Letras

20 poemas latinoamericanos para dedicarle al amor de tu vida

Letras 20 poemas latinoamericanos para dedicarle al amor de tu vida


Cuando las palabras faltan para describir lo que sentimos y nos roba toda la atención, cuando somos incapaces de describir aquel fuego en nuestro interior que nos llena de vida, siempre podemos recurrir a los escritores que han trascendido la historia con el eco de sus palabras.

Sea el amor, el desamor, la esperanza o las emociones que surgen de nuestro interior hemos de admitir que encontramos cierta paz y tranquilidad al leer algo con lo cual nos podemos identificar. Y es que hallar en las palabras los pensamientos que nublan nuestra mente y verlos a éstos acomodados en un sentido que nuestra cabeza desconoce, es reconfortante. En la historia de la literatura, específicamente la poesía, Latinoamérica ha sido cuna de algunos de los versos más bellos, nacidos desde el fulgor explosivo de los corazones de hombres y mujeres que han dejado parte de si en las palabras impresas y vueltas a imprimir.

En aras de honrar a aquellos que han reafirmado lo más bello del ser humano y de darte los versos que en este momento necesitas, te compartimos una serie de 20 poemas latinoamericanos para dedicar a esa persona especial.

poemas latinoamericanos

Punto y Coma
Mónica Lavín

Sedúceme con tus comas, con tus caricias espaciadas, tu aliento respirable y tus atrevimientos continuos; colócame el punto y cima para cambiar las caricias por largos besos y frases susurradas boca a boca. Haz un punto y seguido para deslizarte en mí y contemplar mi desnudez sobre tu cama, ahora interrumpe con guiones para soltar un halago sobre mi cuerpo y su huella en el tuyo – recorrer con la mirada el talle y el hundimiento en la cintura, el ascenso en la cadera, la larga prolongación de las piernas rematadas por un pie que no resistes besar -. Embísteme sin mi rechazo y tortúrame con la altivez de tu deseo arrastrándome muy lejos (al borde del abismo entre paréntesis y sin comas por favor), ahora desenvaina tus puntos suspensivos… - Maldito trío de puntos – ese espacio sin nombre no se alcanza.

Un punto y aparte para calmar el temblor de mi cuerpo y sonreírte al mismo tiempo que me das de beber el vino espumoso en una copa. Borro mis interrogaciones. Toda una antesala para retomar tus comas y regalarme la humedad de tu boca y la suavidad de tu respiración en mis orejas, cuello, nuca, hombros; atacar con puntos y comas nuevamente para buscar con tu dedo un clítoris congestionado, pasar tu lengua entre los labios escondidos y saborear mis secreciones – robármelas entre guiones - y atizar de nuevo en mi centro ardiente ocupándolo, sosteniendo el ascenso ¡Inminente! con signos de exclamación, la eyaculación inevitable… hasta acabar con los puntos suspensivos y vaciarte todo en mí y desplomarte extenuado, aliviado y amoroso en mi cuerpo complacido.

De nuevo un punto y aparte para dormir sobre mi pecho y pone punto final al entrecomillado “acto” que en este caso es un hecho amoroso sin ningún viso de actuación.

Si estoy equivocada, felicito tu dominio de la puntuación.

Punto final.

***

Ausente
César Vallejo

¡Ausente! La mañana en que me vaya

más lejos de lo lejos, al Misterio,

como siguiendo inevitable raya,

tus pies resbalarán al cementerio.

¡Ausente! La mañana en que a la playa

del mar de sombra y del callado imperio,

como un pájaro lúgubre me vaya,

será el blanco panteón tu cautiverio.

Se habrá hecho de noche en tus miradas;

y sufrirás, y tomarás entonces

penitentes blancuras laceradas.

¡Ausente! Y en tus propios sufrimientos

ha de cruzar entre un llorar de bronces

una jauría de remordimientos!

***

 

Bellísima
Eduardo Lizalde

 

Y si uno de esos ángeles

me estrechara de pronto sobre su corazón,

yo sucumbiría ahogado por su existencia

más poderosa

Rilke, de nuevo


Óigame usted, bellísima,

no soporto su amor.

Míreme, observe de qué modo

su amor daña y destruye.

Si fuera usted un poco menos bella,

si tuviera un defecto en algún sitio,

un dedo mutilado y evidente,

alguna cosa ríspida en la voz,

una pequeña cicatriz junto a esos labios

de fruta en movimiento,

una peca en el alma,

una mala pincelada imperceptible

en la sonrisa…

yo podría tolerarla.

***


Despedida
Jorge Luis Borges

Entre mi amor y yo han de levantarse

trescientas noches como trescientas paredes

y el mar será una magia entre nosotros.

No habrá sino recuerdos.

Oh tardes merecidas por la pena,

noches esperanzadas de mirarte,

campos de mi camino, firmamento

que estoy viendo y perdiendo…

Definitiva como un mármol

entristecerá tu ausencia otras tardes.

[ Poemas de Jorge Luis Borges ]

***


Y el pan nuestro
Juan Carlos Onetti

Sólo conozco de ti

la sonrisa gioconda

con labios separados

el misterio

mi terca obsesión

de desvelarlo

y avanzar porfiado

y sorprendido

tanteando tu pasado

Sólo conozco

la dulce leche de tus dientes

la leche plácida y burlona

que me separa

y para siempre

del paraíso imaginado

del imposible mañana

de paz y dicha silenciosa

de abrigo y pan compartido

de algún objeto cotidiano

que yo pudiera llamar

nuestro.

***

poemas latinoamericanos

Eres, amor
Efraín Huerta

Eres, amor, el brazo con heridas

y la pisada en falso sobre un cielo.

Eres el que se duerme, solitario,

en el pequeño bosque de mi pecho.

Eres, amor, la flor del falso nombre.

Eres el viejo llanto y la tristeza,

la soledad y el río de la virtud,

el brutal aletazo del insomnio

y el sacrificio de una noche ciega.

Eres, amor, la flor del falso nombre,

Eres un frágil nido, recinto de veneno,

despiadada piedad, ángel caído,

enlutado candor de adolescencia

que hubiese transcurrido como un sueño.

Eres, amor la flor del falso nombre.

Eres lo que me mata, lo que ahoga

el pequeño ideal de ir viviendo.

Eres desesperanza, triste estatua

de polvo nada más, de envidia sorda.

Eres, amor, la flor del falso nombre.

***


Una carta de amor
Julio Cortázar

Todo lo que de vos quisiera

es tan poco en el fondo

porque en el fondo es todo,

como un perro que pasa, una colina,

esas cosas de nada, cotidianas,

espiga y cabellera y dos terrones,

el olor de tu cuerpo,

lo que decís de cualquier cosa,

conmigo o contra mía,

todo eso es tan poco

yo lo que quiero de vos porque te quiero.

Que mires más allá de mí,

que me ames con violenta prescindencia

del mañana, que el grito

de tu entrega se estrelle

en la cara de un jefe de oficina,

y que el placer que juntos inventamos

sea otro signo de libertad.

***


Táctica y estrategia
Mario Benedetti

Mi táctica es

mirarte

aprender como sos

quererte como sos

mi táctica es

hablarte

y escucharte

construir con palabras

un puente indestructible

mi táctica es

quedarme en tu recuerdo

no sé cómo

ni sé

con qué pretexto

pero quedarme en vos

mi táctica es

ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos

simulacros

para que entre los dos

no haya telón

ni abismos

mi estrategia es

en cambio

más profunda y más simple

mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo

ni sé

con qué pretexto

por fin

me necesites.

***


Mía
Rubén Darío

Mía: así te llamas.

¿Qué más armonía?

Mía: luz del día;

mía: rosas, llamas.

¡Qué aroma derramas

en el alma mía

si sé que me amas!

¡Oh Mía! ¡Oh Mía!

Tu sexo fundiste

con mi sexo fuerte,

fundiendo dos bronces.

Yo triste, tú triste…

¿No has de ser entonces

mía hasta la muerte?

***


Ausencia de amor
Juan Gelman

Cómo será pregunto

Cómo será tocarte a mi costado.

Ando de loco por el aire

que ando que no ando.

Cómo será acostarme

en tu país de pechos tan lejano.

Ando de pobrecristo a tu recuerdo

clavado, reclavado.

Será ya como sea.

Tal vez me estalle en el cuerpo todo

lo que he esperado

Me comerás entonces dulcemente pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.

Tu pie. Tu mano.

***

Beso amor pareja

Yo pienso en ti
José Batres Montúfar

 

Yo pienso en ti, tú vives en mi mente

sola, fija, sin tregua, a toda hora,

aunque tal vez el rostro indiferente

no deje reflejar sobre mi frente

la llama que en silencio me devora.

En mi lobrega y yerta fantasía

brilla tu imagen apacible y pura,

como el rayo de luz que el sol envía

a través de una bóveda sombría

al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,

mi corazón se embarga y se enajena

y allá en su centro vibra moribundo

cuando entre el vano estrépito del mundo

la melodía de tu nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,

sin agitarme en ciego frenesí,

sin proferir un solo, un leve acento,

las largas horas de la noche cuento

¡y pienso en ti!

***


Estudio
Carlos Pellicer

Apenas te conozco y ya me digo:

¿Nunca sabrá que su persona exalta

todo lo que hay en mí de sangre y fuego?

¡Como si fuese mucho

esperar unos días -¿muchos, pocos?-

porque toda esperanza

parece mar del Sur, profunda, larga!

Y porque siempre somos

frutos de la impaciencia bosque todos.

Apenas te conozco y ya arrasé

ciudades, nubes y paisajes viajes,

y atónito, descubro de repente

que dentro estoy de la piedra presente

y que en el cielo aún no hay un celaje.

Cómo serán estas palabras, nuevas,

cuando ya junto a ti, salgan volando

y en el acento de tus manos vea

el límite inefable del espacio.

***


Volverlo a ver
Gabriela Mistral

¿Y nunca, nunca más, ni en noches llenas

de temblor de astros, ni en las alboradas

vírgenes, ni en las tardes inmoladas?

¿Al margen de ningún sendero pálido,

que ciñe el campo, al margen de ninguna

fontana trémula, blanca de luna?

¿Bajo las trenzaduras de la selva,

donde llamándolo me ha anochecido,

ni en la gruta que vuelve mi alarido?

¡Oh no,! ¡Volverlo a ver, no importa dónde,

en remansos de cielo o en vórtice hervidor,

bajo unas lunas plácidas o en un cárdeno horror!

¡Y ser con él todas las primaveras

y los inviernos, en un angustiado

nudo, en torno a su cuello ensangrentado!

***

 

Te quiero porque tienes…
Jaime Sabines

Te quiero porque tienes

las partes de la mujer en el lugar preciso

y estás completa.

No te falta ni un pétalo,

ni un olor, ni una sombra.

Colocada en tu alma,

dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo,

leche de luna en las oscuras hojas.

Quizás me ves,

tal vez, acaso un día,

en una lámpara apagada,

en un rincón del cuarto donde duermes,

soy la mancha, un punto en la pared,

alguna raya que tus ojos, sin ti,

se quedan viendo.

Quizás me reconoces

como una hora antigua

cuando a solas preguntas, te interrogas

con el cuerpo cerrado y sin respuesta.

Soy una cicatriz que ya no existe,

un beso ya lavado por el tiempo,

un amor y otro amor que ya enterraste.

Pero estás en mis manos y me tienes

y en tus manos estoy, brasa, ceniza,

para secar tus lágrimas que lloro.

¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras

me dirás que te amo? Esto es urgente

porque la eternidad se nos acaba.

Recoge mi cabeza. Guarda el brazo

con que amé tu cintura. No me dejes

en medio de tu sangre en esa toalla.

Poemas de Jaime Sabines para enamorar a la mujer indicada ]

***


A Leonor
Amado Nervo

 

Tu cabellera es negra como el ala

del misterio; tan negra como un lóbrego

jamás, como un adiós, como un <¡quién sabe!>

Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!

 

Tus ojos son dos magos pensativos,

dos esfinges que duermen en la sombra,

dos enigmas muy bellos… pero hay algo,

pero hay algo más bello aún: tu boca.

 

Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente

para el amor, para la cálida

comunión del amor, tu boca joven;

pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!

Tu alma recogida, silenciosa,

de piedades tan hondas como el piélago,

de ternuras tan hondas…

Pero hay algo,

pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!

***

Couple kiss cute


Poema 14
Pablo Neruda

Juegas todos los días con la luz del universo.

Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua.

Eres más que esta blanca cabecita que aprieto

como un racimo entre mis manos cada día.

A nadie te pareces desde que yo te amo.

Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas.

¿Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del  sur?

Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías.

De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada.

El cielo es una red cuajada de peces sombríos.

Aquí vienen a dar todos los vientos, todos.

Se desviste la lluvia.

Pasan huyendo los pájaros.

El viento. El viento.

Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres.

El temporal arremolina hojas oscuras

y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo.

Tú estás aquí. Ah tú no huyes.

Tú me responderás hasta el último grito.

Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo.

Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos.

Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas,

y tienes hasta los senos perfumados.

Mientras el viento triste galopa matando mariposas

yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela.

Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí,

a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan.

Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos

y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes.

Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.

Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.

Hasta te creo dueña del universo.

Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,

avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.

Quiero hacer contigo

lo que la primavera hace con los cerezos.

***


Hormigas
Ramón López Velarde

A la cálida vida que transcurre canora

Con garbo de mujer sin letras ni antifaces,

A la invicta belleza que salva y que enamora,

Responde, en la embriaguez de la encantada hora,

Un encono de hormigas en mis venas voraces.

Fustigan el desmán el perenne hormigueo

el pozo del silencio y el enjambre del ruido,

la harina rebanada como doble trofeo

en los fértiles bustos, el Infierno en que creo,

el estertor final y el preludio del nido.

Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo

y han de huir de mis pobres y trabajados dedos

cual se olvida en la arena un gélido bagazo;

y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos,

tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno,

tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo

como réproba llama saliéndose de un horno,

en una turbia fecha de cierzo gemebundo

en que ronde la luna porque robarte quiera,

ha de oler a sudario y a hierba machacada,

a droga y a responso, a pabilo y a cera.

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,

déjalas caminar camino de tu boca

a que apuren los viáticos del sanguinario fruto

que desde sarracenos oasis me provoca.

Antes de que tus labios mueran, para mi luto,

dámelos en el crítico umbral del cementerio

como perfume y pan y tósigo y cauterio.

***


Tus ojos
Octavio Paz

Tus ojos son la patria

del relámpago y de la lágrima,

silencio que habla,

tempestades sin viento,

mar sin olas, pájaros presos,

doradas fieras adormecidas,

topacios impíos como la verdad,

otoño en un claro del bosque

en donde la luz canta en el hombro

de un árbol y son pájaros todas las hojas,

playa que la mañana

encuentra constelada de ojos,

cesta de frutos de fuego,

mentira que alimenta,

espejos de este mundo,

puertas del más allá,

pulsación tranquila del mar a mediodía,

absoluto que parpadea, páramo.

***


Este perfume
Salvador Novo

Este perfume intenso de tu carne,

no es nada más

que el mundo que desplazan y mueven

los globos azules de tus ojos,

y la tierra y los ríos azules de las venas

que aprisionan tus brazos.

Hay todas las redondas naranjas

en tu beso de angustia,

sacrificado al borde de un huerto en que la vida

se suspendió por todos los siglos de la mía.

¡Qué remoto era el aire infinito

que llenó nuestros pechos!

Te arranqué de la tierra

por las raíces ebrias de tus manos

y te he bebido todo, ¡oh fruto perfecto y delicioso!

Ya siempre cuando el sol palpe mi carne,

he de sentir el rudo contacto de la tuya

nacida de la frescura de una alba inesperada,

nutrida en la caricia

de tus ríos claros y puros como tu abrazo,

vuelta dulce en el viento que en las tardes

viene de las montañas a tu aliento,

madurada en el sol de tus dieciocho años,

cálida para mí que la esperaba.

***


Destino
Rosario Castellanos

Matamos lo que amamos. Lo demás

no ha estado vivo nunca.

Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere

un olvido, una ausencia, a veces menos.

Matamos lo que amamos. ¡Qué cese esta asfixia

de respirar con un pulmón ajeno!

El aire no es bastante

para los dos. Y no basta la tierra

para los cuerpos juntos

y la ración de la esperanza es poca

y el dolor no se puede compartir.

El hombre es anima de soledades,

ciervo con una flecha en el ijar

que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne

de pupilas de vidrio; su actitud

que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece

el reflejo del tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve

–antes que lo devoren– (cómplice, fascinado)

igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

***

 

 

 


Referencias: