Razones por las que el ser humano no puede vivir sin la Filosofía

Jueves, 21 de diciembre de 2017 16:24

|José Daniel Arias Torres

Desde sus inicios, la Filosofía está reservada para el ser humano y el ser humano es gracias a la Filosofía.



Existe una popular frase que establece que el ser humano es el único animal que cae en el mismo error más de una vez. Necios, ignorantes, masoquistas o sencillamente distraídos, el hecho es que nuestra capacidad de razonar y de sentir más que un privilegio parecerían una maldición que nos condena a cometer las mayores de las imprudencias. Es esta condición lógico-sentimental la que nos permite ser capaces de entender que aquello que hacemos es algo irrazonable o que en ocasiones quebranta nuestra finalidad como especie: sobrevivir para perpetuarnos. Y casi como si no estuviéramos conformes con el daño recibido y nuestro voluntario posicionamiento en un terreno inestable, volvemos al ciclo repetitivo de desafiar nuestra condición de mortales una y otra vez. Lo anterior no se limita a este individuo posmoderno que actúa en conjunto para lograr su beneficio privado, sino que se lleva a lo social. La sociedad recae en las mismas condiciones, comportamientos y pensamientos que nos llevaron —como especie— a cometer despiadados e irreversibles actos en el pasado.

 




Demasiado se ha reflexionado acerca de la existencia, de la razón de ser, de lo que somos, de nuestro propósito, de Dios, del Universo, del origen, de la vida, de la muerte; la lista podría continuar infinitamente y nunca se terminarían de redactar con palabras las inmensas preocupaciones y dudas del ser humano. Esta reflexión fundacional de nuestra condición humana ha recibido el nombre de Filosofía, la ciencia de la duda y por tanto la madre de todas las ciencias. La Filosofía es ese camino desde el cual se originan las grandes preguntas de manera infinita, sin llegar a algo constante o verdadero. Un universo en donde todo lo postulado es refutable y toda refutación es postulable. El diálogo de la humanidad y del conocimiento es un inmenso ciclo que parece ser compañero de viaje de la misma humanidad.

 




Desde sus inicios, la Filosofía está reservada para el ser humano y el ser humano es gracias a la Filosofía. Habitamos en un mundo de ciclos, de creadores; sin embargo, este universo de posibilidades se puede quedar como una idea abstracta y nunca descender al terreno de lo tangible. Este es el problema de las teorías, sin duda alguna utópicas en los textos, y distópicas cuando se aplican. Ya lo hemos presenciado con el socialismo y lo mismo sucede con el capitalismo. Este fenómeno responde en una primera instancia a que las ciencias sociales no son exactas, por lo que una teoría es una falacia incluso cuando se comprueba, pues no existe garantía de que lo mismo sucederá bajo las mismas condiciones al día siguiente. Por otro lado, quienes generan las teorías no son pensadores absolutos que pueden tomar en consideración cada uno de los aspectos de comportamiento humano y social. Esto sin mencionar que además estos mismos pensadores están limitados ideológicamente por su contexto, y por tanto pensarán y actuarán bajo los términos y condiciones de su realidad.

 




En este punto es que entra la Historia como rama de conocimiento y pensamiento. Todo lo que hacemos es Historia, pues es la mediadora entre la realidad y las ideas; la jueza que establece qué entra a la realidad y qué se queda en la abstracción. La Historia es Filosofía aplicada y es esta misma Historia la que niega o legitima ciertas corrientes de pensamiento; aunque esto, por supuesto, responde a los interesas de las clases que ostenten el poder.

 

Entonces podemos decir que las teorías filosóficas permanecen como teoría cuando se contraponen a intereses de grupos poderosos, continuamente criticadas e invalidadas. Y aquellas que comulgan o legitiman la dominación de un grupo son las que permanecen como teorías del pensamiento válidas y en ocasiones absolutas. No es hasta que existe una reestructuración del orden establecido que se cambian los códigos de pensamiento; lamentablemente, para legitimar un nuevo grupo dominante y otro dominado. Hasta este punto parece evidente que la clase dominante manipula la teoría para que se ajuste a una forma concreta y no surrealista, que juegue de acuerdo a sus reglas. El filtro histórico es al mismo tiempo un filtro que decide qué ideas se propagan, cuáles se critican y cuántas quedan en el olvido.

 




Al final de todo la Historia la escriben los vencedores, por lo que pretender que esta disciplina adquiera cierta objetividad y neutralidad es tan sólo otra utopía del pensamiento. La Historia como disciplina es un arma de doble filo que daña y sana, olvida y recuerda. La Historia es por sí misma el grito del esclavizador que legitima sus golpes por medio de ella y el susurro de libertad que el esclavo escucha y que le recuerda que nadie nace esclavo.


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José Daniel Arias Torres

José Daniel Arias Torres


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