The Falling Man: la historia de la fotografía más dramática del atentado del 11-S

“The Falling Man”, es una fotografía icónica del 11-S que dio la vuelta al mundo. Se trata de un hombre cayendo al vacío como si se tratara de una flecha, en sentido vertical, con la inmensidad del WTC detrás de él. Ésta es su historia.


Al margen de las miles de fotografías y videos que circularon aquél fatídico 11 de septiembre de 2001, mostrando toneladas de hierro y millones de cristales fragmentados seguidos de una enorme nube de polvo, una cruda fotografía de una persona lanzándose al vacío desde lo alto de la Torre Norte del World Trade Center captó la atención del público de las formas más diversas.


Lo que para algunos pareció una imagen llena de morbo y de mal gusto hacia las víctimas, para otros más era un duro pero fiel retrato de la desesperación ante el desastre de un drama por demás humano, que hasta entonces sólo había sido capturado en noticiarios y sitios web con fuego, acero y polvo, elementos fuera de proporciones humanas.


Se trataba de “The Falling Man”, fotografía que dio la vuelta al mundo. Un hombre cayendo al vacío como si se tratara de una flecha, en sentido vertical, con la inmensidad del WTC detrás de él. Ésta es su historia:



El hombre cayendo al abismo


Richard Drew, fotoperiodista de Associated Press, dedicaba la mañana del 11 de septiembre a fotografiar en Bryant Park, un pequeño parque enclavado en Midtown Manhattan, el corazón de Nueva York. No sabía que a unos kilómetros al sur, el distrito financiero de la Gran Manzana sería escenario de un acto terrorista que habría de introducir al vertiginoso siglo XXI en la escena geopolítica mundial.


Richard Drew en entrevista para Thelegraph una década después del atentado.


Durante la sesión de fotografías, Drew escuchó de primera mano la sorpresa de un colega de CNN que daba la primicia al resto de reporteros gráficos: un avión acababa de estrellarse con la Torre Norte del WTC. Sin pensarlo demasiado, decidió tomar el metro más cercano en dirección al sur para acercarse lo más posible al lugar de los hechos.



Ante el desconcierto generalizado y la imposibilidad de avanzar más, Drew salió del subtérraneo en Chambers Street, a cuatro bloques del sitio donde solían estar las dos torres principales del World Trade Center. En ese momento, comenzó a disparar a través de su lente de 200mm hacia lo que quedaba de la Torre Sur.


“The Falling Man” fue retomada en la página 7 del New York Times ante la condena de miles de neoyorquinos indignados por el poderío de la fotografía . El pie de foto no aportaba mayor información de lo que la propia imagen.


Desde entonces, la búsqueda de la persona que protagoniza la fotografía ha sido retomada en distintas ocasiones sin obtener una respuesta definitiva. El intento más conocido es el que realizó el diario canadiense The Toronto Globe, cuando asignó al periodista Peter Cheney la misión de averiguar quién de las 2 mil 992 personas que fallecieron en el 11-S decidió saltar al vacío mientras el edificio se consumía en las llamas.



Después de realizar distintas entrevistas, rastrear en las publicaciones y bitácoras de entrada quiénes se hallaban en el complejo al momento del ataque, el periodista creyó tener la certeza de que aquella persona se trataba de Norberto Hernández, un hombre latino que vivía en Queens y que se encontraba en el restaurante Windows of The World durante el incidente, en el piso 106 ò 107 de la Torre Norte del WTC.


Convencido, decidió rastrear a su familia, obteniendo distintas respuestas. Así llegó hasta Tino y Milagros, hermanos de Norberto, quienes después de conocer la hipótesis afirmaron que se trataba de su hermano. No obstante, esta versión no fue del todo respaldada por la familia Hernández. Cuando Cheney apareció en el funeral –poco tiempo después de que se confirmara con pruebas de ADN que Norberto había muerto fuera de la Torre Norte– ante la negativa de su esposa e hijos de reunirse con él, Jacqueline Hernández, la menor de sus tres hijos, puso un punto final a la investigación al responder enérgicamente «esa mierda no es mi padre».