Rusia y la homofobia: cómo vive la comunidad LGBT en este país
Historia

Rusia y la homofobia: cómo vive la comunidad LGBT en este país

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Por: Cultura Colectiva

8 de enero, 2019

Historia Rusia y la homofobia: cómo vive la comunidad LGBT en este país
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8 de enero, 2019

Descubre qué significa ser gay en Rusia, desde el primer matrimonio gay hasta la homofobia actual, parte de la estrategia política anti E.U.

Texto escrito por: Lic. Vicente Quintero Príncipe

No fue sino hasta el 17 de mayo de 1990 que la homosexualidad definitivamente dejó de ser calificada como una enfermedad mental (Organización Mundial de la Salud – publicación ICD 10). A lo largo del siglo XX, fueron muy populares las terapias para corregir la homosexualidad, diseñadas por prestigiosos psicólogos y psiquiatras. En particular, la contribución de la escuela conductista fue muy notable; una de ellas consistía en mostrarle a los pacientes fotos de hombres desnudos mientras les daban fuertes descargas eléctricas o medicamentos para hacerlos vomitar y, una vez que ya no podían soportarlo, les mostraban fotos de mujeres desnudas o enviándolos a una "cita" con una atractiva y muy femenina enfermera. Más allá de lo que sucede hoy en Rusia, es pertinente que nos preguntemos: ¿cuál es la raíz de la homofobia? La historia es fundamental para comprender las identidades de los pueblos.

En el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-2), publicado en 1968, con fuerte influencia del dogmatismo religioso y de la tradición del siglo XIX -la homosexualidad como un pecado-, define a esta condición como una enfermedad mental, aún cuando todavía se seguía discutiendo este último concepto. En los años sesenta, indudablemente, el contexto del gremio de psiquiatras y psicólogos estuvo marcado por el debate y la ambivalencia. El psicólogo Thomas Szasz argumentó que el concepto de enfermedad mental era un mito utilizado para ocultar los conflictos morales en la sociedad. Por su parte, el Erving Goffman señaló que este concepto era usado para controlar y etiquetar a los sectores no conformistas. 

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En 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) sometió la cuestión a votación, a raíz de varios estudios realizados sobre la salud mental del homosexual y la sostenida lucha de los activistas que apoyaban la causa gay. Los resultados fueron los siguientes: 5 mil 854 psiquiatras votaron a favor de eliminar la homosexualidad del DSM, mientras que 3 mil 810 votaron en contra. La APA, entonces, re-definió a la homosexualidad como un “desorden de la orientación sexual”. En 1974, la séptima edición del DSM-2 adoptó la nueva definición de homosexualidad, que había dejado de ser considerada un trastorno mental por la APA, en los Estados Unidos.

Sin embargo, fue hasta el año 1987 que la homosexualidad salió definitivamente del DSM. En 1990, si bien la OMS eliminó a la homosexualidad de la lista de trastornos mentales, la consideró una orientación sexual egodistónica, es decir que estaba en conflicto con las necesidades del ego. Progresivamente, la terapia sufrió importantes modificaciones: ahora se alienta al homosexual a aceptar su orientación sexual, mientras que al principio los psicólogos y psiquiatras se dedicaron a “tratar de corregir esta conducta desviada”. Casi 30 años después, este tipo de terapias no han desaparecido. 

De acuerdo a la decisión del paciente y su entorno familiar, el terapeuta alienta al paciente a aceptar su homosexualidad, o bien, a modificarla a través de sesiones conductistas o fármacos. Incluso aún a principios de 2018, el psicólogo Everardo Martínez, quien afirma curar la homosexualidad, presentó su libro en Baja California Sur, México, y manifestó sentirse decepcionado al no poder entrenar a los estudiantes de la Universidad de Tijuana. “Iba a interactuar con los estudiantes de psicología. Quería entrenarlos para enseñarles a curar la homosexualidad. Haremos un curso para enseñar a curar la homosexualidad, a nivel nacional y recibiremos a 2 psicólogos por Estado”, dijo.

