Paraíso perdido: El Claustro del Museo Franz Mayer

Viernes, 18 de diciembre de 2015 4:39

|Museo Franz Mayer

Texto escrito por: Jessica González



"La vida de santos es una composición de lugares".
Michel de Certeau

El claustro se define como un jardín interior, que forma parte de la estructura básica de un convento. Está dividido por caminos que se interceptan en un punto, usualmente marcado por una fuente o un árbol. En efecto, el equilibrio y la simetría en su composición, apuntalan al orden, seguridad en su interior y organización. La división con el número cuatro era primordial en el diseño de estos, ya que evoca a una variedad de significados: los cuatro ríos del paraíso, las cuatro virtudes cardinales e incluso los cuatro evangelios. Asimimo, esta fragmentación reflejaba la idea de belleza, derivado del divino orden.

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 Vista del claustro del Museo Franz Mayer.

Sus elementos fundamentales son: la fuente, el agua que brota de esta, las diversas especies de plantas y los caminos. En estos últimos se transitaban en un sentido de reclusión, pero también como un ejercicio de introspección y diálogo interior. El agua que fluye de la fuente central es considerada como “el alma del jardín”, el lugar de donde brotan los cuatro ríos del paraíso, origen de la vida e imagen de Cristo. Las vibraciones que emite, acompañadas por el sonido de sus aves, invitan al espectador a decodificar el mensaje en cada uno de sus componentes.

La ilusión del Edén está también reflejada en las abundantes plantas que habitan el lugar: cada una de ellas corresponde a un significado específico, frecuentemente conectado con la Virgen María. Incluso estos espacios fueron utilizados con varios propósitos; generalmente se cultivaban orquídeas de una variedad de especies. Cabe mencionar que también eran áreas donde se sembraban diversos vegetales, los que eran de consumo interno del monasterio.  

En su totalidad, el Hourtus – jardín en latín-, es el símbolo del paraíso en un Monasterio, un lugar para encontrar respuestas a preguntas existenciales y renovar la relación con uno mismo, la naturaleza y Dios.

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Vista del claustro del Museo Franz Mayer.

El transcurrir de la vida cotidiana dentro del convento se desenvolvía entre lo sacro y lo profano. En el caso del claustro del Museo Franz Mayer, los mismos integrantes del monasterio –La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (1572) y Las Monjas de la Enseñanza de la India (1830)- estaban estrechamente vinculados con la sociedad exterior, principalmente vinculados a los intereses externos al convento, ya sean de carácter político o económico. Los lazos familiares que tenían algunos de los integrantes extramuros, fortalecían las relaciones sociales del convento.

Ocasionalmente, el claustro era un área de castigo, sin embargo, la mayor parte del tiempo era un espacio religioso. Por ejemplo, durante las cuaresmas se realizaban en ellos silenciosas procesiones. Asimismo, se llevaban a cabo banquetes con música y bailes. En efecto, la vida mundana estaba presente en este jardín: mendigos, enfermos, indígenas, estudiantes para pertenecer a la orden y miembros de la misma, transitaban diariamente por sus caminos.

Interior del hospital Morelos Coleccion Fototeca Nacional del INAH
Interior del hospital Morelos. Colección Fototeca Nacional del INAH.

El claustro del museo Franz Mayer fue construido a finales del siglo XVI y principios del XVII por la Orden de los juaninos, quienes formaban parte de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, los mismos a cargo de este hospital. Fue en el transcurso de éste periodo en donde se amplió y dividió el edificio entre los frailes y el hospital.  

En 1820, a partir de las Reformas Borbónicas, los juaninos son expulsados. Posteriormente, las instalaciones fueron ocupadas como cuartel general durante la guerra de independencia. Para el año de 1830 se asentaron las Monjas de la Enseñanza de la India. Con el emperador Maximiliano de Hasburgo, se reanudaron actividades y se convirtió en el Instituto de Sanidad, atendiendo a prostitutas y especializado en enfermedades venereas. En las primeras décadas del siglo XX, el espacio tuvo una variedad de usos, hasta llegar al año de 1979, época en donde el edificio fue desalojado, por el grave deterioro que presentaba, y de los indigentes que, de manera clandestina, lo habitaban. Finalmente, comenzó el proceso de restauración, el cual finalizó en el año de 1986, fecha de inauguración del Museo Franz Mayer.

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Interior del hospital Morelos Coleccion Fototeca Nacional del INAH    


Actualmente, el claustro del museo es un espacio en donde sigue resaltando la belleza en su jardinería, el sonido de sus aves y el agua que fluye de la fuente. A éstos les acompaña música ambiental de los siglos XVII y XVIII. También se puede disfrutar del servicio de cafetería y del área de convivencia, en donde es posible deleitarse con la magnificencia y elegancia del lugar, además como un detalle, las orquídeas que se encuentran en los árboles también formaron parte de la colección de Franz Mayer debido a que él perteneció a la Sociedad Mexicana de Orquideología. Por otra parte el claustro también, es sede de diversas exhibiciones en arte y diseño, además se pueden observar rastros de pinturas murales que se encuentran en su interior. En definitiva, el claustro del Museo Franz Mayer se convierte en uno de los espacios favoritos de nuestros visitantes.

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Pasillos del claustro. Museo Franz Mayer.


Fuentes consultadas:

García, Antonio Rubial. Vol. 2, de Historia de la vida cotidiana en México. La Ciudad Barroca, de Pilar Aizpuru Gonzalbo. Ciudad de México: FCE, 2005.

Impelluso, Lucia. Gardens in Art. Traducido por Stephen Sartarelli. Los Ángeles: Paul Getty Museum , 2007.


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