"Paraísos artificiales" o el primer genérico de las sustancias psicoactivas

"Paraísos artificiales" o el primer genérico de las sustancias psicoactivas

Por: Luz Espinosa -

Encabezó el movimiento de los “poetas malditos”, caracterizados por sus hábitos llenos de excesos y sus alusiones a temáticas relacionadas con la muerte y la decadencia. El escritor fue adicto al opio y al alcohol, en especial a la absenta (el hada verde), un potente aguardiente que se prohibió en algunos países. Charles Baudelaire, además de hacer de sus experiencias el alma viva de sus letras, es considerado “El experto en consumo de drogas” y festeja, dentro del consumo de sustancias de excitación animosa, el consumo de alcohol, en especial el vino, del que decía “exalta la voluntad”.

charles Baudeleare

Durante toda su vida Baudelaire se abandonó al vértigo, dejándose devorar por los abismos del mal, a los placeres fortuitos y al breve aturdimiento de las drogas; fueron los efectos de éstas últimas las que inspiraron el ensayo del que el autor estaba más que orgulloso, considerándolo, incluso, su obra más perfecta: Los paraísos artificiales.

El arte, sea cual sea su objetivo, siempre hace una competencia contra Dios y Baudelaire era declaradamente irreligioso. Sin la idea de alguien que cuestionara sus comportamientos en la vida terrena, hizo todo lo posible para terminar, o al menos sobrellevar, el sufrimiento que lo acompañó toda la vida: la muerte de su padre, la “traición” de su madre y las eternas deudas que lo hicieron abandonar su país; situaciones que lo arrojaron al abismo del que jamás logró escapar, pero del que tampoco intentó huir.

Los paraísos artificiales

En Los paraísos artificiales el autor describe los efectos propios del hachís,  el opio y el alcohol, sustancias que consumió durante largo tiempo. En los ensayos que componen este libro muestra su inclinación por el vino, afirmando que “el vino exalta la voluntad, el hachís la aniquila. El vino constituye un soporte físico, el hachís es un arma para el suicidio. El vino hace que el hombre sea sociable. El hachís lo aísla. El vino es útil, produce resultados fructíferos. El hachís no sirve ni conduce a nada”.

Se dice que este libro encierra  el germen del "prohibicionismo moderno", pues recobraba el viejo principio cristiano: “es traición a la majestad divina suspender con ayuda de una planta el rutinario valle de lágrimas”.

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A través de estos textos el francés se hace la siguiente pregunta: “¿Qué sentido tiene trabajar, labrar el suelo, escribir un libro, crear y dar forma a lo que fuere, si es posible acceder de inmediato al paraíso?”. La falta de creencia en algo supremo hizo que Baudelaire se planteara una y otra vez  la existencia de “un paraíso alcanzable de golpe”, buscaba la posibilidad que ofrecen ciertas sustancias  para eludir el sacrificio que supone cosechar recompensas, las que “se adquieren por la diligente búsqueda bien intencionada”, y que a juicio de la Iglesia católica constituyen las únicas riquezas “legítimas y genuinas”.

Las objeciones de Baudelaire en este texto tenían una base ética y religiosa seria, como prueba basta saber que pocos años después su muerte, a causa de la sífilis que contrajo debido a su vida desordenada y que le produjo una parálisis parcial, la denominación paraísos artificiales pasó a designar genéricamente a todas las sustancias psicoactivas conocidas, y así se mantendría hasta los primeros años del siglo XX, cuando los medios de comunicación impusieron otra denominación, no tan literaria pero más “moderno y funcional”: Drogas.

Las drogas no son un invento del siglo XIX, pues han acompañado a la humanidad desde sus inicios, y no únicamente con fines terapéuticos convencionales. La novedad que aportó el siglo XIX, no sólo gracias a Baudelaire, sino también a otros muchos poetas, artistas y escritores, es el mito de la droga, es un mito que se configuró como producto de la sensibilidad romántica. 

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Bibliografía: Conciencia de viaje: rutas y laberintos, Castellón de la Plana, Universitat “Jaume I”, 2003, pp. 117-128.

Referencias: