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LETRAS

11 poemas cortos para por fin enamorar a la persona que tanto te gusta

Cuando pensaste que agotaste todos los intentos para conseguir un amor, estos poemas cortos te ayudarán a lograrlo.

Esta nota fue publicada originalmente por Alejandro Arroyo el 3 de enero de 2019

Muchas veces encontrar las palabras adecuadas para expresar tus sentimientos hacia la persona que te gusta puede resultar bastante complicado; ser bastante directo podría ahuyentar a tu pretendiente y ser ambiguos ocasionaría una confusión. Sin duda, una declaración de amor es un momento determinante, así que aquí te presentamos once poemas cortos que te ayudarán decir lo que sientes por esa persona especial.

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Perdóname si soy una sombra que te sigue toda la semana, que además atraviesa la ciudad entera a las seis de la mañana para hacer coincidir el camino a tu destino matutino, porque el mío, estoy seguro, eres tú. ¿Que cómo estoy seguro de eso? Porque las estrellas me revelaron tu nombre cuando todo era oscuridad y agonía. Y tus ojos me guiaron, me sacaron de ese laberinto de vicios y falsos pasos.

Mi indulgente corazón está esperando. Quiero pensar que aún no llegas porque tu labor de escribir todo el día agota tu vista y cuando sales a la realidad sin tus lentes de trabajo, todo parece borroso y sin brillo, incluyéndome a mí, que se para frente a ti con la mejor sonrisa de su repertorio y un ramo de rosas con tu nombre.

No te culpo, sé lo que es estar todo el día frente a una pantalla, y cuando por fin te logras desprender de ella, se busca la oscuridad como descanso. El problema, lo sé, es que soy todo luz. Tu existencia me ilumina y como ser fluorescente, mientras más me cargue de ti, más intensa será mi imagen y mi amor.


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¿Cómo podría remediar este problema? Te necesito a ti para existir de manera ordenada, pero es tu misma energía la que provoca nuestro distanciamiento. Entonces tengo que recurrir, amada mía, a la poesía. Espero que estos versos sean suficientes para alcanzar tu alma y lograr que un día descanses lo suficiente para que me veas como soy: tu astro.

Pedro Salinas, Perdóname por ir así buscándote

Perdóname por ir así buscándote

tan torpemente, dentro 

de ti. 

Perdóname el dolor, alguna vez. 

Es que quiero sacar

de ti tu mejor tú. 

Ese que no te viste y que yo veo, 

nadador por tu fondo, preciosísimo. 

Y cogerlo 

y tenerlo yo en alto como tiene 

el árbol la luz última 

que le ha encontrado al sol.

Y entonces tú 

en su busca vendrías, a lo alto. 

Para llegar a él 

subida sobre ti, como te quiero, 

tocando ya tan sólo a tu pasado

con las puntas rosadas de tus pies, 

en tensión todo el cuerpo, ya ascendiendo 

de ti a ti misma. 

Y que a mi amor entonces le conteste 

la nueva criatura que tú eras.

Jaime Sabines, Tú tienes lo que busco

Tú tienes lo que busco, lo que deseo, lo que amo,

tú lo tienes. 

El puño de mi corazón está golpeando, llamando. 

Te agradezco a los cuentos, 

doy gracias a tu madre y a tu padre, 

y a la muerte que no te ha visto. 

Te agradezco al aire. 

Eres esbelta como el trigo, frágil como la línea de tu cuerpo. 

Nunca he amado a una mujer delgada pero tú has enamorado mis manos, ataste mi deseo, 

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cogiste mis ojos como dos peces. 

Por eso estoy a tu puerta, esperando.

Alejandra Pizarnik, Diarios (fragmento)

«En tus ojos encuentro mi persona
súbitamente reconstruida.

 En tus ojos se acumulan mis fragmentos
que se unen apenas me miras.

 En tus ojos vivo una vida de aire puro,
de respiración fiel.

 En tus ojos no necesito del conocimiento,
 no necesito del lenguaje».

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Juan Gelman, Alza tus brazos...

Alza tus brazos,
ellos encierran a la noche,
desátala sobre mi sed,
tambor, tambor, mi fuego.

Que la noche nos cubra con una campana,
que suene suavemente a cada golpe del amor.

Entiérrame la sombra, lávame con ceniza,
cávame del dolor, límpiame el aire:
yo quiero amarte libre.

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Tú destruyes el mundo para que esto suceda,
tú comienzas el mundo para que esto suceda.

Pastor Cervera Rosado, Tan conmigo

Yo siempre soy aquel que te adoró
con un amor constante,
yo siempre soy quien loco de pasión
te evoca a cada instante.

Tú eres, mujer, la hiedra de mi alma
que avasalla mi fe,
que sin saber por qué
te adueñas de mi vida.

No puedo comprender que adorándote así
dejes sangrar la herida,
y sin embargo en vez de borrar
de mi mente tu imagen,
la llevo tan conmigo
que pienso que sería más fácil
morir que dejar de adorarte.

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Rubén Bonifaz Nuño, Centímetro a centímetro

Piel, cabello, ternura, olor, palabras,
mi amor te va tocando.

Voy descubriendo a diario, convenciéndome
de que estás junto a mí, de que es posible
y cierto; que no eres,
ya, la felicidad imaginada,
sino la dicha permanente,
hallada, concretísima; el abierto
aire total en que me pierdo y gano.

Y después, qué delicia
la de ponerme lejos nuevamente.
Mirarte como antes
y llamarte de “usted”, para que sientas
que no es verdad que te haya conseguido;
que sigues siendo tú, la inalcanzada;
que hay muchas cosas tuyas
que no puedo tener.

Ángel González, Mientras tú existas

Mientras tú existas, 
mientras mi mirada 
te busque más allá de las colinas, 
mientras nada 
me llene el corazón, 
si no es tu imagen, y haya 
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada 
por una luz cualquiera...

Mientras 
yo presienta que eres y te llamas 
así, con ese nombre tuyo 
tan pequeño, 
seguiré como ahora, amada 
mía, 
transido de distancia, 
bajo ese amor que crece y no se muere, 
bajo ese amor que sigue y nunca acaba".

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Julio Cortázar, Una carta de amor

Todo lo que de vos quisiera
es tan poco en el fondo
porque en el fondo es todo.

Como un perro que pasa, una colina,
esas cosas de nada, cotidianas,
espiga y cabellera y dos terrones,
el olor de tu cuerpo,
lo que decís de cualquier cosa,
conmigo o contra mía.

Que mires más allá de mí,
que me ames con violenta prescindencia
del mañana, que el grito
de tu entrega se estrelle
en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos
sea otro signo de la libertad.

Juan Gelman, Oración

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una como mi sangre.
Tu boca entre a mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar.
Desgárrame.
Caigas entera en mis entrañas.
Anden tus manos en mis manos.
Tus pies caminen en mis pies, tus pies.
Árdeme, árdeme.
Cólmeme tu dulzura.
Báñeme tu saliva el paladar.
Estés en mí como está la madera en el palito.
Que ya no puedo así, con esta sed
quemándome.

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Con esta sed quemándome.

Pedro Salinas, Razón de amor

¡Cómo me dejas que te piense!
Pensar en ti no lo hago solo, yo.
Pensar en ti es tenerte,
como el desnudo cuerpo ante los besos,
toda ante mí, entregada.

Siento cómo te das a mi memoria,
cómo te rindes al pensar ardiente,
tu gran consentimiento en la distancia,
y más que consentir, más que entregarte,
me ayudas, vienes hasta mí, me enseñas
recuerdos en escorzo, me haces señas
con las delicias, vivas, del pasado,
invitándome.

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Me dices desde allá
que hagamos lo que quiero
unirnos al pensarte,
y entramos por el beso que me abres,
y pensamos en ti, los dos, yo solo.

Ángel González, Me basta así

Si yo fuera Dios y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría (a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir: con la boca),
y si ese sabor fuese igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera de sonreír,
y de guardar silencio, y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso.

Ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra.
Escucho tu silencio. oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta".

Para completar tu repertorio de conquista, tal vez necesitas recurrir al maestro de la poesía amorosa.

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