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15 problemas sexuales que tenían las personas durante la Edad Media

5 de junio de 2018

Diana Garrido

Si piensas que no había castigo más cruel que tu mamá entrara al baño mientras explorabas tu cuerpo, es porque no conoces el yugo de la Edad Media...



Por cerca de 1016 años, la Iglesia se mantuvo al frente de una ola de decadencia, retroceso y represión en Europa, misma que dio origen a un sinfín de prácticas sin sentido, crueles, dementes y peligrosas para la vida y convivencia de los habitantes. La vida cotidiana solía ser un infierno y la sexualidad era un verdadero dolor de cabeza.



Comúnmente, las personas que estaban sometidas a las leyes eclesiásticas durante la Edad Media —es decir, la población de Europa en general— solían tener cierto cuidado respecto a sus actos, en especial cuando se trataba de la reproducción, puesto que ese era un tema de gran relevancia en los castigos y leyes que hoy nos pueden parecer absurdas. La mayoría de las referencias al goce del sexo se quedan en meros intentos de satisfacción, ya que por más de 10 siglos se vieron obstaculizados por penas y muertes que hoy resultan incoherentes.



La Iglesia pretendía reformar a todo aquel que disfrutara del sexo, por lo que existen registros de castigos y penitencias que los "pecadores" debían cumplir con creces si era necesario y ese era, nada más y nada menos, que el precio de pasar un momento agradable y fructífero con la pareja o a solas. Así que si fuiste descubierto mirando un video porno o jugando con tu ropa interior, no te sientas tan mal, la historia nos enseña que han existido peores momentos para explorar el sexo:


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La masturbación estaba prohibida


Se consideraba una forma de desperdiciar la semilla procreadora, como le llamaban al semen. Sin embargo, si lo hacían para preparar a la mujer antes de consumar la relación sexual, no era visto como una aberración. No obstante, cuando el hombre lo hacía en compañía de su mujer sin un fin reproductivo o a solas, era condenado a 40 días en prisión siendo observado por un guardia, además de regular su vida sexual con un vigilante observando cada uno de sus movimientos.



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Pero si un hombre se masturbaba, la mujer era la culpable directa


Ella debía pasar un año a pan y agua como castigo. Se creía que en el matrimonio, la esposa debía estar preparada para el momento en que el hombre decidiera tener sexo y procrear a los hijos. El problema llegaba cuando ella no podía tener sexo o estaba indispuesta, entonces, él recurría a la masturbación para calmar su ansiedad y necesidad. Si acaso alguien se enteraba, la mujer era juzgada y a veces, azotada, dependiendo de la cantidad de veces que el hombre se masturbara.



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Si había sexo homosexual, los involucrados eran castigados, pero al final se les perdonaba


En este caso, la penitencia variaba según la "intensidad" con la que llevaban a cabo el acto. Es decir, si sólo se masturbaban entre sí o —como mencionaban los textos— frotaban el miembro en la mano o pene del otro y eyaculaban, su condena duraba 30 días, pero si la Iglesia hallaba penetración anal, la sentencia aumentaba a 10 años de vivir a pan y agua.



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Si existía sexo lésbico, ellas eran condenadas a muerte


El caso más sonado fue el de Katherina Hetzeldorfer, quien fue juzgada por haber mantenido una relación con otra mujer que incluía sexo y comportamientos propios de una pareja. Ella fue juzgada por la Iglesia y la condenaron a morir ahogada en un río. La mayoría de las mujeres lesbianas tenía ese mismo destino.



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Si sentían la necesidad de fornicar, debían torturarse


Si querían reducir la necesidad de sexo por cualquier motivo, los hombres debían hacer cortes en las venas superficiales de los muslos, mientras que las mujeres practicaban lavados de incienso en la vagina, lo cual era bastante peligroso ya que el humo les provocaba infecciones y laceraciones de gran profundidad.



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El coito interrumpido no era opción


Esto provocaba —según la Iglesia— ulceraciones en el pene y por lo consiguiente, eran condenados a pasar su vida en vergüenza, ya que todo el pueblo se enteraba de los males que padecían. Así que si hallaban una anormalidad en el miembro de un hombre se lo atribuían a la interrupción de la relación sexual, lo cual era culpa, claro, de la mujer...



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Las mujeres "tenían la matriz sucia" una vez al mes


En efecto, se referían a la menstruación. Durante ese período estaban obligadas a abstenerse y notificar a su esposo o de lo contrario las acusaban de asesinato, puesto que creían que la regla era veneno para el pene. Cuando algún caballero confesaba haber tenido sexo con una mujer en sus días y éste no fallecía, ella era tachada de bruja y el poder eclesiástico la investigaba arduamente.



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Las mujeres no tenían derecho a gozar del sexo


Si acaso una mujer gozaba de la penetración de su esposo, la Iglesia lo sabía de inmediato, pues los hombres eran cuestionados acerca de todo lo ocurrido durante la relación sexual. Otra manera de saberlo era cuando ella paría, si es que quedaba embarazada. Si el producto se multiplicaba y nacían gemelos, era la señal de que la mamá había pasado un gran momento mientras copulaba con su esposo. Entonces, los juzgados eran los pequeños, no la madre ni el padre. Se les tachaba de aberraciones naturales y eran condenados a ser tratados como seres inferiores por la sociedad de la época.



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La infidelidad se castigaba con muerte


Sólo en el caso de las mujeres. Si alguna cometía adulterio, el hombre podía asesinarla sin piedad, lo mismo que a su amante. Esto era porque habían faltado el respeto a la Iglesia y a sus órdenes. Sin embargo, si un caballero era el adúltero, se le perdonaba la vida puesto que únicamente había caído en tentación. El castigo era acudir a la iglesia con mayor frecuencia y ser más allegados a ella.



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La prostitución era un trabajo protegido


Se le consideraba un mal necesario, ya que se le calificaba como fornicación y esto sólo significaba una distracción momentánea de la moral. Sin embargo, cuando los hombres buscaban sexo con prostitutas, ayudaban a que sus mujeres se mantuvieran intactas, ya que ellos no las lastimaban ni las usaban sólo para desfogar su deseo carnal. No obstante, las sexoservidoras eran cuidadas e inspeccionadas semanalmente por los médicos más prestigiados, además las mantenían a salvo de violaciones, raptos o abusos y les prohibían estar con más de tres hombres al día para cuidar su salud. Durante la Semana Santa eran reclutadas en un convento para convencerlas de dejar el oficio.



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El uso de consoladores estaba prohibido


Si alguna mujer u hombre eran atrapados usando un artefacto extra para darse placer, inminentemente eran condenados a vivir a base de pan y agua. Ellas debían sufrir por un año entero, mientras que ellos cumplían condena por 40 días, además de la "estimulación" con un palo enorme a través del ano.



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Las mujeres debían ser vírgenes previo al matrimonio y permanecían en constante investigación


La mayoría de las mujeres eran "castas y puras" al momento del casamiento, pero si por algún motivo habían perdido la virginidad con anticipación y el futuro esposo sospechaba, ella debía orinar para saberlo. La orina de las doncellas era más delgada, suave e incolora que las que ya habían probado los placeres del sexo; sin embargo, esto no siempre ocurría debido a alguna enfermedad o padecimiento no descubierto. Otras arreglaban la boda para que se celebrara durante su menstruación y así pudieran engañar al nuevo esposo con la sangre del período. Finalmente, otras mujeres que no eran vírgenes incrustaban sanguijuelas en la vagina, las cuales mordían la parte íntima y expulsaban un poco de líquido. Si por algún motivo eran descubiertas, se le permitía al —casi— esposo anular el compromiso.



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Algunos hombres morían en celibato


Para evitarlo, la mayoría de los caballeros que vivían en abstinencia total (de sexo y masturbación), eran sometidos a cortes en las venas del cuerpo para derramar sangre por períodos y así disminuir la producción de semen y por ende, la libido.



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Los impotentes eran exorcizados


Cuando un hombre no conseguía una erección o rendía poco tiempo en el acto sexual, era inspeccionado por un médico que le suministraba una mezcla de riñón y testículo de buitre en un poco de vino para provocar el deseo y el aumento de la libido. Si este remedio no funcionaba, eran sometidos a exorcismos que debían surtir efecto. Si tampoco funcionaba, anulaban el matrimonio.



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Usaban semillas como método anticonceptivo


Las mujeres recurrían a diversas formas de evitar el embarazo, por lo general, sin que se dieran cuenta el esposo o la Iglesia. A veces, su plan antiembarazo salía a la luz cuando la semilla no salía de su organismo y les causaba infecciones o fiebre. Al ser revisadas por un médico descubrían que habían introducido un objeto externo y eran condenadas a vivir con pan y agua por al menos 6 meses.



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La sexualidad siempre ha sido un tabú, pero poco a poco se ha ido erradicando. No obstante, prácticas tan crueles y despiadadas como las que vimos anteriormente sólo nos hacen pensar en que tanto tiempo viviendo bajo las mismas leyes debió dejar algo para la sociedad actual. Tal vez no al cien por ciento, pero algunas ideas que en la Edad Media ya eran consideradas retrógradas siguen apareciendo en las prácticas actuales.


TAGS: Sexo Sexualidad Datos curiosos
REFERENCIAS: History Extra La República Nueva Tribuna

Diana Garrido


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