Sufrimiento eterno. La historia del infierno
Historia

Sufrimiento eterno. La historia del infierno

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Por: Daniel Morales Olea

5 de julio, 2015

Historia Sufrimiento eterno. La historia del infierno
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Por: Daniel Morales Olea

5 de julio, 2015


“Y los arrojaran al horno de fuego, allí será el llanto y rechinar de dientes”.

- Mateo 18,8 


El infierno es para muchos algo ambiguo; existe en nuestra mente, en otra persona, en el pasado o quizás es un lugar al que nos dirigimos sin saber cuál es el destino realmente. Podemos verlo como algo que nos destruye desde adentro y causa en nosotros ese dolor que no podemos superar bajo ninguna condición ni con ayuda de nadie. Hablamos del infierno como ese lugar en el que la gente está muriendo debido a la guerra o la hambruna. Pero una definición personal del infierno es algo relativamente nuevo si lo comparamos con el tiempo que ha existido en el imaginario colectivo.
 

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El infierno, proviene del latín infernum o inferus que significa “subterráneo” o “inferior”. El cristianismo es la religión que se ha dado el lujo de añadir características cada vez más temibles al lugar de desdicha y sufrimiento, siendo la Edad Media la época en la que se llegó a un punto máximo de miedo por el averno. Sin embargo, de acuerdo a la investigación de Igor Übelgott, su origen viene de civilizaciones de Medio Oriente como las sumerias, babilónicas, egipcias y hebreas.

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La cosmogonía global tiene por referente la división de la tierra en tres. El gozoso paraíso, la tierra; lugar de tránsito donde nuestro cuerpo carnal queda a disposición de fuerzas mayores o donde nosotros debemos ganarnos el lugar paradisíaco; por último, el inframundo, ese lugar donde acuden las almas en pena.

Pero el averno no siempre había sido considerado un lugar de sufrimiento, antes podía ser simplemente un lugar de tránsito indefinido, así lo veían los hebreos con el Sheol, el Arallu babilonio o el Hades para los griegos. Cerca del siglo V a.C. estos últimos comenzaron a creer en una parte reservada del Hades como un lugar de castigo.

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Sin duda, el pensamiento cristiano fue el que transformó la idea de sufrimiento eterno. Cuando el cristianismo se encontraba en el infierno tenía las mismas características que muchas religiones pasadas. El papa Orígenes intentó establecer que las almas no tuvieran que vivir en sufrimiento por el resto de la eternidad. Pero, fue el filosofo y teólogo San Agustin, quien estableció permanentemente la idea de que si durante tu corta vida no seguías el reglamento cristiano, tu alma estaría condenada al eterno sufrimiento hasta el fin de los tiempos. Fue en su obra Ciudad de Dios en la que justificó el infierno como "reparación infinita del pecado, que es una ofensa infinita contra la bondad divina”.

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El medioevo significó una ruptura con el pensamiento antiguo, mientras el conocimiento y la experimentación continuaban, estaban relegados a los monasterios donde eran celosamente resguardados. Fuera de estos lugares todo conocimiento que no fuera religioso era considerado pecaminoso y por eso la predicación acerca del infierno continuó. Como lo explica el libro Historia de la fealdad a cargo de Umberto Eco:

“La edad media abunda en descripciones de los infiernos y en relatos de viajes infernales, desde La navegación de San Brandán a la Visión de Tundal, de La Babilonia Infernal,de Giacomino de Verona, al Libro de las tres escrituras, de Bonvesin de la Riva. En todos estos, en Virgilio y probablemente también en la tradición árabe se inspirará Dante para escribir su Infierno”.

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Eco incluso menciona el infierno moderno, expuesto por el ateísmo y el nihilismo de Jean Paul Sartre en A puerta cerrada:

“El cual consiste en una habitación de hotel con la luz siempre encendida y la puerta cerrada, donde han de convivir eternamente tres personas que nunca se habían visto. Es imposible escapar a las miradas de otros y se vive tan solo de su desprecio…"

“No hay necesidad de parrillas; el infierno son los Demás”.

Esta invocación de la idea moderna del infierno, a pesar de tener más de cincuenta años, muestra una concepción de una pequeña parte de la población, pues aunque la Iglesia católica ha declarado que cosas como el purgatorio no existen, el papa Benedicto XVI ratificó la existencia del infierno en 2007 diciendo que: “El infierno, del que se habló poco en este tiempo, existe y es eterno”.

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Personal, real o colectivo; el infierno continúa siendo parte de nuestro imaginario. La historia permite conocer cómo ha ido evolucionando a través del tiempo y de las civilizaciones que lo adoptan. En un siglo donde los paradigmas continúan rompiéndose, la visión infernal puede tomar un camino diferente a lo que habíamos visto, sólo falta tiempo para ver cuál será esa carretera que algunos tomaremos un día.


Referencias: