Historia

México bohemio de los años 40

Historia México bohemio de los años 40


"Me acuerdo, no me acuerdo: ¿qué año era aquél?; Ya había supermercados pero no televisión, radio tan sólo: Las aventuras de Carlos Lacroix, Tarzán, El Llanero Solitario, La Legión de los Madrugadores, Los Niños Catedráticos, Leyendas de las calles de México, Panseco, El Doctor I.Q., La Doctora Corazón desde su Clínica de Almas. Paco Malgesto narraba las corridas de toros, Carlos Albert era el cronista de futbol, el Mago Septién trasmitía el beisbol".

José Emilio Pacheco

 

Los años 40 fueron icónicos y significativos en todo el mundo. La Segunda Guerra Mundial confrontó a los países de una forma tan brutal que muchos sufrieron los estragos de las matanzas, la hambruna y poca mano de obra que el conflicto desató; sin embargo, otros sobresalieron por generar una industria mucho más sólida y estable. México fue uno de ellos.


1940


Aunque comenzó a participar en la guerra, su desarrollo económico, político e intelectual creció de manera sorprendente respecto a años anteriores. Con el legado de Lázaro Cárdenas, México se encontraba en el clímax de su desarrollo, su sucesor Manuel Ávila Camacho, ayudó a consolidar al país como una verdadera potencia latinoamericana.


El nacionalismo de las películas y las obras pictóricas; la adopción de las vanguardias europeas como el surrealismo y el simbolismo, y el ímpetu del gobierno por generar un arte oficial, hicieron que México fuera un país donde las tradiciones se unían por muy dispares que parecían ser. 


Las marcas extranjeras entraban a la lucha por conquistar el mercado nacional. Las personas dejaban de consumir sus productos caseros para seguir con la ola de consumo que envolvía a los hogares mexicanos.


En el ámbito cultural y artístico, el país también se transformó, convirtiéndose en el epicentro de arte en América Latina; poetas, pintores, músicos y toreros se reunían en algún café de la Ciudad de México para discutir ideas y compartir sus obras. Mientras Agustín Lara tocaba el piano deleitando a su público, Diego Rivera y Siqueiros discutían acaloradamente sobre el comunismo y el no tan pronto final de la guerra.


Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros


Al inicio de la década, André Breton había visitado el “único país surrealista por excelencia” según sus palabras. Su visita influyó en las obras de muchos de los artistas mexicanos, aunque con una adopción tardía. Octavio Paz fue considerado uno de los grandes exponentes del surrealismo literario en nuestro país y otros más exploraron esta vanguardia, tales como, Juan O’ Gorman, Manuel Álvarez Bravo, Roberto Montenegro y hasta Diego Rivera. Sin embargo, Frida Kahlo se había adelantado a todos, aunque ella aseguraba que su obra no era surrealista, Breton la consideró la primer pintora surrealista mexicana.


Frida Kahlo y mono


El loco profesor de Diego Rivera, Siqueiros y Orozco volvía a México para sorprenderse con el nacimiento del volcán Paricutín. El Dr. Atl se obsesionó tanto con este suceso, que muchas de sus pinturas retratan el asombroso hecho. Además, el Dr. Atl realizó poemas, escritos y estudios que relataban la evolución del volcán.


Paricutin y dr atl


En un ambiente mucho más íntimo, el Dr. Atl logró conquistar a la joven esposa del pintor Manuel Rodríguez Lozano, Nahui Olin, 18 años menor que él y con quien sostuvo un tórrido romance que se caracterizó por sus locuras y excentricidades. A Nahui le gustaba pasearse desnuda y disfrutar el esplendor de su cuerpo. Diego Rivera y el fotógrafo Garduño la retrataron en repetidas ocasiones sin ninguna prenda.


Ella también realizaba autorretratos, como aquel que hizo en una corrida de toros sentada en medio del Dr. Atl y otro hombre. El deporte taurino era el que reunía a grandes íconos de la cultura mexicana, aquel que disfrutaba la élite artística mexicana.


Nahui Ollin


Del otro lado del charco, Dolores del Río había logrado una fama y reconocimiento impresionantes en el cine hollywoodense, vivía como una diva de la pantalla grande y realizaba cintas de gran prestigio como Ave del paraíso y Volando a Río. Se casó con el director de cine Cedric Gibbons, con quien realizaba populares brunch cada domingo a los que asistían célebres personajes como Andy Warhol y Truman Capote. Sin embargo, después de un tiempo, la actriz se enamoró de Orson Welles, quien en un breve lapso contribuyó con el regreso de la actriz a México por la decepción amorosa que sufrió y el declive de su carrera.


Dolores del Rio y Orson Welles


En México, la popularidad de Dolores era intimidante y, mientras Frida Kahlo le daba la bienvenida a su amiga, María Félix veía con muy poco entusiasmo el regreso de la actriz, o al menos eso especulaban los medios, pues años más tarde María Félix reveló que en realidad eran grandes amigas.


A su llegada, el "Indio" Fernández llamó a Dolores del Río para que protagonizara su obra más importante: María candelaria. La película ganó la Palma de Oro del festival de Cannes y fue reconocida mundialmente. Mientras, María Félix se convertía en un símbolo sexual y revolucionaba el fanatismo del público. Los directores se dieron cuenta del resultado positivo que tenía la nueva sex symbol y crearon a otro ícono de la época de oro: Pedro Infante, quien acaparó y compartió la pantalla grande con Jorge Negrete, quien sostuvo una profunda relación con la actriz.


Maria Felix y Jorge Negrete


Todo progresaba de maravilla y esto generó la llegada de importantes artistas y directores a nuestro país. Luis Buñuel llegó para revolucionar la industria fílmica. Los Olvidados, El gran calavera, El Ángel exterminador y Viridiana, fueron algunas de las cintas que lo colocaron en la cúspide de su carrera. Mientras tanto, en la comedia Cantinflas y Tintan se disputaban el honor de llevar la batuta del género.


Tin tan vs Cantinflas


México se encontraba en la cima de su desarrollo artístico. Mantuvo grandes estándares en la música, la pintura, la literatura y el cine. Cada quien sobresalía con su obra y apoyaba el desarrollo de los demás. El grupo artístico empezó a expandirse, pero siempre conservó la misma esencia y sus integrantes mantenían una estrecha comunicación que les ayudaba a conocer su opinión para poder mejorar sus técnicas. Así como París fue el lugar que reunía, por excelencia, a los artistas de las vanguardias europeas, México albergaba sus propios ídolos que, en algún momento traían a la memoria ese aire parisino.


Referencias: