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HISTORIA

La enferma obsesión que tenía Picasso con la princesa Margarita

El pintor malagueño llegó a tener muchas parejas en su vida, pero el corazón que nunca pudo conquistar fue el de la princesa Margarita, hermana de la Reina Isabel II

Más allá de ser uno de los pintores más importantes, cuentan distintos biógrafos que Pablo Picasso tenía un encanto inexplicable con el cual lograba seducir a las mujeres, cambiando de pareja muy seguido. Puede que haya sido su físico o su habilidad artística, pero a pesar de ello, nunca pudo obtener el afecto de la princesa Margarita, de quien estaba perdidamente obsesionado al punto en que resultaba enfermizo, y muy a su pesar la princesa nunca quiso conocerle e incluso le repudiaba.

El encanto de Margarita

A pesar de ser realeza, la actitud de Margarita se alejaba tanto de la etiqueta inglesa que los ojos del mundo siempre estuvieron sobre ella. Rebelde, irreverente e inalcanzable, si bien resultaba ser un dolor de cabeza para sus familiares, a los ojos de muchos otros hombres, entre ellos Picasso, la princesa era un encanto.

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Es imposible enumerar todas las desobediencias y aventuras que vivió la princesa, tal era su estilo de vida. Por ejemplo, se mencionaba que su rutina diaria consistía en desayunar en su cama a las 9 de la mañana, después pasarse dos horas fumando, leyendo el periódico y escuchando música, hasta al medio día, la hora del vodka.

Además, a la princesa poco le importaban las reglas de la familia real, llegando tarde a cada cena o rompiendo los códigos de vestimenta.

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Pablo Picasso y la Princesa Margarita

La rebeldía de Margarita, tarde o temprano, llegó a oídos de Pablo Picasso. Según el pintor, Margarita era su tipo de mujer porque tenía “hermosa piel y los dientes sanos y fuertes”.

Cuenta John Richardson, uno de los biógrafos de Picasso, como en 1955 fue invitado a la villa La Californie, donde se hospedaba el pintor, y ahí contó a detalle cómo sería su hipotética petición de mano a la princesa, y que sólo ella podía ser su nueva novia para habitar la villa a su lado.

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Por su parte, Margarita no tenía intención de conocerle. De hecho, en una ocasión Richardson le contó a la princesa sobre el ‘plan’ de Picasso por pedirle matrimonio, y ella quedó horrorizada. Desde entonces, cualquier mención del pintor era recibida con disgusto por parte de Margarita.

Fantasías y cartas enfermizas

El desprecio de la princesa hacia el pintor no lo detuvo de escribirle cartas que, afortunadamente, nunca le envió. Esta correspondencia fue intercambiada entre Picasso y el artista británico Roland Penrose, y recientemente se recuperó en el libro Ma'am Darling 99: Glimpses of Princess Margaret escrito por Graig Brown.

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Las cartas estaban llenas de fantasías sexuales y la confesión de Picasso sobre los sueños eróticos que tenía con la princesa: «Si supieseis lo que hago en mis sueños con las ladies de vuestra familia real y de vuestra monarquía, seguramente me llevarían a la torre de Londres para cortarme la cabeza».

Pero esto no era lo más desagradable de las cartas. En ellas, Picasso hasta se atrevió a confesar que en sus sueños eróticos también estaba la reina Isabel, y que era capaz de pintar el color de los vellos púbicos de ambas.

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Cruda, enfermiza y completamente reprochable, así fue la obsesión de Picasso con la princesa. Es de esperarse que Margarita nunca cayó en los desencantos del pintor. Puede haber tenido obras maravillosas, pero su forma de expresarse sobre las hermanas reales es sumamente asquerosa cuando menos.

*Con imágenes de: Indie Hoy, Vogue, El Sol de México

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