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¿Ciencia o magia? una breve historia de la alquimia

Historia ¿Ciencia o magia? una breve historia de la alquimia

Para saber qué es la ciencia de la alquimia, una breve historia es suficiente para acabar con el mito de los magos convirtiendo Plomo en Oro, descubre la verdadera alquimia aquí.

Texto escrito por: Leonel Diaz



Para los filósofos antiguos, la artesanía y las manualidades eran actividades inferiores practicadas únicamente por las clases bajas. Fue hasta el siglo XII Cuando Hugo de San Victor hizo una lista de las 7 artes mecánicas (emulando a las 7 artes liberales populares durante el periodo clásico y la Edad Media) en el que nombra un conjunto de artes que involucran resultados físicos tales como la manufactura textil, las armas, la navegación, la agricultura, la caza, la medicina, y el teatro. 


La alquimia era una más de las artes mecánicas, en el que se intenta emular a la naturaleza para sacar beneficio propio, en el que a través de los laboratorios se podía producir materiales que incluso sobrepasaban en perfección sus homólogos naturales. Pero otros eran escépticos hacía los resultados de los procesos alquímicos y argumentaban que nada artificial podía igualar la perfección de la naturaleza.


Dentro de las artes mecánicas descritas por Hugo de San Victor, existen dos ramas: aquellas que utilizan las cualidades primarias, como la agricultura y la medicina, es decir que pueden transmutar ingredientes mientras que los que utilizan sólo las cualidades secundarias y sólo pueden inducir en la forma accidental del producto, tal como la escultura, la carpintería y la pintura.


La alquimia, al igual que la medicina y la agricultura, se encontraba dentro del grupo que podía manipular las cualidades primarias. Este es un breve resumen de la historia de la alquimia y su aceptación como una de las artes mecánicas.


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Avicena y el Sciant Artifices 

Si bien Aristóteles no escribió nada concreto sobre alquimia mas que para describir los componentes de la materia y sus cambios, la alquimia medieval era considerada una ramificación de sus estudios sobre la materia. Uno de los textos al principio atribuidos al filósofo fue el Kitab al-Shifa del médico y comentarista aristotélico Avicenna, traducido parcialmente en el siglo XII por Alfredo de Sareshel.

 

Muchos escolásticos confundieron el texto de Avicenna por un tratado original de Aristóteles, ya que el filósofo griego era la autoridad principal de muchos tópicos de la edad media, por lo que sus dichos tenían fuerte peso, aún con trabajos e investigaciones que refutaban muchos de sus postulados.


Avicenna describió cómo todos los metales derivan de una combinación de Mercurio y Sulfuro con variaciones en temperatura. Para Avicenna hay 6 tipos de metales; Oro, Plata, Cobre, Hierro, Plomo y Estaño. De acuerdo al texto, Avicenna argumenta que si bien su forma accidental puede ser manipulada, los metales tienen su propia sustancia y que éstas son inmutables, por lo que niega que la transmutación pueda ser posible. Su postura es conocida como sciant artifices, y fue adoptado por varios escolásticos, incluyendo Tomás de Aquino.



El vitrus locci de Tomás de Aquino 

Tomás de Aquino en sus comentarios de Sententiarum de Pedro Lombardo, concuerda con Avicenna en que los elementos no pueden transmutarse y argumenta que los alquimistas no podían reproducir la sustancia de los metales tal como se producen en lo profundo de la tierra, además de rechazar los productos artificiales de los alquimistas. 


Así pues, para él los productos como el Cloruro de Amonio producido en los laboratorios a través de la descomposición del cabello, o el acetato de Cobre hecho del vinagre eran falsos porque no eran producidos dentro de la Tierra. Para Aquino, se necesitaba un vitrus locci, o un poder mineralizador que sólo se encontraba en la naturaleza, en lo profundo de la Tierra.


Otro autor que toma la postura de sciant artifices era Giles de Roma. En su Quodlibeta, además de argumentar sobre generación espontánea en la naturaleza, Giles afirma que si bien el oro, por ejemplo, podía ser producido artificialmente por la alquimia, éste no sería igual al natural ya que su sustancia no sería la misma.


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Alquimistas a favor de las artes mecánicas 

El rechazo de varios filósofos naturales hacía la alquimia, y la crítica de Avicenna hacia la práctica corresponde a una tradición antigua del rechazo hacía las artes manuales, consideradas indignas para los filósofos de corte aristocrático. Pese al rechazo de una parte de los filósofos naturales a la posibilidad de la transmutación y a las prácticas alquímicas por considerar que el hombre nunca podría superar a la naturaleza, surgió una tradición literaria en respuesta a esa reacción negativa. Los contrargumentos al sciant artifices estaban basados en observación, razonamiento analógico y en el aristotelismo neoplatónico. 


El mismo Aristoteles argumentaba que los productos artificiales podían alcanzar la perfección de una manera que la naturaleza no podía.


