Las sangrientas batallas navales de Roma donde los actores morían de verdad
Historia

Las sangrientas batallas navales de Roma donde los actores morían de verdad

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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

5 de octubre, 2017

Historia Las sangrientas batallas navales de Roma donde los actores morían de verdad
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Por: Rodrigo Ayala Cárdenas

5 de octubre, 2017


Miles de voces rugen con histeria en las tribunas del Coliseo al ver el cuerpo que ha caído herido al agua desde lo alto de uno de los 10 barcos que surcan el fabuloso lago artificial donde se libra una sanguinaria batalla. Se conmemora con este acto las victorias de Trajano sobre los dacios y en Arabia.


En este sangriento espectáculo, uno de los preferidos por los aficionados, tanto como las peleas de gladiadores (munus) o la cacería de animales (venatio), los romanos ensalzaban su espíritu valiente, coraje y gloria. El objetivo de las naumaquias (cuyo significado es literalmente 'combate naval') era celebrar o conmemorar las guerras navales donde los romanos habían derrotado a sus enemigos de manera aplastante.


Quienes formaban parte de esta representación (los llamados naumachiarii) se caracterizaban como los dos pueblos que se enfrentaban en una lucha literalmente a muerte. También habían naumaquias en las que se enfrentaban dos pueblos enemigos de los romanos, como en la organizada por César donde se enfrentaron egipcios y tirios. En otra se vieron las caras atenienses y persas. Era un espectáculo variado que ofrecía emociones al público que acudía en masa.


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El famoso Coliseo romano albergó varias veces las naumaquias. Se anegaba la arena de este recinto por medio de un complejo sistema de canales y colectores de agua que fueron descubiertos por arqueólogos y todo quedaba listo para que las naves ingresaran con los ejércitos sobre ellas. Otros espectáculos de esta clase se llevaron a cabo en ríos y lagos de provincias cercanas a Roma. Augusto, uno de los emperadores romanos más célebres, dejó registro escrito acerca del tema: «Ofrecí al pueblo un espectáculo de combate naval al otro lado del Tíber, en el lugar que ahora ocupa el bosque de los Césares, para lo que hubo que cavar el terreno mil 880 pies a lo largo y mil 200 a lo ancho. En él se enfrentaron 30 navíos con espolones, trirremes y birremes, y aún más de menor tamaño. En esas escuadras lucharon, sin contar los remeros, cerca de tres mil hombres».


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Julio César fue el iniciador de esta siniestra pero fascinante tradición cuando en el año 46 a.C. realizó la primera naumaquia para celebrar su victoria sobre los seguidores de Pompeyo, su gran rival. Durante 40 días hubo batallas de soldados, carreras de caballos, música, teatro, comida, bebida y la primera batalla naval “actuada” de la historia efectuada en un enorme estanque que mandó construir en el Campo de Marte con agua del río Tíber. Las calles estaban atestadas de comerciantes, prostitutas, ladrones y todo tipo de sujetos que llegaron para presenciar este novedoso entretenimiento cuyo éxito fue inmediato. Los habitantes tanto de Roma como de sus provincias más cercanas pidieron la repetición de este tipo de batallas que encontraron excitantes.


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Usualmente se usaban prisioneros de guerra o condenados a muerte para que fueran los actores que representaran las naumaquias. Todos conocían de antemano que iban a morir en la batalla, por ello peleaban con coraje para defender hasta donde pudieran su vida. Para los espectadores debió ser algo tremendo de observar por lo sanguinario que representaba y la crueldad empleada tanto por los captores como por los actores para llevar a cabo ese martirizante espectáculo que de ficticio no tenía nada. Los actores debieron tener conocimientos en el arte del manejo de barcos y armas para que su desempeño fuera convincente y causara admiración en quienes presenciaban la batalla.


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Fue hasta el 52 a.C. cuando por vez primera se hizo una naumaquia en un lago natural: el lago Fucino, en el cual el emperador Claudio enfrentó a flotas sicilianas y de Rodas. El gran tamaño del lago permitió una batalla ágil y mucho más natural que las que se hacían en lagos artificiales y en anfiteatros de tamaño limitado. Fue en esta naumaquia donde nació la famosa frase Morituri te salutant (Los que van a morir te saludan) y que falsamente se ha atribuido a las batallas de gladiadores.


Las naumaquias no sólo se desarrollaron en Roma y en provincias de Italia sino en lugares como Valencia y Mérida en España, y Ruan, Francia, ordenada por Enrique II de Francia en 1550. Más tarde, Felipe IV de España, fascinado por estas costumbres romanas, organizó naumaquias en el estanque del Buen Retiro y la Casa de Campo durante el siglo XVII para conmemorar las guerras navales entre cristianos e infieles. Valencia fue la ciudad que albergó la última naumaquia registrada por la historia en 1755 para celebrar el tercer centenario de la canonización de Sant Vicent Ferrer. Ahí se efectuó la representación de un combate entre naves moras y cristianas.


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Para vivir por medio de la imaginación lo que una naumaquia era, puedes leer el libro de Santiago Posteguillo, La legión perdida, una fascinante trilogía histórica sobre los romanos donde se relata con lujo de detalle la manera en que estos eventos se organizaban y cómo se sucedía en el acto. Las naumaquias forman parte de los datos curiosos e importantes sobre el Imperio Romano que todos debemos conocer.