Hechos que demuestran que todo lo que crees del Renacimiento es un engaño

jueves, 6 de julio de 2017 7:12

|Julieta S

Idealizar lo antiguo

El pasado resuena con fuerza y nos promete una época de estabilidad, progreso y nostalgia, todo al mismo tiempo. Sabemos el porvenir de los inventos que no resultaron a la primera, conocemos la resolución de todos los problemas que aquejaron a una sociedad y así la vida parece más sencilla en esa época que nos resulta ideal desde nuestra ventana futura.

Los románticos veneraban épocas en las que la industrialización no había sido siquiera pensada, construían sus obras de arte alrededor de las ruinas romanas o bajo ideales míticos que nada tenían que ver con el capitalismo desmedido que azotaba a Europa en el momento en que esta corriente artística estaba en su apogeo. Entonces, probablemente en esta apropiación del pasado, muchos sucesos se hayan exagerado con tal de mantener en la imaginación el ideal que habían construido.

La falsa idea del Renacimiento

Lo mismo ocurrió con el Renacimiento y la falsa concepción que tenemos hasta la fecha. En realidad, el Renacimiento nunca existió. Como su nombre lo indica, o pretende indicar, el Renacimiento habla del nuevo apogeo de algo que ya existía. El Re-nacimiento de los ideales griegos, de un pensamiento crítico romano, una filosofía de vida que propiciara la expansión y dotara de relevancia a la razón contra los dogmas religiosos.

Un pensamiento que buscara el arte como expresión sublime y viera en la naturaleza el conocimiento más puro y real. Matemáticas y otras ciencias serían descubiertas, los saberes perdurarían y progresarían, y el mundo recordaría que ante el latente oscurantismo del Medioevo, hubo gente capaz de ver la luz.

Esta falsa idea de cómo y qué es el Renacimiento apareció apenas en el siglo XIX, con el historiador francés Jules Michelet en 1855 y más tarde, la retomó el suizo Jacob Burckhardt en su libro “La civilización del Renacimiento” en 1860. Entonces fue considerado como un fenómeno mayoritariamente italiano en el que el talento (al parecer escondido hasta ese momento) floreció.

Las Cruzadas

No ocurrió así. El Renacimiento, de hecho, le debe mucho a las Cruzadas. Aunque comenzaron a principio del milenio, el intercambio cultural que provocaban las peleas entre Europa y los pueblos musulmanes, paganos, judíos, griegos, rusos, mongoles, cátaros, husitas, prusianos y valdenses, provocó que estos pueblos influyeran en la cultura.

Según la historiadora Susan Abernethy, “cuando los otomanos saquearon Constantinopla en 1453, muchos estudiosos huyeron a Europa y llevaron los textos clásicos con ellos. Lo mismo ocurrió con el conflicto de moros contra cristianos en España, lo que provocó que esos académicos huyeran a otras áreas como Florencia o Padua, es por esto que se creó una nueva atmósfera de aprendizaje”.

Es decir, no hubo un resurgimiento de los clásicos, países islámicos conservaban textos griegos y romanos que se habían perdido en Europa, por lo que, a través de estas batallas, se reintrodujeron en la memoria colectiva.

Intercambios culturales

Otro punto importante fue el comercio. Los avances renacentistas no surgieron cuando alguien descubrió esculturas o investigaciones griegas; en cambio, todo se dio gracias al capitalismo creciente que comenzaba a olvidar los feudos, daba más poder a quienes nunca lo habían tenido y premiaba la adquisición de bienes sobre la herencia de nobleza.

De ese modo, la cultura que se adoptó en la época fue más bien la de otros pueblos y ciudades con las que tenían un intercambio mercantil. El capitalismo creciente hizo olvidar los feudos y repartía de diferente modo el poder. Más personas lograban alcanzar una mejor posición social y así adquirían objetos, prendas, telas y hierbas… para elevar su lugar en la sociedad.

Otras culturas lejanas como África del norte y Asia aportaron mucho. Los asiáticos habían descubierto a los clásicos griegos y entonces, los europeos conocen aquello que había sido el pilar de la civilización. Los egipcios también colaborarían con escritos platónicos que permitieron el desarrollo de una civilización más pensante y menos dogmática.

Las matemáticas, por ejemplo, fueron descubiertas por navegantes. Uno de ellos, cuyo nombre resuena hasta la fecha, es Leonardo de Pisa, un mercader que conocemos como Fibonacci. Gracias a sus transacciones mercantiles tuvo que aprender a calcular, hacer sumas, restas, multiplicaciones y divisiones. Su sucesión numérica, o espiral, ahora es conocida como el número mágico.

La peste negra

Aunque pareciera que la peste negra sólo trajo desgracia, a ella también se le debe un gran impulso de ciudadanos más críticos. Además de provocar que familias como los Medici migraran a Florencia y consideraran otras oportunidades para tener mejor poder adquisitivo, esta enfermedad provocó que muchos cuestionaran el papel de la Iglesia y la vida póstuma, en cambio, premiaron el presente y la vida.

El lujo eterno

Los europeos consideraron que el lujo provenía de sitios remotos como Medio Oriente, así, buscaban materiales caros que pudieran adaptar a su cultura y lograr distinguirse con opulencia y grandiosidad.

En el arte, aunque la pintura se distinguió drásticamente de la época bizantina con trazos con más profundidad, perspectiva y técnica, tampoco se pierde el objetivo de distinción. Pintores utilizaban oro, plata, lapislázuli o cochinilla para crear sus cuadros; entonces, muchas obras son el testimonio perfecto para demostrar la orientalización de Europa. El cuadro “Madonna y niño” de Andrea Mantegna, realizado a mediados del siglo XV, tiene todas las características:

“La Madonna está vestida con telas que demostraban opulencia como seda y terciopelo. Está parada en una alfombra turca. Los pilares están hechos de pórfido egipcio. El niño lee un libro con ataduras Mamluk (egipcias). Alrededor de la cabeza de la Madonna hay una banda conocida como “tiraz”, inscripción proveniente del Corán. Incluso los pigmentos utilizados por el pintor recuerdan materiales indígenas crudos”, según un estudio publicado en la BBC.

El malentendido

Así, el Renacimiento, considerado por todos como un periodo histórico, debe ser entendido como una apropiación que Europa impulsó al ver las riquezas tanto culturales como materiales de otros pueblos. Gracias al Lejano Oriente, a la Antigua China, al País de los Mil Colores, como se le llamó a la India, y otros sitios que nunca se consideraron las capitales más importantes del mundo, Europa resurgió después de un momento de crisis tanto cultural como social.

El Renacimiento entonces debe ser entendido como un movimiento intelectual y cultural, pues según el historiador Robert Wilde, sólo considerarlo como un periodo, “enmascara las largas raíces de éste”.

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Referencias

BBC
Live Science
Arteguias

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