En el libro de Hérmes, escrito en la primera mitad del siglo XIII, el autor refuta el argumento de Avicenna, en el que los metales no son transmutables y que el arte artificial no puede alcanzar la perfección de la naturaleza, respondiendo que los productos artificiales producidos en los procedimientos alquímicos como el verdigrís, vitriolo, Óxido de Zinc y sal amoniacal son mejores que las formas naturales. Las formas en que las ciencias mecánicas podían producir resultados que incluso sobrepasaban a la naturaleza eran variadas y se consideraban como prueba contra el argumento de que lo artificial nunca podía alcanzar a la naturaleza. Así, el horticultor podía mejorar los procesos naturales con exitosos injertos. 


Dentro de los alquimistas más reconocidos que defendían la postura de las ciencias mecánicas se encontraban el dominico Vincent de Beauvais, Alberto Magno y Roger Bacon. De Beauvais escribió el Speculum Doctrinae y el Speculum Naturale en la primera mitad del siglo XIII. En el último escribió que la alquimia pertenecía a las artes mecánicas y que ayudaba a los metalúrgicos a los procedimientos de cada metal y a los doctores a aislar los componentes saludables de los dañinos en la fabricación de medicamentos. El De Mineralibus, de Alberto Magno, también describía los procedimientos alquímicos y el estudio de la mineralogía. Argumentaba contra los críticos incluyendo Avicenna, que los metales poseían su propia forma sustancial, en lugar de compartir sólo una que era la del Oro. En su Opus Tertium, escrito en 1266, Bacon proponía la alquimia como el medio primario para reformar la ciencia escolástica. 


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La tradición laboratorista y la doctrina de Pablo de Taranto. 

Para reproducir el proceso de la naturaleza los alquimistas instalaban laboratorios para los procesos de calcinación, sublimación, fusión, destilación, solución, coagulación, precipitación y cristalización. Alberto Magno recomendaba el uso de un laboratorio con aparatos de vidrio para el proceso de transmutación. 


El descubrimiento del ácido, a través de la condensación, fue el mayor logro de los alquimistas cristianos, quienes utilizaban el seudónimo de Geber por temor a las críticas. Los textos del alquimista franciscano Pablo de Taranto, el Perfectionis y Teorica Et Practica fueron populares durante el siglo XIII. En Teorica Et Practica Pablo mantiene la superioridad del hombre sobre la naturaleza, invocando la hipóstasis Plotiniana del Intellectus. En sus textos describe las composiciones de los metales, el proceso de calcinación que demuestra la acumulación de Sulfuro y Mercurio de cada metal. 


En su texto, Summa Perfectionis, Pablo adopta la interpretación corpuscular de los elementos. Esta doctrina correspondía a una alternativa medieval al atomismo. También adoptó la verificación experimental en las teorías alquímicas. 

La metodología y la teoría corpuscular de Pablo influyeron en la ciencia química del siglo XVII a través de Daniel Sennert en su Dechymicorum y en las ideas de Robert Boyle.



Mitos sobre la reacción de la iglesia y la actitud de los grupos religiosos hacia la alquimia. 

Al existir mitos, exageraciones y rumores infundados no sólo en torno a la alquimia sino a cualquier aspecto de la ciencia en el periodo medieval, es bueno aclarar que pese a las críticas hacia las ciencias mecánicas que no corresponden más que a una antigua tradición entre los filósofos naturales, la alquimia ha ayudado a establecer la tradición experimental en la disciplina naturalista de estos proto-científicos.


Uno de los mitos más resonados es que el Papa Juan XXII decretó una bula en 1317 prohibiendo la alquimia. En realidad no hubo tal prohibición y el decreto sólo se enfocaba contra los falsificadores que proclamaban haber transmutado el Oro que luego vendían. Las razones eran puramente fiscales para evitar una devaluación monetaria.


Otro mito está basado en el supuesto encarcelamiento de Roger Bacon, documentado en Chronica XXIV Generalium Ordinis Fratrum Minorum, escrito un siglo después. Debido al lapso del tiempo de esta fuente es imposible saber si fue o no encarcelado o por qué. En el texto sólo se describe que fue encarcelado por sus "novedades sospechosas", además de decir erróneamente que era "maestro en teología", ya que textos más antiguos afirmaban que abandonó sus estudios para seguir con sus prácticas alquímicas. Es posible que estas "novedades sospechosas" correspondan al movimiento espiritual, del cual Bacon pertenecía, que surgió dentro de la orden de los franciscanos y que fuera condenada por el Papa Juan XXII. De cualquier manera es discutible si de verdad fue o no condenado.


Pese a estas condenas las practicas alquímicas y los textos siguieron reproduciéndose en un ejemplo de que la opinión contra la alquimia y la oposición no llegaban más que a condenas escritas u opiniones de corte tradicionalistas.



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Referencias: