Letras

Actuar como un imbécil.

Letras Actuar como un imbécil.

 

 

Tu última carta de poker resultó servir tanto como las primeras noventa y nueve. Te quedaste desmoralizado, saboreando el sabor de una noche fracasada. Recuerdas la película, las gafas y las bebidas, tu mano intentando irse para otra parte donde probablemente no sería bienvenida. Resulta que te aburres ya de la misma historia y te vas por ahí a caminar, y resulta que te encuentras con un amigo que te dice hola, salúdame carajo, y resulta que tu amigo está sentado con dos amigos: un punk con vestigios de cresta y uno de esos que tiene risos. Resulta que el de los risos te llama la atención, pero huevón, parece que antes de salir de la casa lo hubiesen sumergido en la caneca de la basura y le hubieran dicho algo así como mijito, ahora si váyase a la universidad, y estando ahí en frente tuyo, lo admiras mientras carga un bicho con la punta del dedo índice, y en coincidencia, tu amigo te habla y el punk con solo un vestigio de cresta se ríe, tú mirando entretenido al que se entretiene con el bicho y entonces dice que chao y tu dices chao y te sonríe, café desnudo, se van a tomar un café y luego te consumes toda la tarde pensando en estupideces mientras tu amigo, el que te encontraste, pinta un lienzo común, corriente. En esta época, navegamos sobre el mar de los que intentan ser artistas, palabras más, palabras menos, quién sabe hasta dónde llegará la escena nacional y lo que resultará del estudio y la clasificación de…, y vuelven los temas aburridos, estás sentado sobre una mesa, una taza de café te acompaña, una cucharita pequeña y un postre de chocolate ya cuchareado, hay una revista que te gusta leer y criticar, es buena pero igual tiene cosas que mejorar (eso piensas), te quejas de la redacción, de algunos diagramas, y sigues ojeando a ver qué artículo se te antoja interesante, y vuelven los recuerdos ridículos mientras el café pierde su encanto junto con el humo que se produce del centro de la taza…, mierda, se ha conectado a la internet y le saludas, te saluda, re-saludas, te re-saluda, y se encuentran en una escalera que no te comunica con nada porque resulta que el interés no se delató esta vez, entonces dijiste que una chimba, que el concierto, que la revista, que yo pienso y siento, y todo ese acto de sinceridad no ha sido más que una estupidez que sale de la semilla del deseo que sienta lo que sientes o que te diga algo, o que se conmueva mientras te conoce, error, no le interesas. Y vuelves a ver al de los ricitos dorados sentado en el pasto mientras el sol le quema algunos morados sobre los ojos, basurita que se ve tan sexy, el sonido del saxofón acompañando a la cantante, una negra de particular vestido, labios rojos, muy rojos, voz: superior, cantando mientras te tomas una cerveza en el parque, y entonces su cuerpo (sí, tu cuerpo huevón) se va perdiendo, ya es casi fantasmal, solo queda una estela de los recuerdos de eso que pudo haber sido porque es que no fue nada, ya te interesa otra gente, lástima, sientes eso, pura lástima, eso es, y cuando vuelven a hablar la magia se ha agotado, permitiéndote actuar como un imbécil apagando el último poquito de estima para que se vaya por ahí a comerse un helado, relajado, tomarse un café y buscar alguien más para reírse, eso es, lástima que te da. Terminas leyéndote el poema del silencio de María Mercedes Carranza, escuchando una canción, produciendo una lágrima de cocodrilo, sintiéndolo tanto (pero ya no te quieres morir por ello), escuchando música mientras suenan unos golpes en la pared, un hijo de perra, mierda, le están cascando a mi vecina.

 


Referencias: