Sabina, la loca y sádica mujer que aportó a Freud una teoría del psicoanálisis
Historia

Sabina, la loca y sádica mujer que aportó a Freud una teoría del psicoanálisis

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Por: Paola Vazquez

22 de febrero, 2016

Historia Sabina, la loca y sádica mujer que aportó a Freud una teoría del psicoanálisis
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Por: Paola Vazquez

22 de febrero, 2016



Cuanto antes de acostarme me miré en el espejo,
me asusté muchísimo: esa cara gris de piedra,
ojos profundamente negros que centelleaban sombríamente y me miraban,
no era la mía, sino la de un lobo amenazador que estaba al acecho,
en las profundidades gélidas y que ninguna barrera hubiera podido detener
¿Qué quieres?, me pregunté, espantada.
Entonces vi distorsionarse todas las líneas de la habitación,
todo era extraño y siniestro. ‘Llegó el gran frío…’ así me acosté.
Diario, Sabina Spielrein

Estar del otro lado del espejo, como lo hizo Alicia, atravesar el frágil cristal que nos conduce a la locura del cual muchos no regresan. Y quienes lo hacen, ¿podrían contar lo que vieron? ¿Lo entenderíamos quienes no hemos estado ahí? Ésta es la historia de una mujer que lo hizo, visitó el mundo de la locura y regresó para contar lo que significa estar del otro lado. 

Incomodidad, pesadez, desazón, ese gran peso que Sabina Spilrein cargaba en el alma y que la llevó a atravesar la frágil frontera entre la razón y la locura. Sabina, esa joven que recorría los pasillos de la clínica psiquiátrica con la cabeza baja y con actitud arisca a todo el que pretendiera tocarla. Tan cercana a eso que se llama locura, Sabina tuvo una experiencia que la orilló al borde de la muerte,  base sobre la cual Freud reflexionó sobre su teoría acerca del principio de muerte y el principio libidinal sexual.

Sabina Spielrein

Sabina Spielrein fue internada por presentar un caso de histeria psicótica causada por la violencia de su padre; de esta forma, Sabina desvió el trauma hacia la pulsión libidinal o sexual. Finalmente, a causa de los traumas, presentó ataques de histeria que se fueron agravando: pánico, masturbación compulsiva y exhibicionismo en contraste con depresiones profundas. La película “Un método peligroso” (2012) de David Cronenberg, así como el film “Soul Keeper” (2003) de Roberto Faenza abordaron la historia de esta mujer, cuya vida y aportes son poco reconocidos pero relevantes no sólo para la Psicología, sino para entender nuestras propias pasiones destructivas.

Cuando Freud en “El malestar en la cultura” confesó que existía una sensación que él nunca ha experimentado en la vida: la “conexión con Dios” al que algunos pacientes refieren como un “sentimiento oceánico” o sensación de eternidad, declaraba en realidad su propia dificultad para elaborar una teoría del psicoanálisis con base sólo en sus observaciones: ¿Cómo puede alguien que no ha vivido en carne propia una sensación de muerte hablar sobre ella? 

Freud no experimentó la locura ni esa pulsión sádica o autodestructiva; sin embargo, con la agudeza de sus intuiciones y observaciones, y a través del trabajo con sus pacientes, se atrevió a plantear sus ideas sobre el mal en la condición humana. De este modo, la teoría de Freud se enriqueció de aquellas experiencias de quienes sí atravesaron por ese mundo de locura y crisis: Sabina es una de ellas.

Sabina Spilrein-Jung

Freud nunca llegó a atender directamente a Sabina, ella fue paciente de su colega Carl Jung, quien en principio la abordó desde una perspectiva que se apegaba más a los métodos freudianos del psicoanálisis que a las formas tradicionales de la psiquiatría. Freud y Jung se hicieron amigos a partir del libro “La psicología de la demencia precoz”, el cual generó un lazo de colaboración que duró muchos años, aunque no precisamente generó una amistad librada de choques y desencuentros en sus perspectivas, especialmente sobre el caso Spielrein. 

Sabina, la loca que se curó por amor

Sabina Spilrein-Loca

La correspondencia entre Jung  y Freud muestra las opiniones que Jung solicitaba de Freud sobre el caso clínico de la paciente Spielrein. El intercambio epistolar daba pistas del tratamiento basado en terapias más que de choque, de psicoanálisis, en las cuales la paciente hablaba e iba deshilando su propia historia y que poco a poco ayudaba a Sabina a salir de la crisis, Sin embargo, una situación puso en duda que el método de Jung era efectivo: Sabina y Jung tuvieron un amorío, que Jung negó siempre públicamente, con el afán de resguardar su reputación y mantener a salvo su matrimonio. Incluso Jung negó en inicio este vínculo amoroso ante Freud, quien más tarde se enteró por cartas de la misma Sabina y las confesiones de Jung.

Las escenas pasionales entre ambos llegaron a un grado de violencia tal,que Sabina llegó a atacar a Jung con un cuchillo y a amenazarlo si la dejaba. Jung le había jugado sucio al negar su amorío, pese a ello, una pregunta quedaba en el aire ¿Sabina se había curado por amor o por el método psicoanalítico? No lo sabremos, seguramente el vínculo amistoso y amoroso con Jung cambió el entorno de crisis en el que ella estaba inmersa; sin embargo, clínicamente no podría darse crédito a su amorío como causa de su curación. 

Sabina Spilrein-Love

Sabina y su pasión por la muerte que la devolvió a la vida

Sabina fue dada de alta del hospital psiquiátrico y decidió estudiar medicina para adentrarse en el mundo de la locura desde otra perspectiva: examinar a sus demonios e impulsos sádicos. Sabina y Freud mantuvieron una comunicación vía escrita, medio por el cual ella le contaba sobre sus avances en la investigación basados en sus propio caso. Para Sabina la represión sobre los deseos sexuales fue la clave para entender su propia histeria: la represión del deseo sexual e instinto libidinal la llevaban a representaciones de destrucción y muerte.

Ahora, Sabina identificaba esta pulsión sexual como una necesidad de autoconservación, de pulsión de vida, pero que al ser reprimida por las imágenes de violencia o castigo que ejercía su padre, la llevaban a sentirse amenazada con ser castigada. A esa sensación la llamó "pulsión destructiva y sádica", concepto que más adelante Freud desarrolló como pulsión de muerte. La claves estaban en que ahora la amenaza ya no la recibía desde fuera sino que ella misma ejercía esa represión con un desorden psicótico.

Sabina Spielrein

Sabina fue pionera en el psicoanálisis y a partir de él, indagó en otros campos como la pedagogía, realizando trabajos colaborativos con Jean Piaget en referencia a la psicología infantil y mostrando a Freud sus descubrimientos sobre trastornos de esquizofrenia. Freud hizo frecuentes referencias al estupendo trabajo desarrollado por Sabina y ambos mantenían debates acerca de las ideas sobre el aspecto libidinal, clave de desencuentros con el Doctor Jung.

Retomando a Freud, en “El malestar en la cultura” hizo referencia al deseo sexual reprimido por normas de nuestra cultura, es decir la restricción de nuestros impulsos sexuales y agresivos con el fin de mantener el orden social: desnudarnos en público, tener múltiples parejas sexuales e incluso masturbarnos son tabúes de nuestra cultura que nos obligan a renunciar a la satisfacción del placer. Todo esto siempre crea una tensión que, en grados extremos, puede salirse de control y detonar en una crisis psicótica, esquizoide o en algún trastorno psicopatológico: pulsiones sádicas del hombre que tiende a la muerte.

Sabina Spielrein

No se conoce a qué grado los desencuentros entre Freud y Jungo fueron basados en los aportes de Sabina, pero mientras que Jung, deslumbrado por el nacionalsocialismo, atacaba la psicología judía de Freud y lo acusaba de mirar el lado oscuro de la naturaleza humana; Freud desconfiaba de él y se quejaba de las mentiras y el antisemitismo de Jung.  

Hacia 1936 Sabina desapareció del mundo y no se halló rastro de ella, por lo que algunos piensan que fue capturada y fusilada por los nazis durante la ocupación, y otros sospechan fue capturada durante las purgas soviéticas. Indudablemente, Sabina fue más que una huella en el mundo del psicoanálisis: nos dejó una lección de vida:

Todos los seres humanos somos atravesados por esas dos pulsiones de vida y muerte que parecieran opuestas, pero son en realidad complementarias. No seríamos humanos sin que nos quemara por dentro el fuego de creación y la destrucción, Eros y Tánatos viven en nosotros, como dice la canción judeo israelí llamada Tumbalalaika:  Sólo el amor puede arder y sólo un corazón puede llorar sin lágrimas.

“¿Qué puede crecer, crecer sin lluvia?
¿Qué puede arder, arder sin parar?
¿Qué puede llorar, llorar sin lágrimas?

Mozo estúpido, ¿qué estás preguntando?
Una piedra puede crecer, crecer sin lluvia.
El amor puede arder, arder sin parar.
Un corazón puede llorar, llorar sin lágrimas.”

Sabina nos recuerda esta imagen en la cual Remedios Varo retrata a una "Mujer saliendo del psicoanalista" con la cual debemos aprender  a tirar los lastres que arrastra nuestra imperfecta y contradictoria alma humana.

   Sabina Spilrein-Varo


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Referencias:

Sabina Spielrein: Juego sucio o amargo lamento

Sabina Spilrein, la primera mujer que enriqueció la teoría psicoanalítica

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