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En los años setenta en los Estados Unidos los homosexuales eran objeto de constantes persecuciones por parte de la policía, la simple sospecha de homosexualidad bastaba para que los ciudadanos fueran detenidos por la policía; peor aún si eran vistos en los alrededores de aquellos bares con fama de “gay friendly” (tolerantes a los homosexuales). También se les imponían altas multas por su orientación, la discriminación laboral era común y no era sorprendente que un buen trabajador fuera despedido por su orientación sexual. La presunción de homosexualidad era más que suficiente para justificar un despido, muchas veces sin abrir investigación. El abogado Harvey Milk fue una de las víctimas de este sistema, la película sobre su vida, estrenada hace una década, es un clásico del cine LGBT. 

La Unión Soviética fue el primer país que despenalizó la homosexualidad en el siglo XX (en 1922), pero su trayectoria histórica ha estado llena de altibajos con respecto a la comunidad LGBT, en sus inicios reivindicadora de los derechos de las minorías sexuales, terminó reprimiéndolos años después. Rusia, el país que permitió la unión civil de dos mujeres en el año 1922, es hoy uno de los más homofóbicos en el mundo entero. 

Rusia no siempre fue la Federación Rusa que conocemos hoy, anteriormente, existió la Unión Soviética, el Imperio Ruso y la Rusia Medieval. Según el investigador estadounidense Kevin Moss, profesor del Middlebury College, la Rusia medieval fue muy tolerante con la homosexualidad; en documentos históricos que datan del siglo XI, hay evidencias de amor homosexual y sodomía en algunas de las vidas de los santos de la Rus en Kiev. Si bien los actos homosexuales fueron tratados como un pecado por la Iglesia Ortodoxa, no se aplicaron sanciones legales contra ellos, además, a los eclesiásticos sólo les perturbaba la homosexualidad en los monasterios. Aún así, el reconocido historiador John Boswell, en su obra The Marriage of Likeness: same sex unions in pre-modern Europe, señala que en San Petersburgo existen manuscritos custodiados que evidencian que ritos litúrgicos de unión entre personas del mismo sexo se llegaron a celebrar en la Rusia medieval. 

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En los siglos XVI y XVII, los visitantes extranjeros en Rusia expresaron constantemente su asombro ante las demostraciones abiertas de afecto homosexual entre los hombres, sin distinción de clase social. Sigismund von Heberstein, Adam Olearius, Juraj Krizhanich y George Turberville son sólo algunos de los viajeros que, en sus publicaciones sobre viajes y memorias, escribieron sobre la muy extendida homosexualidad en Rusia. En el siglo XIX, el historiador Sergei Soloviev dijo que: "en ninguna parte, ni en Oriente ni en Occidente, fue este pecado vil y antinatural (la homosexualidad) tomado tan a la ligera como en Rusia". 

Durante el reinado de Pedro el Grande en el siglo XVIII, es que en Rusia se promulgaron las primeras leyes que sancionaron los actos homosexuales en los estatutos militares, es decir, se aplicaban sólo a los soldados. La primera ley fue copia de una que con anterioridad había sido ratificada en Prusia, Estado que ya no existe y comprendía parte del actual territorio de Alemania, Polonia, Rusia, Lituania, Bélgica, Dinamarca, República Checa y Suiza. La institucionalización de la homofobia en Rusia fue parte del proyecto de modernización y occidentalización de Pedro El Grande, quien soñaba con un país menos "atrasado" y cambiar qué significa ser gay en Rusia fue sólo una de sus políticas para lograrlo. 

No fue sino hasta el año 1832, que el código penal incluyó el artículo 995, que estableció que la мужеложство (dícese de aquellos hombres que yacen con hombres, con el fin de tener relaciones anales) era un acto criminal punible, incluso penado con el exilio a Siberia por 5 años. La legislación, no obstante, se aplicó en muy raras ocasiones, menos aún cuando se trataba de las clases altas. En la Rusia del siglo XIX, muchos intelectuales prominentes llevaron una vida homosexual o bisexual muy abierta. Entre ellos se encontraban el escritor Philip Vigel, el explorador Nikolai Przhevalsky, el filósofo Konstantin Leontiev y el compositor Peter Tchaikovsky.

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A principios del siglo XX, la subcultura homosexual había crecido sustancialmente en Rusia, sobre todo en ciudades como San Petersburgo, en la cual existía toda una ciudad dentro de la ciudad, sólo para la comunidad gay, a través de la vestimenta, los tatuajes y los dialectos, la subcultura gay petersburguesa coqueteaba en las calles sin disimulo. El jardín Katkin, en la plaza Ostrovsky, es uno de los lugares más antiguos de recreación para los homosexuales en San Petersburgo, desde los tiempos de la Rusia tsarista, ha sido un espacio de encuentro LGBT y la organización LGBT “Laboratorio Gay”, que operó en la clandestinidad en los tiempos de la Unión Soviética, fue fundada en estos espacios. 

En el año 1903, Vladimir Nabokov, padre del escritor y fundador del Partido Demócrata Constitucional en Rusia, publicó un artículo sobre el estatus legal de los homosexuales en Rusia, en el que argumentaba que el Estado no debía interferir en las relaciones sexuales privadas. Influenciado por la ola reformista que tenía lugar en Europa, en Rusia se discutía la despenalización de la sodomía en el Código Penal tsarista y la posibilidad de que los hombres tuvieran relaciones con adolescentes de catorce años.

Entre los años 1905 y 1917, se vivió la Edad de Plata para la literatura rusa y la Edad de Oro para los homosexuales, muchas figuras importantes llevaron vidas homosexuales abiertas, incluidos varios miembros de la Corte Imperial. En estos tiempos era lo más común, Sergei Diaghilev y muchos de los miembros del movimiento World of Art y el ballet ruso eran homosexuales declarados; en 1906, el escritor ruso Mikhail Kuzmin publicó su novela semi-autobiográfica Alas, la cual se ha convertido en el ícono cultural de la literatura gay en Rusia. 

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Los efectos de la Revolución Bolchevique en el desarrollo de la Historia LGBT de Rusia, según el investigador estadounidense Kevin Moss, todavía son tema de discusión; es un hecho que, los líderes de la Revolución de Octubre eliminaron el Código Penal en Rusia, y los nuevos códigos penales de 1922 y 1926 no contemplaban el delito de мужеложство. Pero la fijación materialista de los socialistas y la vocación científica de los intelectuales llevaron la discusión de la homosexualidad al campo de la ciencia y la medicina (psiquiatría): la homosexualidad como enfermedad que debe ser curada por la ciencia.

En la opinión popular, la homosexualidad en los inicios de la Unión Soviética era relacionada con la élite bohemia y burguesa pre-revolucionaria; los valores burgueses y aristocráticos, tan criticados por las juventudes revolucionarias en Rusia, eran asociados con la vida homosexual. Algunos historiadores consideran que esta asociación, junto al debate psiquiátrico sobre el tema de la homosexualidad, contribuyeron a estigmatizarla en el siglo XX; no es extraño, entonces, que la liberación sexual que acompañó a la Revolución Rusa fue de muy corta duración. 

Las políticas igualitarias y pro-feministas que habían promovido el aborto y modificado las leyes de matrimonio-divorcio, dieron luego paso -en la década de 1930- a las tradicionalistas políticas pro- familia estalinistas, según diversos historiadores, debido a un pacto entre la élite del Partido y la Iglesia Ortodoxa. Paralelamente, la homosexualidad era relacionada con el nazismo. En un artículo escrito por Maxim Gorky, éste dijo que: “erradicando a los homosexuales, el fascismo (y el nazismo) desaparecerán”; fue, en este contexto, que la Unión Soviética recriminalizó la homosexualidad en un decreto firmado a fines de 1933. Un año después, los nazis siguieron su ejemplo.

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En las siguientes décadas, la comunidad LGBT en Rusia sufrió una muy larga historia de malos tratos, represión y discriminación. Desde que el artículo 121 volvió a ser promulgado, los homosexuales volvieron al clóset y mantuvieron una vida bajo perfil, poco a poco, los arrestos y los allanamientos a viviendas de homosexuales se hicieron frecuentes, alrededor de mil hombres eran arrestados al año por ser considerados homosexuales, según estadísticas publicadas en 1980. 

En la prisión, el homosexual en Rusia creó toda una subcultura y surgió en la lengua rusa el término петух. La sodomía y el amor homosexual fueron fenómenos generalizados en la cárcel rusa, donde muchos homosexuales terminaron incluso siendo más felices; según el estadounidense Kevin Moss, el apetito homosexual en la prisión rusa iba mucho más allá del grupo acusado de incumplir el artículo 121: perder en los juegos de cartas, insultar a alguien o simplemente ser muy hermoso, eran motivos más que suficientes para ser víctima de una redada gay. Con el tiempo, estas se convirtieron en rituales de iniciación. El director de cine Sergei Paradjanov y el poeta Gennady Trifonov fueron algunos de los tantos procesados por la presunta violación del artículo 121, de acuerdo con algunos cálculos, más de 250 mil homosexuales pudieron haber sido encarcelados. 

En las ciudades más grandes y cosmopolitas de Rusia, la subcultura gay siguió activa, aunque en las sombras y el anonimato; las actividades se restringieron a los círculos de amigos, lejos de la libertad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. La comunidad, sin embargo, tenía algunos bares para distraerse y habían algunas zonas públicas que se prestaban para el cruising, en ciudades como Moscú y San Petersburgo. Las autoridades lo sabían, pero con frecuencia se hacían la vista gorda. En Leningrado -hoy San Petersburgo nuevamente-, se intentó fundar la primera organización para homosexuales, pero los dirigentes fueron perseguidos por la KGB.

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Desde los noventa, el desarrollo del movimiento pro-homosexual en Rusia, el cual hoy lleva las siglas LGBT (LGBTIQAP+), se había acelerado, en 1991, tuvieron lugar la primera conferencia internacional, el primer festival de cine y las primeras manifestaciones por los derechos de los homosexuales en Moscú y Leningrado. Los periódicos con temática LGBT también se comenzaron a publicar en este período. Tema, editado por Roman Kalinin, fue el primer periódico oficialmente registrado para homosexuales en Rusia.

Después de la disolución de la Unión Soviética en 1993, se aceleró el proceso de inclusión de la comunidad LGBT en diversos sectores de la vida nacional; en ese mismo año, la homosexualidad fue nuevamente despenalizada y el artículo 121 del código penal eliminado, de forma exponencial, las manifestaciones culturales de los homosexuales crecieron en Rusia. La vida de la comunidad LGBT había entrado en un proceso de normalización, que no se detuvo hasta los años 2012 y 2013, por lo menos de manera oficial. La promulgación de la ley que protege a los niños de la información que “niega los valores familiares tradicionales” ha puesto un signo de interrogación al proceso que se gestaba desde principios de los noventa.

En la Rusia de hoy, la homosexualidad es asociada con los valores occidentales. Después de que la luna de miel entre los Estados Unidos y Rusia llegó a su fin a finales de los noventa, los rusos han vuelto a mirar con cierto escepticismo, desprecio y rechazo a todo aquello que tenga la etiqueta occidental, lo cual ha afectado qué significa ser gay en Rusia. En esta época, la política exterior de Rusia llegó a ser comparada con la de una prostituta, una vil puñalada al orgullo ruso, en dicho contexto, las recientes medidas que han frenado el proceso de normalización de la homosexualidad en Rusia han tenido una importante trascendencia política y sociocultural. Según Nikita Sleptcov, la homofobia política en Rusia es una estrategia opresiva modular que se ha utilizado para legitimar el régimen político autoritario actual, unificar la identidad nacional y presentar los valores del país como distintos de los de Occidente. 

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Después de la invasión de los tártaros en el siglo XIII (Kievan Rus), Rusia nunca ha sido colonizada por una potencia extranjera, los rusos han estado acostumbrados al rol de conquistadores y no al de conquistados. Su espíritu guerrero y resiliente les permitió ocupar muchos territorios y dominar un sinfín de etnias, que si bien algunas de ellas todavía existen en la Federación Rusa, a estas alturas son pequeñas minorías. El proceso que tuvo lugar en Rusia en los noventa ha sido catalogado de “cuasi-colonización” por diversos analistas. 

Las premisas básicas de la ley anti-propaganda no tradicional son las siguientes: “Rusia es una nación heterosexual y Occidente no. La homosexualidad no es rusa y ésta es una mera cuestión occidental”. La Rusia actual busca aferrarse, como sea, a sus tradiciones, llegando al punto de promulgar una ley que permite que el hombre le pegue nuevamente a la mujer, mientras ésta no quede gravemente herida.

Diversos analistas políticos, tanto rusos como extranjeros, señalan que la ley anti propaganda gay es una forma de evitar cualquier intento de generar una revolución de colores en la Federación Rusa. Esta técnica, que dio resultados en varias ex-repúblicas soviéticas como Ucrania y Georgia, es percibida como una amenaza por los funcionarios del gobierno ruso. La revolución de colores, a su juicio, podría significar la balcanización de Rusia, el debilitamiento de su Estado y la salida del poder de la élite gobernante, que lleva ya bastante tiempo en el poder. Curiosamente, entre los años 2011 y 2013, la posibilidad de una revolución de colores en Rusia aumentó; las medidas tomadas desde entonces cambiaron ese panorama y neutralizaron eficazmente las posibilidades de éxito.

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Por otro lado, también hay que considerar que, en los últimos años, la religión ha estado configurando la política y la vida cotidiana en Rusia, una de las manos derechas del gobierno ruso es, sin duda, la Iglesia Ortodoxa. Rusia se presenta como la esperanza del cristianismo en Eurasia, cuando los valores que predican los cristianos son rechazados o ignorados, y el ateísmo y el agnosticismo han tomado más relevancia. El Patriarca Kyrill dijo en 2016: “Vemos cómo la gente en Rusia está empezando a creer, este fenómeno es verdaderamente histórico. La Iglesia se está restaurando, los jóvenes se están convirtiendo. Cuando la gente elige este camino, definitivamente toman la ruta que los llevará a las estrellas. Es el camino al cielo, a lo más alto. Siempre es difícil, pero es el camino de la salvación.”

“Decimos que la Iglesia no puede redefinir el bien y el mal, el pecado y la justicia, pero no condenamos a las personas que tienen diferentes preferencias sexuales. Está en su conciencia y es su problema, pero no deben ser discriminados ni castigados, como solía ser una práctica común en algunos Estados. (...) Sin embargo, bajo ninguna circunstancia debe aceptarse como algo normal, sino como algo diferente de la norma social que se deriva de nuestra naturaleza moral, es decir, el matrimonio entre un hombre y una esposa que crean una familia y tienen hijos. Por eso creemos que esta nueva tendencia [occidental] representa una amenaza importante para la existencia de la raza humana.”, dijo también en una entrevista dicho Patriarca. 

Con apoyo del Estado, la Iglesia Ortodoxa se está reperfilando de forma sostenida, con el fin de ganar más popularidad en las masas, una cantidad cada vez mayor de jóvenes se están convirtiendo al cristianismo ortodoxo más radical, algo que no está ocurriendo en otros países de Europa. La creciente influencia de la Iglesia en todos los aspectos de la vida cotidiana rusa no debe pasarse por alto, sobre todo considerando que ésta podría extenderse a otros países de tradición ortodoxa; en Hungría, el cristianismo también ha experimentado un resurgimiento, si bien no en los niveles de Rusia.

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La Rusia de nuestros días todavía conserva muchos rasgos de su pasado homófilo; en 2013, una historia sobre los futbolistas Alexander Kokorin y Pavel Mamaev en la Ciudad de Miami impactó a muchos, en las redes sociales, ambos deportistas compartieron fotografías de sus vacaciones, en las cuales se abrazaban efusivamente y hasta se besaban en la boca. Lo que ignoramos en Occidente es que en Rusia es muy común el contacto físico entre los buenos amigos, la cultura rusa admite más contacto físico entre hombres heterosexuales que la europea, la estadounidense y la latinoamericana. El amigo es muy importante para el ruso y es mucho lo que comparte con él, más allá de los límites. 

Oleg Grosstager, estudiante ruso-alemán en la Universidad Estatal de Moscú, es abiertamente homosexual y desempeñó altos cargos como dirigente estudiantil, todo su entorno conoce su orientación sexual y aún así no ha sido víctima de insultos o discriminación; en el trabajo, tampoco reporta haber tenido problemas. Es difícil, sin embargo, asumir que esta es la realidad de toda la comunidad gay en Rusia, Maxim Neverov, en agosto de 2018, fue multado por haber publicado en Vkontakte (el Facebook ruso), una imagen pro-LGBT, según los expertos legales rusos. Este hecho fue repudiado por la comunidad internacional; en primer lugar, porque se trataba de un menor de edad, y en segundo lugar, de un activista de derechos humanos.

La ley en contra de la propaganda no tradicional, sin duda, ha aumentado el rechazo de las minorías, la impresión que da, sin embargo, es que el foco de la homofobia estatal son los activistas políticos pro-LGBT. Los homosexuales que viven abiertamente su condición y no son parte de ninguna organización que lucha por la inclusión del colectivo podrían tener menos probabilidades de ser atacados. El objetivo principal, entonces, parece ser el siguiente: silenciar aquellas voces que con coraje piden la inclusión política y economía de las minorías sexuales. 

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La cuestión LGBT en Rusia es, sin duda, paradójica, en paralelo, la sociedad tiene internalizados rasgos homófilos y homofóbicos. El contexto en el que desenvuelve el homosexual todos los días es, en sí mismo, una contradicción; la misma ley en contra de la propaganda no tradicional es ambigua, poco clara y no define con exactitud qué es lo que se entiende por propaganda homosexual, por lo que nadie sabe cuáles son los criterios de evaluación. Tampoco esta ley es, en sí misma, una prohibición plena de la conducta homosexual; en términos estrictos, lo que hace es dar espacio para censurarla en territorio nacional.

Si se hiciera un recuento histórico, las relaciones homosexuales han sido más aceptadas en Rusia que en Occidente -Europa y EE UU-. Si bien el patriarcado y los muy marcados roles de género tienen orígenes muy remotos en la cultura rusa, no sucede lo mismo con la homosexualidad, que hasta hace unos siglos era mucho más tolerada en Rusia que en cualquier otro territorio de Eurasia. De ninguna manera, Occidente tiene autoridad moral para criticar la homofobia en Rusia, puesto que la raíz de este profundo rechazo es occidental y religioso. 

Las violaciones de los Derechos Humanos y la discriminación deben seguir siendo reprochadas, pero Occidente no debe olvidar la culpa histórica que tiene en este asunto. No sólo en Rusia, sino en países como India, donde hasta hace pocos meses todavía eran ilegales las relaciones entre parejas homosexuales. Tampoco ignoremos que, la reciente reivindicación de los derechos de la comunidad LGBT son parte de un proyecto económico, que según el Williams Institute de UCLA, desde hace décadas viene reportando los potenciales beneficios de aprobar el matrimonio igualitario. Aunque no es la única variable que ha influido, lo cierto es que lo económico, junto a las variables ideológica, religiosa y política, ha tenido un importante papel en la real y efectiva conquista de los derechos de los homosexuales. ¿Cuál sería la situación actual de la comunidad LGBT si el Foro Económico Mundial (WEF) no tuviera en su agenda de discusión este tema? ¿Qué es lo que después de todo, nos importa? 

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Nota: Este artículo usa el término LGBT, que es una construcción reciente. Anteriormente, en Rusia solo se hablaba de homosexualidad y мужеложство; o todavía más remotamente, de sodomitas. El término мужеложство no tiene traducción exacta en castellano. 

Vicente Quintero es Licenciado en Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana de Caracas, con énfasis en el área política. También ha tomado cursos de cultura y política en la Universidad Politécnica Estatal de San Petersburgo (Rusia). Quintero es columnista de El Nacional Web (Venezuela), The Global World (España), WTC Radio (Venezuela), ProEconomia, Alternos (Venezuela), American Herald Tribune (Estados Unidos) y La Trenza (México). Sus artículos también han sido publicados por Entorno Inteligente (Venezuela), Maduradas (Venezuela) y Иносми — Россия Сегодня (Rusia). En el año 2018, ha tenido la oportunidad de presentar sus obras de arte en el Museo Alejandro Otero (Fundación de los Museos Nacionales de Venezuela). A través del arte, Quintero expresa la realidad política y económica del mundo, habla cuatro idiomas: español, inglés, ruso y alemán. Lo encuentras en su página web y en twitter @vicenquintero

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