Sexualidad, erotismo y vida: el sexo sagrado según los mayas
Historia

Sexualidad, erotismo y vida: el sexo sagrado según los mayas

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Por: Alejandro I. López

2 de septiembre, 2017

Historia Sexualidad, erotismo y vida: el sexo sagrado según los mayas
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Por: Alejandro I. López

2 de septiembre, 2017


Para los mayas, la sexualidad era un principio creador de vida, Al mismo tiempo, la consecución del sexo funcionaba como unidad cósmica y el mejor ejemplo de cuán importante resultaba la dualidad en el pensamiento maya, manifestado en la terrenalidad y lo cotidiano: de la misma forma que el equilibrio del mundo dependía de la unión de opuestos permanentes que se complementan (expresada en binomios como día-noche, frío-calor, vida-muerte, que dieron forma a la construcción de deidades prehispánicas), la relación entre hombre-mujer aseguraba mantener este orden, más aun cuando se creaba vida.


Para los mayas y otros pueblos prehispánicos la sexualidad debía practicarse sin llegar al exceso. Este principio de equilibrio atravesaba cada aspecto significante de la vida maya y su obediencia estaba íntimamente relacionada con el mantenimiento del orden cósmico y la armonía del mundo. No existía algo similar a la noción cristiana de pecado, pero era fundamental evitar una vida de excesos, pues el resultado no era individual, sino que tenía repercusión en el grueso de su visión del mundo.


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Otra noción propia de la sexualidad maya era el culto al falo. Como un sinfín de culturas de la Antigüedad, los mayas relacionaban al órgano sexual masculino con la fertilidad y la creación de vida, razón suficiente para realizar ceremonias en su honor y dejar evidencia de cientos de esculturas de penes erectos con distintas variaciones.


Los rituales al respecto dieron paso a distintas prácticas sexuales, todas con un fin ritual que sin negar el placer, escapa del simple deseo sexual y lo concibe como algo sagrado. En la dualidad prehispánica, la tierra toma un rol femenino como principio vital. De la misma forma que las mujeres acogen vida en sus entrañas, lo hacen los sembradíos y las semillas enterradas cuyo producto surge cuando las condiciones resultan óptimas. Sin embargo, para dar paso a la germinación también hace falta el líquido vital, que nutre y completa el proceso. 


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El acto de masturbarse y dejar caer el semen al piso era sinónimo de vitalidad: la dualidad se hacía presente cuando se concebía a la tierra como femenina, germinada por la sustancia creadora, que aseguraba tanto la fertilidad humana traducida en un alto número de hijos, como la de la tierra en abundantes cosechas.


A diferencia del resto de culturas prehispánicas, para los mayas el sexo entre personas del mismo sexo era visto como algo común y, en algunos casos, necesario. La mayoría de los hombres jóvenes elegía a otro hombre para vivir juntos durante los años previos a su matrimonio, muy probablemente con el fin de aprender sobre el placer y la carnalidad como una especie de "preparación" para cuando encontrara una esposa.


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Al mismo tiempo, esta práctica evitaba que las mujeres perdieran la virginidad y afianzaba la dominación del matrimonio en el plano sexual, todo esto antes de la Conquista, cuando el conocimiento del cuerpo y el placer fue concebido como una ofensa a Dios y cada práctica sexual fue vista como una aberración que debía suprimirse. Conoce más sobre "Las prácticas sexuales prehispánicas que horrorizaron la moral cristiana".