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10 poemas eróticos de autores famosos que harán volar tu imaginación

Letras 10 poemas eróticos de autores famosos que harán volar tu imaginación

La poesía es la mejor forma de expresar tus sentimientos hacia la vida. Muchos escritores han inspirado a otros con sus letras sobre fantasías, amores, errores, conflictos y hasta sus deseos carnales. En este sentido y para entretener tu cuerpo y mente, te presentamos estos 10 poemas eróticos cortos de autores famosos, te harán enfrascarte en el éxtasis.


1.- Dos Cuerpos de Octavio Paz


Dos cuerpos frente a frente 

son a veces dos olas 

y la noche es océano. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son a veces dos piedras 

y la noche desierto. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son a veces raíces 

en la noche enlazadas. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son a veces navajas 

y la noche relámpago. 

 

Dos cuerpos frente a frente 

son dos astros que caen 

en un cielo vacío.


2.- Pienso en ti de César Vallejo

Pienso en tu sexo. 

Simplificado el corazón, pienso en tu sexo, 

ante el hijar maduro del día. 

Palpo el botón de dicha, está en sazón. 

Y muere un sentimiento antiguo 

degenerado en seso. 


Pienso en tu sexo, surco más prolífico 

y armonioso que el vientre de la sombra, 

aunque la muerte concibe y pare 

de Dios mismo. 

Oh Conciencia, 

pienso, si, en el bruto libre 

que goza donde quiere, donde puede. 


Oh escándalo de miel de los crepúsculos. 

Oh estruendo mudo. 


¡Odumodneurtse!


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3.- Cuerpo Luminoso de Mariana Bernárdez


Vienes abriendo el aire a tu paso.

Hay un silencio profundo que trema

en anucio de aquello

que habrá de consumarnos.

Y tiembla el mundo ante una sola certeza

tus labios en fuego dirán palabras de amor

que habrán de inmolar la quietud de tu/mi cuerpo.

4.- Cuerpo a la vista de Octavio Paz

 

Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron un cuerpo:

tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar,

tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas,

tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada,

sitios en donde el tiempo no transcurre,

valles que sólo mis labios conocen,

desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos,

cascada petrificada de la nuca,

alta meseta de tu vientre,

plata sin fin de tu costado.


Tus ojos son los ojos fijos del tigre

y un minuto después son los ojos húmedos del perro.

Siempre hay abejas en tu pelo.


Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos

como la espalda del río a la luz del incendio.


Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla

y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna,

el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises

la noche de los cuerpos,

como la sombra del águila la soledad del páramo.


Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano.

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,

bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,

cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,

boca del horno donde se hacen las hostias,

sonrientes labios entreabiertos y atroces,

nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible

(allí espera la carne su resurrección

y el día de la vida perdurable)

Patria de sangre,

única tierra que conozco y me conoce,

única patria en la que creo,

única puerta al infinito.

5.- Diario de un seductor de Leopoldo María Panero


No es tu sexo lo que en tu sexo busco

sino ensuciar tu alma:

desflorar

con todo el barro de la vida

lo que aún no ha vivido.

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6.- Agua sexual de Pablo Neruda

Rodando a goterones solos,

a gotas como dientes,

a espesos goterones de mermelada y sangre,

rodando a goterones,

cae el agua,

como una espada en gotas,

como un desgarrador río de vidrio,

cae mordiendo,

golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras delalma,

rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

-

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,

un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,

un movimiento agudo,

haciéndose, espesándose,

cae el agua,

a goterones lentos,

hacia su mar, hacia su seco océano,

hacia su ola sin agua.

-

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,

bodegas, cigarras,

poblaciones, estímulos,

habitaciones, niñas

durmiendo con las manos en el corazón,

soñando con bandidos, con incendios,

veo barcos,

veo árboles de médula

erizados como gatos rabiosos,

veo sangre, puñales y medias de mujer,

y pelos de hombre,

veo camas, veo corredores donde grita una virgen,

veo frazadas y órganos y hoteles.

-

Veo los sueños sigilosos,

admito los postreros días,

y también los orígenes, y también los recuerdos,

como un párpado atrozmente levantado a la fuerza

estoy mirando.

-

Y entonces hay este sonido:

un ruido rojo de huesos,

un pegarse de carne,

y piernas amarillas como espigas juntándose.

Yo escucho entre el disparo de los besos,

escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

-

Estoy mirando, oyendo,

con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma

en la tierra,

y con las dos mitades del alma miro al mundo.

-

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,

veo caer un agua sorda,

a goterones sordos.

Es como un huracán de gelatina,

como una catarata de espermas y medusas.

Veo correr un arco iris turbio.

Veo pasar sus aguas a través de los huesos.


7.- Oración de Juan Gelman

Habítame, penétrame.


Sea tu sangre una con mi sangre.


Tu boca entre a mi boca.


Tu corazón agrande el mío hasta estallar.


Desgárrame.


Caigas entera en mis entrañas.


Anden tus manos en mis manos.


Tus pies caminen en mis pies, tus pies.


Árdeme, árdeme.


Cólmeme tu dulzura.


Báñeme tu saliva el paladar.


Estés en mí como está la madera en el palito.


Que ya no puedo así, con esta sed

quemándome.


Con esta sed quemándome.

 

La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos.

8.-  La casada infiel de Federico García Lorca

Y que yo me la llevé al río 

creyendo que era mozuela, 

pero tenía marido. 

 

Fue la noche de Santiago 

y casi por compromiso. 

Se apagaron los faroles 

y se encendieron los grillos. 


En las últimas esquinas 

toqué sus pechos dormidos, 

y se me abrieron de pronto 

como ramos de jacintos. 


El almidón de su enagua 

me sonaba en el oído, 

como una pieza de seda 

rasgada por diez cuchillos. 


Sin luz de plata en sus copas 

los árboles han crecido, 

y un horizonte de perros 

ladra muy lejos del río. 


*  

Pasadas las zarzamoras, 

los juncos y los espinos, 

bajo su mata de pelo 

hice un hoyo sobre el limo. 


Yo me quité la corbata. 


Ella se quitó el vestido. 


Yo el cinturón con revólver. 


Ella sus cuatro corpiños. 


Ni nardos ni caracolas 

tienen el cutis tan fino, 

ni los cristales con luna 

relumbran con ese brillo. 


Sus muslos se me escapaban 

como peces sorprendidos, 

la mitad llenos de lumbre, 

la mitad llenos de frío. 


Aquella noche corrí 

el mejor de los caminos, 

montado en potra de nácar 

sin bridas y sin estribos. 


No quiero decir, por hombre, 

las cosas que ella me dijo. 


La luz del entendimiento 

me hace ser muy comedido. 


Sucia de besos y arena 

yo me la llevé del río. 


Con el aire se batían 

las espadas de los lirios. 

 

Me porté como quien soy. 


Como un gitano legítimo. 


Le regalé un costurero 

grande de raso pajizo, 

y no quise enamorarme 

porque teniendo marido 

me dijo que era mozuela 

cuando la llevaba al río.

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9.- Amantes de Alejandra  Pizarnik

Una flor

no lejos de la noche

mi cuerpo mudo

se abre

a la delicada urgencia del rocío.


10.- Cuerpo de mujer de Pablo Neruda

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava

y hace saltar al hijo del fondo de la tierra.

 

Fui sólo como un túnel. De mí huían los pájaros,

y en mí la noche entraba en su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,

como una flecha en mi arco, como una piedra en

mi honda.

 

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

¡Ah los vasos del pecho! ¡Ah los ojos de ausencia!

¡Ah las rosas del pubis! ¡ Ah tu voz lenta y triste!

 

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue y el dolor infinito.

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Referencias: