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Razones por las que la educación no ha mejorado con la tecnología

July 17, 2018

Martín Caruso

¿Por qué la llegada del Internet no ha logrado democratizar completamente el conocimiento? Aún con lo avances tecnológicos, el futuro de la educación parece incierto.



La educación, en su sentido más amplio, se entiende como la “transmisión” de la cultura de una generación a la siguiente. Pero esta definición no es ni muy específica ni demasiado cercana a lo que ocurre en la realidad. Todos los términos que la componen están sujetos a interpretaciones. En la sociedad actual, entonces, dicha definición es insuficiente. En el caso de nuestras sociedades latinoamericanas, que están formadas por culturas diversas, la educación ha tenido enormes implicaciones en la construcción de cada país, sus objetivos y quiénes están dentro o fuera. La pedagogía, como campo de saber, estuvo desde el inicio influida por la tradición europea, luego por la influencia norteamericana, y actualmente hay ciertos intentos de lo que podemos denominar una “pedagogía latinoamericana”. A todo esto se suma el impacto de la revolución tecnológica que desde fines del siglo XX complejiza aún más tarea de la enseñanza y las formas de concebirla.

 

¿Pero qué es educar? Desde el mito de Prometeo hasta la Era Digital, Occidente ha transmitido sus saberes a partir del significado que la cultura griega le dio a la educación. El mito de Prometeo concentra esas ideas fundamentales. Los dioses poseen el conocimiento, y Prometeo se los transmite a los seres humanos. El castigo que Zeus le da a Prometeo ilustra la disputa por la posesión del saber y el derecho a transmitirlo. Algo que veremos en la actualidad, en la problemática acerca de qué saberes son importantes y cuáles no, qué es útil y qué no para las sociedades. Sobre la base de este mito, los griegos valoraron a la educación como el proceso clave para la reproducción social; actividad apoyada primero en la inteligencia, antes que en la naturaleza —como la historia de Epimeteo y Prometeo lo expresa.





Esta idea griega se sitúa lejos de la que se creó en el mundo moderno y posmoderno. Los griegos entendían la educación en función de lo que sería la “esencia de lo humano”, lo universal. Recordamos a esta antigua civilización porque los problemas pedagógicos que ellos se plantearon siguen vigentes hoy, aunque con nuevos significados. En este sentido, un tema interesante es la relación alumno-maestro. Para los griegos, este vínculo era fundamentalmente un vínculo de amor. Era indispensable para hacerlos mejores, ya que el discípulo actuaría en correspondencia al amor del maestro en una “lucha” por querer ser mejor. Además, la orientación de la enseñanza está delimitada por la idea del amor a lo que se enseña y lo que se quiere aprender.


Sin embargo, en la sociedad moderna, la educación se aleja de la búsqueda “amorosa” por el bien común y el querer ser mejores, tal como proponían los griegos. Hoy se extiende una concepción de la educación “neoliberal” que redujo las finalidades educativas al consumo y la satisfacción inmediata. Se difundió un modelo humano estereotipado a través de los medios de comunicación y el mercado. Se orientó la educación de los grandes sectores sociales hacia el consumo como única manera de procurar la realización humana y la satisfacción de deseos. Mientras que en la Antigüedad griega a través de la acción educativa se quería lograr el desarrollo pleno del ser, mediante la adquisición de conocimiento verdadero, en la actualidad la finalidad es “tener más para consumir más”. Y esto enfatiza la mercantilización de las relaciones sociales.





En este sentido, la revolución tecnológica y comunicacional contemporánea proporciona el sostén material necesario para dar vuelta por completo las ideas sobre pedagogía que se tuvieron en la sociedad occidental durante más de dos milenios. La complejidad tecnológica, sumada a la urgencia de los requerimientos empresariales en cuanto a capacitación, sobrepasó a las escuelas. El mercado pasó a ser el determinante en la distribución del capital cultural entre la población. Los medios de comunicación masiva invaden el campo de la educación instruyendo a los ciudadanos en los más diversos órdenes. Las instituciones educativas empezaron a perder el monopolio de la transmisión cultural y de formación ciudadana. Esto ha llevado a un replanteamiento del sentido de la educación y a un debate abierto acerca de cómo la pedagogía tiene que hacer para no quedar obsoleta en el siglo XXI.


Los cambios tecnológicos y sus efectos han llevado a que en el imaginario social se instalen frases tales como “ahora no se aprende como antes” o “en las escuelas no les enseñan nada”, o también “la televisión e internet les impiden estudiar”.

Pero lo que no ven quienes simpatizan con la idea del apocalipsis educativo —que generalmente se basan en cuestiones ligadas a que todo tiempo pasado fue mejor— es que las nuevas tecnologías abren un nuevo mundo, con nuevas posibilidades y nuevos objetivos para la educación. Si volvemos nuestra mirada sobre los mitos originarios de Grecia que mencionamos antes, la educación contemporánea debe actualizar su sentido. Es como si Prometeo tuviese que acudir otra vez a Atenea para que ella le dé nuevos saberes y capacidades, ya que se ha encontrado con nuevos seres humanos forjados bajo la influencia de nuevas tecnologías que hacen del vínculo comunicativo un campo delimitado por la innovación y lo que se produce. A su vez, los “guardianes de la conservación” se hacen fuertes en propuestas enciclopedistas, sin mencionar cuál es la vigencia de las viejas enciclopedias sobe las que se insiste, y cómo las pueden articular con los nuevos conocimientos y técnicas de aprendizaje.





Y finalmente, las tecnologías que delimitan nuestras vidas generan las preguntas acerca de las posibilidades que a futuro se abran para la educación: ¿el internet logrará disminuir la brecha educativa de los países centrales y los periféricos?, ¿se avanzará en la democratización del conocimiento?, ¿la era digital podrá igualar las posibilidades de acceso a la información? Sin duda, estamos en un momento clave y nodal en lo relativo a la educación y al quehacer educativo. La tecnología cambió nuestras vidas, por eso al reflexionar sobre la pedagogía y las ciencias de la educación actualmente se busca lograr ver más allá de las ideas sobre un apocalipsis tecnológico y el fin del mundo.


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La escuela no es sinónimo de aprendizajes, pues hay ciertas habilidades fundamentales para el siglo XXI que aún no se enseñan en el aula.



TAGS: Historia mundial literatura cultura
REFERENCIAS:

Martín Caruso


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