Por qué creían que la sangre de la menstruación era venenosa en la Edad Media
Historia

Por qué creían que la sangre de la menstruación era venenosa en la Edad Media

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Por: Beatriz Esquivel

19 de noviembre, 2018

Historia Por qué creían que la sangre de la menstruación era venenosa en la Edad Media
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Por: Beatriz Esquivel

19 de noviembre, 2018

Tabú, secreto y veneno. Esas son algunas de las descripciones que la menstruación se ha ganado en el transcurso de los años. Sin embargo, durante la Edad Media fue muy prominente la noción de que la menstruación podía matar gente… entre otras atrocidades.


Muchas aseveraciones se pueden rastrear hasta Aristóteles, quien entre otros, plantó la absurda idea de que las mujeres eran hombres imperfectos, así como otros conceptos que fueron replicados hasta el Renacimiento.


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[Sano di Pietro, Martyrdom of Saint Agatha in an Initial D, c. 1470-1473.]


Aristóteles explicó que la menstruación era un residuo de los alimentos que no fueron procesados durante la digestión. Por otro lado, todos los humanos tenían dos tipos de residuos: la sangre y el esperma; ambos se obtenían mediante la cocción de los alimentos —es decir, la digestión—, sólo que la sangre no había tenido la cocción suficiente para convertirse en esperma.


Las ideas de Aristóteles se nutrieron con las de otros médicos de la época que aventuraron a explicar que la sangre era un fluido tóxico y que el sangrado se producía porque el cuerpo femenino intentaba expulsar el veneno. El problema era que de pronto, en especial cuando las mujeres alcanzaban la menopausia, el veneno ya no sólo era la sangre, sino ellas mismas.


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[John William Godward, The Ring, 1898.]


Al acumularse la sangre en el interior del cuerpo, se producían vapores, pues entraba en estado de putrefacción, estos afectaban principalmente a las mujeres, quienes llegaban a la locura una vez los vapores llegaban a sus corazones y cabezas. Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, ellas podían volverse inmunes a la toxina, pero todo lo que rodeaban estaba en peligro.


Éstas ideas cargadas de un profundo desprecio hacia las mujeres se popularizaron durante la Edad Media y eran reconocidas como parte integral de la medicina y anatomía. Distintos otros escritores replicaron los efectos del contacto con lo que ellos llamaban una mujer venenosa, como los siguientes:



Los cereales se hacen estériles


Una mujer venenosa cerca de un cultivo de cereales como el trigo era más que suficiente para que éstos fueran infértiles. De forma contradictoria a la Antigüedad, donde las mujeres fueron concebidas como deidades que proveían de vida en todo sentido, durante el Medievo la noción general influenciada poderosamente por el cristianismo, era que la menstruación era capaz de arruinar cualquier cosecha.


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Las plantas se secan y las abejas mueren


La mujer venenosa también era un peligro para todas las plantas y el sustento alimenticio, especialmente para los injertos encargados de la reproducción de alguna especie vegetal. La simple proximidad de la mujer podía provocar que los injertos murieran y entonces no creciera la nueva planta. Por si fuera poco, si una mujer venenosa pasaba cerca de un enjambre de abejas, provocaría su muerte.


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[George Dunlop Leslie, The Convent Garden,



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El acero se debilita


Las mujeres eran vistas como una sustancia corrosiva, capaz de correr hasta el material más duradero. Era común creer que incluso las espadas de acero perdían el filo con rapidez, pero no sólo eso: también era una creencia popular que el bronce y el hierro se oxidan de inmediato y el primero adquiría un olor «espantoso» cerca de una mujer venenosa.


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Los espejos se enturbian


Como si se tratara de una peste, un sinfín de desgracias eran atribuidas a las mujeres y la menstruación. El escritor latino Plinio el Viejo creía que cualquier espejo “se enturbia nada más que por su mirada” y no es el único objeto que se obscurece; el marfil también pierde su brillo.


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Los perros se vuelven rabiosos


El propio Plinio, al igual que S. Isidoro de Sevilla, aseguraban que los efectos negativos de las mujeres venenosas afectaban a los seres vivos por igual: tenían la noción de que si una se acercaba a los perros o bien, éstos comieran algún alimento que estuvo en contacto con la mujer y su veneno, entonces se harían rabiosos.


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Puede provocar la muerte


Dentro de esta visión machista, uno de los eventos más peligrosos que podían ocurrir era que la menstruación femenina coincidiera con un fenómeno celeste, como un eclipse o la Luna nueva. Si un hombre tenía relaciones sexuales con una mujer y estos dos aspectos empataban al mismo tiempo, entonces aquél podría morir de envenenamiento.


Por más absurdo que parezca, estos mitos perduraron en la sociedad occidental y fueron tomados como una verdad incontestable por siglos. No sería extraño entonces que en el futuro cuando volvamos la vista a los albores del siglo XXI, encontremos caducas y patéticas el resto de nociones misóginas que se reproducen en el presente.


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