Perros radiactivos: Qué pasó con las mascotas abandonadas en Chernobyl
Historia

Perros radiactivos: Qué pasó con las mascotas abandonadas en Chernobyl

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Por: Beatriz Esquivel

4 de diciembre, 2018

Historia Perros radiactivos: Qué pasó con las mascotas abandonadas en Chernobyl
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Por: Beatriz Esquivel

4 de diciembre, 2018

Cerca de 300 perros callejeros habitan en la zona colindante de la famosa planta nuclear, sin que nada ni nadie pueda impedirles entrar a las zonas con mayor radiación.

Los perros aúllan, ladran y hacen todo lo posible por subir a los autobuses que sus dueños y la población de Prípiat ocupan. Cuando los autobuses arrancan, evacuando a las personas lejos de la zona de radioactividad, esos mismos perros que intentaban subir corren detrás del autobús hasta que no pueden más.


Ese es uno de los últimos recuerdos que la mayoría de la gente que habitaba en la cercanía de Chernobyl tiene de sus mascotas. Algunos otros dejaron a sus perros en sus casas, con notas en las puertas indicando que no los mataran y otros más con la confianza en las autoridades que les aseguraron que en tres días podrían volver por el resto de sus pertenencias y, por lo tanto, volver por sus fieles compañeros.


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La triste realidad fue que nadie pudo volver a sus hogares y mucho menos recuperar a sus mascotas. La evacuación fue permanente una vez que las autoridades se dieron cuenta que la radiación en la zona tardaría décadas en disminuir. Y aunque más de una persona decidió arriesgar su vida y aventurarse en la zona de exclusión para rescatar a su mascota, la historia dicta que se formaron escuadrones que mataron a los perros domésticos y callejeros por igual, como parte del protocolo de aquel entonces para acordonar  la zona de exclusión. 

Sin embargo, no mataron a todos los perros, por lo que una vez la zona de exclusión quedó abandonada, toda la fauna sobreviviente comenzó a desarrollarse. Si bien algunos animales no pudieron reproducirse por las afectaciones de la radiación, la población de perros creció considerablemente, al grado que diversas iniciativas surgieron tanto para contenerla, como para darles un hogar.

perros radioactivos mascotas de chernobyl Medición de las almohadillas de las patas de una perra con un contador Geiger. Su conteo de partículas es 20 veces más de lo normal. 

A 32 años del desastre nuclear, la mayoría de los perros son cuidados por los trabajadores que acuden a la zona de exclusión y a la planta para realizar los trabajos de instalación de un nuevo sarcófago, es decir, una estructura pensada para contener la radiación del núcleo que sustituye a la anterior y asegura 100 años más de protección. Estos perros, que por años vivieron sin la presencia de humanos, poco a poco han asimilado que los trabajadores son fuente de comida y a veces, de diversión. 

Los vigilantes suelen proveerlos de comida y agua. Otros han aprendido a jugar a atrapar y devolver cada que los guardias lanzan palos o bolas de nieve, y en los inviernos más crudos les permiten dormir en interiores. Sin embargo, la mayoría de los humanos tienen el cuidado de no tocarlos, pues son libres de circular por toda la zona de exclusión, incluyendo aquellas en las que los niveles de radiación aún son muy peligrosos. 

perros radioactivos mascotas de chernobyl Junto a su oreja es posible observar el medidor especial que les colocan para rastrear su ubicación, así como los niveles de radiación.

Es su libertad en la zona lo que también los ha convertido en los sujetos ideales para que los científicos puedan medir los niveles de radioactividad sin exponer a ningún humano. A algunos perros les colocan collares con medidores que registran la radiación según se muevan. Esto ocurre después de que los atrapan para darles cuidados médicos que involucran la castración, vacunas, así como cirugías menores si es que la radiación los ha afectado de algún modo en particular. 

Esto ha hecho que organizaciones —como Clean Futures Fund, una ONG estadounidense—,  se dediquen a buscarles hogar, en especial a los perros más sanos —debido a la radiación, su esperanza de vida es más baja—, al tiempo que intentan asegurar los fondos necesarios para proveer de alimento y cuidados médicos que les permitan llevar la mejor vida posible en la zona de exclusión. 

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