Árbol de Navidad, el concepto sagrado del abeto
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Árbol de Navidad, el concepto sagrado del abeto

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Por: mediodigital

10 de diciembre, 2013

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10 de diciembre, 2013

Las tribus nórdicas europeas y americanas tenían árboles sagrados alrededor de los cuales se reunían para entrar en comunión con Dios. En Mesoamérica, por ejemplo, el árbol guarda un significado místico, algunas de estas culturas consideraban al ahuehuete como árbol sagrado, pues se pensaba que su frondoso follaje y centenario crecimiento mantenía, gracias a sus fuertes raíces, en unión al mundo.


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La cultura germánica consideraba que el mundo, al igual que todos los astros, pendía de un árbol gigantesco: el divino Yggdrasil, al que rendían culto cada año durante el solsticio de Invierno, que era cuando se gestaba la renovación de la vida. La historia del árbol de Navidad tiene sus inicios en Alemania, al menos fue allí donde presentó los primeros vínculos con el cristianismo. Cuando los primeros evangelizadores llegaron al norte de Europa descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, quien en la mitología nórdica representa al Dios Sol y la fertilidad, adornando un árbol perenne durante la fecha próxima a la Navidad cristiana.


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Este árbol simbolizaba, originalmente, al árbol del Universo, Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos). Frey es uno de los dioses más importantes del paganismo nórdico, estaba asociado con la realeza sacra, la virilidad, la prosperidad, con el sol y el buen tiempo, y era representado como un fálico dios de la fertilidad, juntos otorgaban paz y placer a los mortales. Pero con la evangelización de esos pueblos, los conversos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, esta vez cambiando totalmente el significado.


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Tan arraigadas estaban las creencias en la virtud de algunos árboles, que la llegada del cristianismo y la imposición de la iglesia terminó por “aceptar” sabiamente cada una de las culturas y sólo realizó la transformación de los conceptos sagrados que se tenían de algunos árboles. Para la cultura nórdica, el árbol que siempre estaba fresco significaba la alegría y bondad que Frey otorgaba a los seres vivos. El cristianismo agregó algunos elementos presentes en los libros sagrados para representar con manzanas el pecado original, y las velas, que ahora son luces, a Jesucristo como la luz del mundo.


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Los árboles son seres cosmogónicos o creadores del universo, antropogónicos, eróticos, sagrados y proféticos. En diferentes culturas se creía que los árboles estaban dotados de alma, y el árbol de Navidad es un vestigio, también, de aquel culto; se dijo que durante el nacimiento de Jesús, árboles de todos los rincones del mundo debían darse cita en el portal de Belén, el abeto debió atravesar un largo y difícil camino en el que una lluvia de estrellas lo coronó. Al llegar al pesebre el niño le sonrió y en él quedó “su gracia”.


Se cree que la tradición del árbol de navidad tuvo su origen en los pueblos germánicos y que fue San Bonifacio, el apóstol de Alemania, inglés de nacimiento y de nombre Winfrido, quién taló el perenne sagrado de los paganos para plantar en su lugar el abeto de los cristianos.


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El árbol de navidad ha sido utilizado, al igual que en las culturas prehispánicas, como símbolo de la unión del cielo y la tierra, cada uno de sus adornos recuerda la redención y se asocia con el árbol de la vida, que lucía en medio del jardín del edén. Las esferas simbolizan los frutos del árbol vivo que es Jesús y sus decoraciones recuerdan las gracias que el hombre tenía cuando vivía en el paraíso en completa amistad. Las luces, como lo mencionamos, representan la luz de Cristo y la estrella que se coloca en la punta representa la estrella de Belén que anuncia la redención de la humanidad.


Del otro lado del mundo, en Oriente, la religión católica representa una minoría entre los musulmanes, budistas, ortodoxos y otras profesiones religiosas; la tradición de celebrar la Navidad y poner un árbol adornado se reduce al ámbito privado de cada familia, siempre y cuando el gobierno en el poder no prohíba tal acontecimiento.


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Para la cultura oriental, al igual que la germana y prehispánica, los árboles tienen una fuerte connotación en su cultura. El pino simboliza, por ejemplo, la longevidad y la fuerza interior para los chinos. Que un árbol esté plantado dentro de la casa asegura buena salud para la familia y si se coloca en el patio de la vivienda, significa fidelidad de cada uno de los integrantes del hogar. El elemento madera se asocia a Júpiter, planeta de la prosperidad; además, la madera significa crecimiento. Durante Navidad, quienes deciden adornar su árbol lo hacen con elementos cargados de simbología: las piñas representan la eternidad y las luces simbolizan la voluntad de Dios.


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