmos (...). Es un libro de texto de la astronomía como se entendía entonces, que conecta los movimientos del cielo y los planetas con la vida de los antiguos griegos y su entorno», explicó Alexander Jones, uno de los tantos científicos que participaron en el estudio de este enigmático artefacto.


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Los grandes descubrimientos e inventos han cambiado la historia de la civilización, aunque en ese proceso no han faltado las ideas que nunca se hicieron realidad al ser muy sofisticadas o francamente ridículas e inaceptables. Muchos secretos permanecen sepultados en diversos rincones del mundo a la espera de ser hallados o resignados a ver pasar el tiempo hasta el final de todo.


TAGS: Historia mundial Ciencia Datos curiosos
REFERENCIAS: El País BBC Springer

Rodrigo Ayala Cárdenas


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