10 poemas de Pablo Neruda que dan directo en el corazón

Martes, 14 de noviembre de 2017 17:33

|J Cesar

Pablo Neruda, poeta chileno, es uno de los símbolos más grandes de lo que en Latinoamérica significa la poesía. Neruda es poesía.


"¿Qué es poesía? dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? Poesía... eres tú".

Gustavo Adolfo Bécquer

Siempre preguntamos como niños llenos de mocos ¿Qué es poesía? Es una pregunta difícil de contestar, y se siguen a ésta algunas como ¿Dónde hay poesía? ¿Cómo es? ¿Se ve?, aún más.

Tratadistas y teóricos pueden hablar de poética, de métrica, de aforismos, de figuras, sinestesias y rimas; y efectivamente, eso es poesía... Tanto como lo es el sentir que las sílabas rebotan, una tras otra en la consciencia, en el lugar de las quimeras donde no se sabe que tan cerca del "demiurgo platónico" se crean y recrean para imaginar lo que para uno significa lo poético.

Dejemos de lado los tratados de poesía, y entremos al espacio donde como en el estío que llega, se anuncia que la vida gira en torno a dos cosas: al amor, y a las demás insignificancias que dicen importar en la vigilia del existir. El sueño es amor, la vigilia, la sala de espera para pasar por el umbral que lo condensa todo en unas atiborradas ganas de ser con el otro un fin, donde, como en la muerte, no cambia nada. En la muerte no transcurre nada. El amor es querer que el árbol no mude de prendas, es desear que suceda y cuando pase, morir.


Muere lentamente, Pablo Neruda por culturacolectiva


La poesía, es cincel y piedra del tiempo, es lo único que puede desgarrar al tiempo, decirle "no sucedas". Es testimonio incompleto, pero fiel de lo que sigue siendo, si no aquí... allá. Otro ha cruzado el umbral y no imagina la salida ni la forma de ésta. Por lo pronto, a ti te queda la piedra, que como monolito entre la hierba, te recuerda que alguna vez pasaste por ahí, que cruzaste el umbral y que quizá... sólo quizá, nunca más vuelvas a pasar.

(quizá).

Y como piedras en el camino, la poesía reproduce -sólo por un instante - lo que fue en ella, lo que no pudo salir de otra forma del ser, del cuerpo, de la boca del poeta, de Pablo Neruda.

Pablo Neruda, poeta chileno, es uno de los símbolos más grandes de lo que en Latinoamérica significa la poesía. Neruda es poesía.

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto - nombre de nacimiento del poeta -, despunta como autor a la edad de 19 años, cuando publica la que sigue siendo la obra más popular de su producción literaria: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Este libro, es el espacio que vio nacer el texto más recitado de Neruda; para no perder la costumbre, abre esta lista de los 10 mejores poemas de Neruda.

Porque Neruda sigue siendo poesía.

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Soneto 45

No estés lejos de mí un sólo día, porque cómo,

porque, no sé decírtelo, es largo el día,

y te estaré esperando como en las estaciones

cuando en alguna parte se durmieron los trenes.

No te vayas por una hora porque entonces

en esa hora se juntan las gotas del desvelo

y tal vez todo el humo que anda buscando casa

venga a matar aún mi corazón perdido.

Ay que no se quebrante tu silueta en la arena,

ay que no vuelen tus párpados en la ausencia:

no te vayas por un minuto, bienamada,

porque en ese minuto te habrás ido tan lejos

que yo cruzaré toda la tierra preguntando

si volverás o si me dejarás muriendo.

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Si tú me olvidas

Quiero que sepas

una cosa.

Tú sabes cómo es esto:

si miro

la luna de cristal, la rama roja

del lento otoño en mi ventana,

si toco

junto al fuego

la impalpable ceniza

o el arrugado cuerpo de la leña,

todo me lleva a ti,

como si todo lo que existe,

aromas, luz, metales,

fueran pequeños barcos que navegan

hacia las islas tuyas que me aguardan.

Ahora bien,

si poco a poco dejas de quererme

dejaré de quererte poco a poco.

Si de pronto

me olvidas

no me busques,

que ya te habré olvidado.

Si consideras largo y loco

el viento de banderas

que pasa por mi vida

y te decides

a dejarme a la orilla

del corazón en que tengo raíces,

piensa

que en ese día,

a esa hora

levantaré los brazos

y saldrán mis raíces

a buscar otra tierra.

Pero

si cada día,

cada hora

sientes que a mí estás destinada

con dulzura implacable.

Si cada día sube

una flor a tus labios a buscarme,

ay amor mío, ay mía,

en mí todo ese fuego se repite,

en mí nada se apaga ni se olvida,

mi amor se nutre de tu amor, amada,

y mientras vivas estará en tus brazos

sin salir de los míos.

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12

Para mi corazón basta tu pecho,

para tu libertad bastan mis alas.

Desde mi boca llegará hasta el cielo

lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.

Llegas como el rocío a las corolas.

Socavas el horizonte con tu ausencia.

Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento

como los pinos y como los mástiles.

Como ellos eres alta y taciturna.

Y entristeces de pronto, como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.

Te pueblan ecos y voces nostálgicas.

Yo desperté y a veces emigran y huyen

pájaros que dormían en tu alma.

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15

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,

y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.

Parece que los ojos se te hubieran volado

y parece que un beso te cerrara la boca.Como todas las cosas están llenas de mi alma

emerges de las cosas, llena del alma mía.

Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,

y te pareces a la palabra melancolía.Me gustas cuando callas y estás como distante.

Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.

Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:

déjame que me calle con el silencio tuyo.Déjame que te hable también con tu silencio

claro como una lámpara, simple como un anillo.

Eres como la noche, callada y constelada.

Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.Me gustas cuando callas porque estás como ausente.

Distante y dolorosa como si hubieras muerto.

Una palabra entonces, una sonrisa bastan.

Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

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Soneto 22

Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,

sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,

en regiones contrarias, en un mediodía quemante:

eras sólo el aroma de los cereales que amo.

Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa

en Angola, a la luz de la luna de Junio,

o eras tú la cintura de aquella guitarra

que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido.

Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.

En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.

Pero yo ya sabía cómo era. De pronto

mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:

frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.

Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.

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Soneto 93

Si alguna vez tu pecho se detiene,

si algo deja de andar ardiendo por tus venas,

si tu voz en tu boca se va sin ser palabra,

si tus manos se olvidan de volar y se duermen,

Matilde, amor, deja tus labios entreabiertos

porque ese último beso debe durar conmigo,

debe quedar inmóvil para siempre en tu boca

para que así también me acompañe en mi muerte.

Me moriré besando tu loca boca fría,

abrazando el racimo perdido de tu cuerpo,

y buscando la luz de tus ojos cerrados.

Y así cuando la tierra reciba nuestro abrazo

iremos confundidos en una sola muerte

a vivir para siempre la eternidad de un beso.

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10

ESCLAVA mía, témeme. Ámame. Esclava mía!

Soy contigo el ocaso más vasto de mi cielo,

y en él despunta mi alma como una estrella fría.

Cuando de ti se alejan vuelven a mí mis pasos.

Mi propio latigazo cae sobre mi vida.

Eres lo que está dentro de mí y está lejano.

Huyendo como un coro de nieblas perseguidas.

Junto a mí, pero dónde? Lejos, lo que está lejos.

Y lo que estando lejos bajo mis pies camina.

El eco de la voz más allá del silencio.

Y lo que en mi alma crece como el musgo en las ruinas.

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Juntos nosotros

Qué pura eres de sol o de noche caída,

qué triunfal desmedida tu órbita de blanco,

y tu pecho de pan, alto de clima,

tu corona de árboles negros, bienamada,

y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje

que huele a sombra y a precipitada fuga titánica.

Ahora, qué armas espléndidas mis manos,

digna su pala de hueso y su lirio de uñas,

y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma

están situados en lo justo de la fuerza terrestre.

Qué pura mi mirada de nocturna influencia,

caída de ojos oscuros y feroz acicate,

mi simétrica estatua de piernas gemelas

sube hacia estrellas húmedas cada mañana,

y mi boca de exilio muerde la carne y la uva,

mis brazos de varón, mi pecho tatuado

en que penetra el vello como ala de estaño,

mi cara blanca hecha para la profundidad del sol,

mi pelo hecho de ritos, de minerales negros,

mi frente, penetrante como golpe o camino,

mi piel de hijo maduro, destinado al arado,

mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido,

mi lengua amiga blanda del dique y del buque,

mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática,

la piel que hace a mi frente un vacío de hielos

y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados,

y se repliega sobre mi más profundo estimulo,

y crece hacia las rosas en mis dedos,

en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza.

Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo,

como estructura de ala, o comienzos de otoño,

niña, mi partidaria, mi amorosa,

la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados,

dorados como bueyes, y la paloma redonda

hace sus nidos blancos frecuentemente en ti.

Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas,

tu salud de manzana furiosa se estira sin límite,

el tonel temblador en que escucha tu estómago,

tus manos hijas de la harina y del cielo.

Qué parecida eres al más largo beso,

su sacudida fija parece nutrirte,

y su empuje de brasa, de bandera revuelta,

va latiendo en tus dominios y subiendo temblando,

y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos,

y su forma guerrera, su círculo seco,

se desploma de súbito en hilos lineales

como filos de espadas o herencias de humo.

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Soneto 83

Es bueno, amor, sentirte cerca de mí en la noche,

invisible en tu sueño, seriamente nocturna,

mientras yo desenredo mis preocupaciones

como si fueran redes confundidas.

Ausente, por los sueños tu corazón navega,

pero tu cuerpo así abandonado respira

buscándome sin verme, completando mi sueño

como una planta que se duplica en la sombra.

Erguida, serás otra que vivirá mañana,

pero de las fronteras perdidas en la noche,

de este ser y no ser en que nos encontramos

algo queda acercándonos en la luz de la vida

como si el sello de la sombra señalara

con fuego sus secretas criaturas.

***

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