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5 puntos clave que te ayudarán a entender el conflicto bélico en Siria

8 de marzo de 2018

Jesus Arelle

Siria atraviesa una crisis humanitaria y una tragedia devastadora

Hace siete años que estalló la guerra civil en Siria y aún hoy el conflicto parece no tener un final próximo. El enfrentamiento armado, que involucró a dos de los ejércitos más fuertes y bien armados del mundo, ha cobrado decenas de miles de vidas, además de desplazar a miles más de sus hogares. Las violaciones a los derechos humanos están a la orden del día y no parece haber una respuesta eficiente por parte de la ONU que aminore la espantosa situación por la que atraviesan cientos de civiles paralizados por la destrucción.

Pareciera existir una cortina de desinformación o un parcial ocultamiento del tema. Sucede que un conflicto, cuya escalada bélica ha alcanzado semejantes tallas es difícil de ocultar, más si se apela a la masiva destrucción de vidas humanas que se está llevando a cabo. Resulta entonces sospechoso que tantas personas, de esta generación al menos, estén tan poco informadas de qué llevó a qué. Y lo que más llama la atención es, que si el público estuviera realmente al tanto del holocausto que sucede en estos momentos, la indignación internacional se haría notar quizá un poco como el rechazo a la Guerra de Vietnam en los años 60. Por eso a continuación se resumen cinco puntos importantes para comprender la actualidad del conflicto.



Los dos alauí chiítas vs. los sunitas


Bashar al-Assad


Siria ha sido gobernada prácticamente por sólo dos personas desde que comenzó a hervir todo el asunto: Háfez al-Assad y Bashar al-Assad. Padre e hijo, ambos parte de la etnia chiíta, han construido un régimen autoritario desde los años 70, cuando Háfez, apoyado por la intervención de Jordania, asumió el poder de un país en su mayoría de tradición sunita. Es importante entender lo que implica un gobernante chiíta en un país en su mayoría sunita; para empezar, las influencias e intereses geopolíticos de la zona. Esto se entiende tan fácil como: a Irán, un país chiíta, que lleva miles de años tratando de influir en la región, no le conviene que Siria pierda su Gobierno, ya que podría perder la relativa estabilidad que encuentra en su corredor Irán-Siria-Líbano (Hezbollah). Asimismo, los rebeldes sunitas se encuentran convenientemente financiados por Arabia Saudita y Qatar, países de tradición sunita que han brindado recursos y logística a la resistencia del régimen. Por tanto, los intereses en la zona y las diferencias ideológicas, religiosas y políticas hacen que el equilibrio geopolítico del poder en medio oriente penda de un hilo.



La Primavera Árabe



En 2010 Túnez se convirtió en la primera ficha de dominó que comenzó todo un movimiento por los derechos y la democracia en el mundo árabe. Egipto, Libia, Yemen, Argelia, Omán y Siria veían cómo sus ciudadanos salían a la calle a protestar y exigir a sus gobernantes mejores condiciones de vida y democracias reales. En el caso de Siria, las condiciones para el conflicto comenzaron a acomodarse en el periodo de Háfez, cuando el país alcanzaba cierta estabilidad y crecimiento modernizador, algo parecido a lo sucedido con don Porfirio Díaz en México. Siendo buen dictador, reprimió con desmedida fuerza varias manifestaciones en contra de su Gobierno en los años 80, actitud despótica que heredaría después a su hijo. En el año 2000 murió y llegó al poder Bashar, quien implementó toda una tira de reformas que prometían promover el crecimiento económico de la nación. Las cosas comenzaron a hacerse más liberales y se abrió el mercado y muchos sectores comenzaron a privatizarse. Y sucedió lo que siempre sucede cuando se privatiza todo: se beneficia un pequeño grupo de personas, los dueños de las empresas que, usualmente, son las más allegadas al Gobierno. A su vez, estas medidas y reformas liberales llevaron a una disminución del poder gubernamental, lo que hizo que los recursos que tenía antes para garantizar cierto nivel de vida a sus habitantes, se concentrara en sólo unas manos, llevando al pueblo a la pobreza y la desigualdad. Esto, en el escenario de la Primavera Árabe, en suma de un Gobierno opresor, llevó a una serie de protestas que fueron reprimidas ferozmente.

           


El detonante de la guerra



Las manifestaciones en el contexto de la Primavera Árabe y las represiones consecuentes habían agitado el panal. Sin embargo, la situación explotó cuando unos jóvenes fueron detenidos, torturados y asesinados por escribir consignas revolucionarias en la barda de una escuela. Esto hizo que el tono de las protestas y la represión subieran de nivel: el pueblo exigía la renuncia inmediata de Bashar. La guerra comenzó cuando el Gobierno los declaró terroristas financiados por Occidente, lo que dividió al ejército e hizo surgir diferentes grupos rebeldes al mismo tiempo. De esto se entiende que están los rebeldes islámicos, los que tienen una consigna más “democrática” y los kurdos, una etnia que se encuentra medio borrada de la identidad Siria, relegados, por así decirlo.



Estados unidos vs. Rusia


Foto: Al Jazeera


En los primeros meses de la guerra, la coalición rebelde comenzaba a ganar terreno ante las fuerzas del régimen. Parecía que los rebeldes ganarían la guerra, no contaban con que el surtidor a Europa más grande de gas decidiera intervenir. Rusia, quien tiene intereses comerciales importantes en el territorio, decidió inyectar recursos económicos y militares al régimen de Bashar con la intención de acabar con la rebelión y no ver afectado el único puerto del que tiene control que no se congela la mitad del año, Tartus la ciudad Siria que da al mar mediterráneo. Estados Unidos, por su parte, al sentirse la policía del mundo y no poder contener sus ganas de derribar tiranías por todos lados, decide entrar al conflicto en apoyo a los grupos rebeldes sunitas (por cierto, de aquí surgió el Estado Islámico, gracias al financiamiento de los países que apoyaban a los rebeldes, sobre todo Estados Unidos. Irónico ¿no?). Estas acciones fueron principalmente para oponerse a Rusia y debilitar sus influencias en Medio Oriente, pero también para debilitar el corredor Irán-Siria-Líbano (Hezbollah) que, casualmente, son los principales enemigos de Israel, su principal aliado en la zona.



¿Por qué no termina la guerra?


Foto: The New York Times


Rusia e Irán apoyan al régimen de Bashar, y los Estados Unidos y otras democracias liberales a los rebeldes sunitas, todos cometiendo atrocidades por intereses económicos. Se han usado armas nuevas y el cielo es sobrevolado por cazas día y noche. Cifras del Observatorio Sirio de Derechos Humanos, un grupo de monitoreo con sede en la ciudad de Londres, ha indicado que la cifra de bajas en marzo del año pasado llegó hasta los 465 mil y al día de hoy no se sabe con certeza el número real de las víctimas de esta guerra y el conflicto sigue. La influencia de las potencias en la guerra civil sólo logró agudizar sus efectos, al mismo tiempo que la ayuda humanitaria no da abasto para tantos desplazados y afectados en territorio sirio. Sin embargo, lo que parece no tener precariedad son los intereses políticos y la lucha por el poder, mismos que han convertido a Siria en un campo de batalla de una guerra subsidiaria. Hasta que esa necesidad monstruosa por seguir acumulando capital por medio de la guerra, a costa de vidas humanas, hasta que esa sed por petróleo y control no paren la guerra civil seguirá este camino de destrucción.

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TAGS: Guerra crimen Medio Oriente
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Jesus Arelle


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