El dulce sabor de una amarga despedida
Letras

El dulce sabor de una amarga despedida

Avatar of Marcela Molina

Por: Marcela Molina

4 de abril, 2017

Letras El dulce sabor de una amarga despedida
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Por: Marcela Molina

4 de abril, 2017



Despedirse no es fácil. Irse es dejar mundos, pasar la página o zafarse de un presente, como quitarse una camisa. El relato de Marcela Molina que se reproduce a continuación, se regodea sutilmente en la interiorización de esa imagen.


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El dulce sabor de una amarga despedida

Decir adiós nunca ha sido fácil. Significa dejar atrás todo lo que ya conoces para comenzar de nuevo.

El reloj marcaba las 7:15 pm, ambos sabían que probablemente sería la última vez que se verían y ninguno lograba lidiar con el vacío que eso les generaba.

El silencio reinaba, las palabras sobraban, en esta ocasión las miradas eran las protagonistas del inicio de la última conversación. Sabían que al formular la primera oración, al romper el silencio que los cobijaba, escucharían lo que no querían, pero era inevitable; los minutos pasaban y parecía el mejor plan escuchar el despegar de los aviones que afrontar la realidad.


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Los aeropuertos son testigos de felicidad y decepción, esta vez serían el escenario de una historia de amistad, miedo, nostalgia, felicidad, liberación y curiosidad por lo desconocido.

Finalmente la conversación fluyó, las turbinas y el ajetreo de la gente pasaron a segundo plano y se concentraron en su conversación, eran tantas cosas en tan poco tiempo; la cotidianidad los había unido tanto que era difícil imaginar el inicio de semana sin verse y compartir lo que el fin les había dejado. Uno se queda y el otro se va, no hay más.


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El vuelo salía en unas cuantas horas, tenían el tiempo contado para decirse adiós y finalmente verla partir. Las conversaciones entre ellos nunca fueron fáciles, eran blanco y negro; ella miraba el mundo de colores, era irreverente, necia y sonreía sin ningún motivo aparente. Él en cambio era fatalista, creía que la vida era sinónimo de sufrimiento y que la sonrisa era en muchas ocasiones un adorno innecesario. Nunca fueron más que cómplices de secretos, proyectos e historias, quizás eso era lo que más nostalgia le causaba a ella, tener que dejar atrás la simpleza con la que se daban las cosas entre ambos tratándose del tema que fuera. Era una mezcla de emociones y sentimientos, por una parte estaba convencida de irse, prefería emocionarse, soñar y pensar que venían cosas mucho mejores, la curiosidad la mataba, tenía un nuevo camino por delante y muchas expectativas. Miedo, liberación, emoción y nostalgia invadían su mente y estómago; quería cerrar el capítulo que había decidido dejar atrás, aunque él formara parte.

Él quería que se fuera y que no regresara nunca. Desconocía el destino de su vuelo y tampoco quería preguntar. Sabía que a diferencia de ella su lugar era ahí y no la podía obligar a permanecer. Estaba feliz por verla partir, deseaba que tomara el rumbo que tomara le fuera bien. Aun así no podía evitar sentir un nudo en la garganta cada que intentaba deletrear "adiós".


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Llegó la hora de dejarse ir. Él no podía acompañarla hasta la sala de abordar. Se levantaron, se entrelazaron con la única intención de hacerle saber al otro lo mucho que se querían, siguieron caminando hasta las escaleras eléctricas y con un dulce e inocente beso en la mejilla se dijeron adiós. Ella, con todo y equipaje, se perdió entre la gente con rapidez. Él se dio la media vuelta para regresar al lugar donde la conoció.

***

A veces ocurren y por algún motivo se detienen. Otras veces simplemente llegan tarde y son fugaces.


Referencias: