Iremos por la vida confundidos, hasta que nuestras almas se vuelvan una sola

Iremos por la vida confundidos, hasta que nuestras almas se vuelvan una sola



"Uno de los siete mayores dioses de la lírica mexicana", así describe el crítico Henríquez Ureña a Enrique González Martínez (1871-1952), el gran poeta jalisciense. Fue fundador del Colegio Nacional y miembro de la generación de intelectuales y artistas conocida como el Ateneo de la Juventud, que impulsaron las artes, la cultura y la educación en México. Con una métrica brillante e imágenes poéticas inspiradas en la naturaleza —como era propio del estilo literario de la época—, González Martínez no teme a hablar de frente sobre el amor, la muerte y la tristeza. Aquí te compartimos uno de sus poemas.





A LA QUE VA CONMIGO


Iremos por la vida como dos pajarillos

que van en pos de rubias espigas, y hablaremos

de sutiles encantos y de goces supremos

con ingenuas palabras y diálogos sencillos.


Cambiaremos sonrisas con la hermana violeta

que atisba tras la verde y oscura celosía,

y aplaudiremos ambos la célica armonía

del amigo sinsonte que es músico y poeta.


Daremos a las nubes que circundan los flancos

de las altas montañas nuestro saludo atento,

y veremos cuál corren al impulso del viento

como un tropel medroso de corderillos blancos.


Oiremos cómo el bosque se puebla de rumores,

de misteriosos cantos y de voces extrañas;

y veremos cuál tejen las pacientes arañas

sus telas impalpables con los siete colores.


Iremos por la vida confundidos en ella,

sin nada que conturbe la silenciosa calma,

y el alma de las cosas será nuestra propia alma,

y nuestro propio salmo el salmo de la estrella.


Y un día, cuando el ojo penetrante e inquieto

sepa mirar muy hondo, y el anhelante oído

sepa escuchar las voces de los desconocido,

se abrirá a nuestras almas el profundo secreto.


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