Razones por las que el futbol se parece a la religión

Martes, 3 de julio de 2018 17:48

|Ricardo Corea
razones por las que el futbol se parece a la religion

¿En qué se parece el futbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes. Pero hay algo más allá de una pasión ciega en este deporte.



2018, año mundialista. A estas alturas de la vida es difícil apostarle a un ganador. Desde antes de iniciar se sabía que no sería un Mundial común —¿alguno realmente lo es? Italia no llegó; Chile no llegó; Alemania quedó, por primera vez en su historia, eliminada en fase de grupos; Corea del Sur le guiñó el ojo, desde el avión y en franca complicidad, a un México que no se lo podía creer. La emoción previa, sin embargo, no fue tan grande como en otros años. Algunos lo atribuyen a lo distante y extraño que resulta un país como Rusia. Pero eso no es motivo suficiente para dejar de considerarlo como la mayor fiesta deportiva del planeta y de la historia.


Porque lo es: cada Mundial es histórico; cada Mundial es especial. Pero en estas fechas, sobre todo en los tiempos que corren, se vuelven más patentes las divisiones que sobre el deporte rey se leen. Están, por ejemplo, los feligreses del futbol de todos los días, de todos los años; los que no lo ven nunca, excepto cuando se trata del Mundial; los indiferentes absolutos y los eternos haters. De estos últimos, en especial de los que se consideran a sí mismos más cultos, se ha escuchado en innumerables ocasiones referirse al deporte rey como “el opio del pueblo”: una religión moderna que entorpece los sentidos y nos lleva a niveles inverosímiles de alienación. Como si la gente necesitara una excusa tan rimbombante para alienarse.



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Pero la idea del futbol como religión no viene de los haters, sino también de los propios amantes. En esta categoría podríamos mencionar a uno de los más grandes amantes del balompié que ha visto Latinoamérica; quien, además y por pura casualidad, resulta ser también uno de los más grandes escritores que han dado estas tierras: Eduardo Galeano. Es en su célebre libro Futbol a sol y sombra que el uruguayo dispone su pluma encantadora para echarle flores a su pasión:


¿En qué se parece el futbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales.


Incluso, Galeano llevó más lejos su pasión, afirmando que realmente no existen ateos:


El futbol es la única religión que no tiene ateos.


Frases magníficas, depuradas y construidas con precisión de relojero suizo —como casi todas las que publicó— que, sin embargo, son completamente cuestionables. Por ejemplo, la primera definición que ofrece la RAE sobre religión, es esta:


1. f. Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.



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Una definición bastante cuadrada, en la que a simple vista encajaría perfecto el futbol: la divinidad es representada por ese ser silencioso pero con poderes absolutos llamado “pasión”, que además despierta el deseo irrefrenable de venerarlo; y, a su vez, que desencadena una serie de normas sociales y conductas individuales, etcétera. Y así, cada elemento que compone esta definición puede relacionarse fácilmente con el futbol. Pero esa definición es bastante escueta y, en términos generales, poco práctica.


Veamos la definición que ofrece Yuval Noah Harari, historiador, escritor israelí y profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, autor del libro Sapiens. De animales a dioes: Una breve historia de la humanidad, de donde se extrae la siguiente definición:


La religión puede definirse como un sistema de normas y valores humanos que se basa en la creencia en un orden sobrehumano. Esto implica dos criterios distintos:
1) Las religiones sostienen que existe un orden sobrehumano, que no es el producto de caprichos o convenios humanos.
2) Sobre la base de este orden sobrehumano, la religión establece normas y valores que considera obligatorios. En la actualidad hay muchos occidentales que creen en espíritus, hadas y la reencarnación, pero estas creencias no son una fuente de normas morales y de comportamiento, y como tales, no constituyen una religión.


No importa cuánto creamos que la emoción que despierta ir al estadio a ver a nuestro equipo favorito es comparable con la que sienten los creyentes al asistir a su culto, lo cierto es que el futbol sí responde a caprichos y convenios humanos, y ese simple hecho lo inhabilita para categorizarce como religión. ¿O es que hay un libro sagrado y milenario donde se detallen las normas del juego? ¿Hay sumos sacerdotes que interpretan la voluntad de Dios (que dicen que es argentino) para darla a conocer al pueblo? ¿O el futbol profesional tiene leyes universales e inamovibles?



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No y no. El futbol profesional no es una religión, porque a pesar de sus muchas leyes, ritos y a menudo rituales extraños, todo el mundo sabe que fueron seres humanos los que lo inventaron, y la FIFA —lo más cercano que hay en el futbol a un consejo de Sumos Sacerdotes— puede aumentar en cualquier momento el tamaño de la portería, cancelar la regla del fuera de juego o aumentar a 100 minutos el tiempo regular de los partidos. Por otro lado, tampoco existen normas ni valores que especifiquen cómo debe comportarse un feligrés del futbol. Claro que los jugadores se someten a disciplinas cuasi militares y estilos de vida que exigen comportamientos estudiados. Además de eso, se ha instaurado el “fair play” (juego limpio) como un atenuante a la hora de jugar.


Pero esas normas solo aplican para los ejecutores; los protagonistas, directores técnicos o dueños de clubes, pocas veces para los fanáticos. Podríamos consensuar aquí: el futbol es terrenal, pero la pasión es divina. Pero la pasión no se limita al deporte sino a, básicamente, cualquier actividad humana. ¿En qué afecta que el futbol sea o no una religión? En la práctica, en nada. El tener consciencia que cuando vemos la final de la Champions o de la liga de nacional no estamos ante un culto no lo vuelve menos emocionante. Pero quizá tenerlo presente nos pueda ayudar a no caer en el error de volvernos fanáticos, en el sentido religioso del término: ningún triunfo, ninguna derrota ni otra acción que tenga que ver con el deporte rey debería hacernos menos humano.


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En la historia de este deporte hay algunas cosas que sólo un experto conoce, ¿qué tanto sabes de los Mundiales?



Ricardo Corea

Ricardo Corea


Colaborador
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