Lo que no sabías del vudú, el instrumento mágico-religioso que libera el alma

Viernes, 16 de marzo de 2018 12:51

|Esteban López Guevara
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La práctica del vudú haitiano resalta la disconformidad con el sistema de Occidente y revela sus propios propósitos

El orbe de los demonios, conjuros y la magia no es nada nuevo. No es gratuito que desde la Edad Media ya se creyera en zombis, por ejemplo. Pero ¿cómo este universo sobrehumano se entrelaza al origen y consolidación de una nación? La práctica de las artes místicas y el esoterismo es un tema que ha sido comúnmente relacionado a manifestaciones paganas y oscuras que ciernen su énfasis sobre demonios y espíritus, muchas veces (y sobretodo) malignos, que procuraban algún tipo de favor sobre los individuos quienes los convocaban. Así, un gran número civilizaciones no occidentales y del Nuevo Mundo han tenido que lidiar con esta interpretación ajena de su cultura y su naturaleza mágico-religioso que algunos antropólogos, historiadores e investigadores de estos temas, sostienen, probablemente sea falso o parte de un fenómeno de mayor alcance y significancia.


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Ya el séptimo arte, desde hace buen tiempo, ha demostrado su capacidad para construir universos y realidades fantásticas que incidan en la interpretación y entendimiento del mundo por parte del espectador. Gran parte del cine de ciencia ficción y sobrenatural ha usado para su beneficio esta exotización de lo desconocido para crear tipos lógicos (falacias) de poblaciones y sus atributos particulares. Por otro lado, intereses políticos y económicos de grupos de poder han procurado estigmatizar y satanizar distintas representaciones religiosas por temor al poder de su cosmovisión. Sin embargo, es importante destacar la esencial función social que tuvieron (y tienen) estos rituales a través de una comprensión socio-histórica.


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Foto: ABC News


Haití y el vudú, de esta forma, se presentan como un claro ejemplo de esta construcción social sesgada del otro. Para Millery Polyné, profesor haitiano-estadunidense de la Escuela Gallatin de la Universidad de Nueva York, se incurre en un error al sintetizar la práctica vudú como una ciencia ocultista, ya que incluso esta ideología religiosa se sustenta en el monoteísmo católico. El vudú en el Caribe, señala, ocurre en un momento de migración de población esclava africana hacia el Nuevo Mundo entre los siglos XVII y XVIII, lo que inició un sincretismo entre el panteísmo africano y el monoteísmo cristiano francés. A partir de ese siglo el vudú comenzó a utilizarse como una forma ritual de separación de la mente y el cuerpo, debido a las brutales agresiones de los colonos sobre sus siervos. Esta liberación de lo intangible (el alma) sobre lo tangible (el cuerpo humano) caló también, con transcurso de los siglos siguientes, en su conciencia y más allá de la posición que los cuerpos de los colonizados y esclavos ocupaban en este régimen, la emancipación de sus mentes logró alzarse como un arma social revolucionaria. Elizabeth McAlister, profesora de la Universidad Wesleyan, sugiere que este fenómeno fue una de las causas de la revolución independentista haitiana a inicios del siglo XIX.

A comienzos del siglo XX las pretensiones americanas de invasión amenazaron con más intensidad la soberanía ganada por los haitianos el siglo anterior. Emprendieron una ardua batalla con el objetivo de crear sensaciones de rechazo hacia el vudú, deconstruyendo su concepto y haciéndolo parecer como algo demoniaco y sus fieles retratados como caníbales y en constante estado de trance. Películas como White Zombie (Victor Halperin, 1932) o King of the Zombies (Jean Yarbrough, 1941) expondrían personajes blancos siendo llevados con engaños o por el azar a parajes del Caribe donde son víctimas de peripecias ocasionadas por los locales negros. Esta instrumentalización política para reinterpretar el vudú permitió una amplia aprobación entre los ciudadanos americanos y del mundo para la toma de posesión sobre los territorios de países considerados tercermundistas (y peligrosos).



A pesar de que todo pareciera una confabulación para tergiversar la apreciación de la cultura afroantillana, Arnold Antonin, director documentalista haitiano, asevera: “Pero es cuando todo parece estar claro, para nosotros los haitianos, que uno se da cuenta de que los límites no son tan evidentes (…) La frontera entre la realidad y el sueño, lo mágico y lo natural, lo tangible y lo invisible, lo tangible y lo metafísico, el mundo de los muertos y el mundo de los vivos se desvanece por completo en nuestra vida diaria. Todas estas dimensiones se viven amalgamadas o en el mismo grado en la vida cotidiana”. Haití en la actualidad es uno de los países más pobres de la región, donde el 20 % más desfavorecido acumula 1 % de la riqueza, mientras que el 20 % opuesto obtiene 64 %, por lo que la deficiencia e incapacidad estatal para el control del comportamiento cívico y la justicia social no debería llamar la atención. Es en este contexto donde la comunidad haitiana practicante del vudú cobra relevancia como agente activo para asegurar la continuidad del orden social a través de sus prácticas cotidianas, como son sus rituales y pócimas hechas de extraños ingredientes orgánicos.

Mireille Ain, sacerdotisa haitiana, asevera que la zombificación es un tipo de muerte civil, en la que al acusado se lo prepara para el tránsito de la vida-muerte-vida sin consciencia, como una hipnosis lúcida y sólo al servicio de su amo, como esclavos modernos. Existen muchas discrepancias respecto a cuáles son los pasos a seguir para esta zombificación y lo que verdaderamente representa. Ain comenta que primero pasan por un ritual funerario en el que, aún lúcidos, son enterrados bajo tierra y es la oscuridad y el miedo lo que domestica su alma. Asimismo, al desenterrarlo, deben hacer un rito de paso para que el barón Samedi, el loa de la muerte, intermediario entre la tierra y dios, permita esta dinámica ritual. Para Philip Charlier, autor del libro Zombies: una investigación de los muertos vivientes, esta ceremonia vudú deja en tal grado de letargo a la persona que olvida quién es, olvida a su familia y todo símbolo identitario es perdido. Sin embargo todo esta performance forma parte de los hechizos vudú.


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La cultura vudú en Haití, lejos de pertenecer a la órbita de la ciencia ficción o a lo fantástico, se articula en una cosmovisión que no puede ser entendida desde los parámetros occidentales, ya que desde este punto de vista sus saberes han sido mancillados y difamados. Podría dársele otra acepción realista-mística (o mágica) para comprender cómo la apropiación de este sincretismo religioso africano-católico ha sido transversal a sucesos históricos, políticos y sociales que han sido hitos importantes en la vida de su nación. Quizá sea sustancial apreciar la película-documental The Serpent and the Rainbow, basada en la etnografía del botánico Wade Davis en Haití, para resolver los misterios que quedan de por medio (o ampliar las interrogantes que nos quedan).

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El componente mestizo en el contexto de lo mágico-religioso también forma parte importante del sur de Estados Unidos, en Nueva Orleans, donde habitó la reina del vudú que hechizó la ciudad entera con magia negra.

REFERENCIAS:
Esteban López Guevara

Esteban López Guevara


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