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La oscura razón por la que un sacerdote católico no puede tener hijos

16 de junio de 2018

Diego Cera

No se trata de un mandato divino ni de un camino a la santidad, sino de una manera de proteger a la Iglesia. ¿Pero de qué?


El cura es un señor al que todos llaman padre

excepto sus hijos, que le dicen tío.


─ Facundo Cabral


Desde Abraham hasta Moisés, todos los grandes de las tres religiones abrahámicas han tenido esposas e hijos. Aunque no lo sabemos con total certeza, hay quienes sostienen que el mismo Jesús estuvo casado y que incluso tuvo descendencia. Sin embargo, si los iconos religiosos del pasado tuvieron o no descendencia no nos importa demasiado, no nos importa del todo, pero si es la propia Iglesia quien continúa empeñada en que un hombre debe formar una familia y tener descendencia es necesario preguntar, ¿por qué a los sacerdotes católicos ─aludiendo a su calidad de hombres─ se les prohíbe tener hijos?



Sí, es cierto que los mandamientos de la Ley de Dios dicen que no se debe cometer adulterio y que ningún hombre tiene permitido sentir atracción por la mujer de su prójimo; no obstante, ni la Biblia o cualquier otro libro sagrado anterior a ésta se pronuncia en contra del sexo o de su función multiplicadora. De hecho, pensar que el mismo Jehová ve con malos ojos la reproducción humana es una completa ridiculez, pues de no haberla deseado, no habría salvado a los hijos de Noé para que repoblase la tierra después del Diluvio; podríamos decir que el Creador nos quiere multiplicándonos, pero los altos mandos de la Iglesia no opinan lo mismo; al menos en lo que a los sacerdotes se refiere.



Hay quienes piensan que desde los primeros años de la cristiandad la figura del celibato sacerdotal fue un requisito para otorgarle santidad a quienes llevaban la palabra de Cristo a todo el mundo. Sin embargo, no fue hasta el siglo IV, cuando la Iglesia pasó de ser un culto a una institución, que fue necesario aplicar ciertas normas para sus miembros. Fue en el Concilio de Elvira en donde propusieron las bases para que el celibato de los clérigos fuera una realidad.


«Se ha decidido por completo la siguiente prohibición a los obispos, presbíteros y diáconos o a todos los clérigos puestos en ministerio: que se abstengan de sus mujeres y no engendren hijos; y quien quiera lo hiciere, sea apartado del honor de la clerecía.
Prohibido dormir con la esposa la noche antes de celebrar misa».

─ Concilio de Elvira, escrito alrededor del año 300



Aunque en este texto no queda exactamente clara la razón de la Iglesia para prohibirle a sus sacerdotes tener hijos, las fechas de cada una de las leyes proclamadas en torno a este tema coinciden extrañamente con los años en que la religión católica comenzó a ser un negocio realmente rentable. Incluso antes de que existiera el Banco Vaticano, algunos papas financiaron ─con dinero de la Iglesia─ algunas guerras alrededor de Europa y es entonces donde todo comienza a ser más claro.



Con cada guerra la Iglesia ─ya vista como una institución y no como un digno representante de Dios en la Tierra─ se enriquecía gracias a los tesoros y botines que exigía a cambio de su apoyo. A partir de estas ganancias, que por cierto eran abundantes en oro y otros materiales preciosos ─por ejemplo, los regalos que los aztecas dieron a Cortés─, comenzó a ser necesario formar un "organigrama" que ayudase al Papa a controlar mejor las finanzas de su pequeña empresa "secreta" y así fue como nacieron obispos, cardenales y otra serie de títulos que anteceden al sacerdote.


«Se prohibió el matrimonio tras la recepción de órdenes mayores; es decir, los obispos, presbíteros y los diáconos no podían casarse después de ser ordenados, pero no se prohíbe la ordenación de los que ya eran casados.
Prohibición absoluta a los obispos, a los sacerdotes y a los diáconos, y en pocas palabras a todos los miembros del clero, tener consigo una mujer para el servicio, a menos que se trate de una madre, una hermana, una tía o en fin sólo aquella persona que se sustrae a cualquier sospecha».

─ Concilio de Cartago, escrito en el año 390



Al tener acceso a los bienes de la Iglesia, los clérigos sabían que de casarse tendrían que cuidar a sus familias utilizando una parte de las ganancias que obtenían al trabajar para el Papa, lo cual no era favorable para el Vaticano; pues eso significaba que todo lo que había invertido en guerras, empresas y expediciones pronto pasaría a manos de la familia de los miembros del oficio clerical apenas estos murieran. El decreto definitivo que invalidó todo matrimonio y herencia por parte de los clérigos fue el Concilio II de Letrán escrito por el papa Inocencio II en 1139, donde se invalidaron para siempre las relaciones terrenales de los sacerdotes.



De modo que, antes de que se pueda hablar de un mandato divino o un requisito para la santidad, la castidad sacerdotal no tiene otro fin más que proteger los bienes de la Santa Iglesia Católica, una institución que se ha fortalecido gracias a la fe ciega de sus seguidores, misma que los papas aprovechan para seguir amasando una fortuna que posteriormente podría servir para apoyar "pequeños proyectos" del Santo Padre o de alguno de sus allegados.


TAGS: Religión Datos curiosos Iglesía Católica
REFERENCIAS: Historias de la historia mdz Aleteia

Diego Cera


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