Arrugados
Letras

Arrugados

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Por: Andres

10 de mayo, 2013

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caminos

Me voy quedando lento poco a poco. Aún hay tiempo para andar. No tan joven, ni tan viejo, ya he llegado a los 57 años de vida. Todavía aúllo y me emociono por ver amanecer mis pies. He dejado, con las pisadas andadas, amores furtivos, valiosos sin duda, que abandoné por inestable e impredecible; en una sociedad marcada por ritos y protocolos es un pecado llevar la incertidumbre a flor de piel. Enamorado de todo y a la vez de nada. Recuerdo que Lula me imploró por quedarnos juntos:Deja de andar de un sitio a otro , yo te daré un par de hijos y podrás viajar y conocer a tu gusto. Con mis ahorros y tu trabajo podremos montarlo bien. Me quería de verdad. Yo sólo asentía para terminar con la insistencia.


Lula comprendía. Buscando los destellos de los aires diferentes me sumergí en las fantasías más predecibles y humanas: Viajar , descubrir, enamorarme a cada tanto en ciudades diversas. Compartir momentos y experiencias con personalidades variopintas. Mi trabajo de representante de ventas me tendría que dar para ese lujo, que , realmente, alimentaron mi alma. Soy espiritual. Haciendo cosas estúpidas como fugarse de todo por un tiempo sin saber de nada más que el itinerario de viaje. América, Europa, Asia, África... Con eso basta para perderse toda una existencia, y no alcanza. La vida o se vive en un punto o se sufre para alcanzar otros objetivos mientras se labora para obtener los bocados y los pasajes suficientes. La cosa es observar un poco de todo,sin excusas.


Mar, tierra, ciudades de elite, pueblos de historia. Mujeres, hombres, animales y las bestias de siempre: aquellas que por estar más cerca de sus deseos son capaces de arrancarte el alma y partirte en trozos para aventarte al vacío e ignominia del olvido. Exceptuando esas criaturas indomables y desgraciadas. Prefiero descubrir los ríos de gente y océanos de datos de todos los sitios recónditos posibles. Todo está al alcance de una mano y tan lejano como el cielo: el de Pedro y Jesús, el que te prometen en el libro de los Salmos.


Entre todo este bullicio y novedades descubiertas, sobrepaso las cinco décadas respirando . El verdadero milagro es como un músculo del tamaño de tu puño: no deja de trabajar mientras el tiempo sigue su marcha. Piénsatelo: "Ahí esta el detalle", parafraseando al gran mimo de México. Habiendo reconocido el milagro, sigo con el relato.
No contento con abandonar a Lula y a un puñado más de mujeres apacibles y ligeras, me apliqué a fondo en mis deseos viajeros. Sin hijos y con ciertas carencias paternales fui recorriendo lo que iba surgiendo: Que la tía Gisela tiene un boleto para ir a las islas Malvinas, le sobra porque su esposo se ha largado con su prima. ¡Venga! ¡Yo lo tomo!. Que si hay descuento en esta excursión para conocer los restos Incas de la América del Sur... Vamos, ¡yo me apunto! Y que hay tarifa especial si reservas el ticket con anticipación, ¡ hoy mismo lo compro!


No es que yo tuviera dinero a manos llenas , no . Yo trabajaba un año completo, a veces más, para después lanzarme a la expectativa con meses de anticipación: en mi cabeza ya estaba firme en el destino. Mientras llegaba la fecha de partida, me tocaba conformarme con esperar y seguir soportando las cotidianas rutinas laborales. No era un mal representante. Vendía con audacia, ello me proporcionaba dinero, lo suficiente para emprender los viajes.


Han pasado ya 37 años del primer zarpazo. Uno que hice con toda mi timidez y ansiedad hacia la ciudad de Roma.
Desde aquel momento sentí la adrenalina del descubrimiento recorrer mis nervios y venas. Un orgasmo es sin duda uno de los más grandes placeres. Seguido y pegándole los talones están los viajes: la emoción por conocer lugares y bullicios diversos. Nada es nuevo si no lo observas con ojos de aventurero y espíritu infantil. Todo es aburrido si lo miras con semblante práctico y pragmático. Mi caso es como el primero: cada experiencia ha cimbrado en mi alma un especial significado. En mi sentir y haber de recuerdos, mantengo las memorias de París, Alicante, Ottawa, Estambul, Montana, Roma, Tulum,Barcelona, Buenos Aires,Valparaiso y tantos lugares más.


Mis aires de aventura me arrancaron cualquier posibilidad de mantener raíces en alguna tierra. Lula y demás compañeros son desconocidos. Sólo viven en la memoria. Ni rastro tengo de ellos,no hay señas de mis andadas. Lo bueno es que todos los recuerdos aún los registro mientras ese músculo no claudique en su tarea, hasta expirar. No me arrepiento de mucho, sí de algunas cosas pero , qué le voy a hacer. El tiempo me ha dejado rendido a la distancia. Sin mucho vigor como el de antaño, aún camino y me descubro deseoso de ver más amaneceres en otras partes del mundo. Viajo menos porque produzco poco. Ahora vendo con mayor dificultad, luchando con otros talentos que vienen empujando duro y me rebasan todos los días : jóvenes , como un día yo fui y como mañana ellos serán. Juego de espejos en el tiempo. Mi familia está diluida, inmersa en otras nuevos núcleos. Conservo mis pies, eso sí, más arrugados y desgastados, pero aún me responden. De vez en cuando les hablo, les pregunto cómo se sienten tras haber pisado tantas tierras y costumbres diversas sin haberse extraviado entre el trajinar sórdido y desconocido. Así me quedo : ento a una respuesta. Siento hormigueos en uno de ellos. No me responde como quisiera pero reacciona, de alguna manera. Camino un poco más, el hormigueo se desvanece. Busco un libro del estante. Estoy en un piso que alquilo desde hace ya un par de años. El libro que abro se titula: Viaje sin retorno.


Ya llevo una buena parte del trayecto y sé que no habrá marcha atrás. Me pongo cómodo. Voy a echarme una siesta antes de regresar al trabajo. Camino a diario. Nada me indica que voy a parar en los próximos meses. Tengo una fantasía : caer exhausto en alguna cascada antes de morir. Despedirme de la tierra escabullÉndome en el agua. Me falta un año y dos meses para hacerlo. Me han dado dos años de vida . Llevo ocho meses a cuenta de ese plazo. Por alguna extraña razón mi corazón está cansado. No lo entiendo pero lo acepto, ¿qué remedio? ¿Marcapaso? Llevo dos en seis años. Mi corazón está exhausto . Mi mente recorrida aún fantasea y deambula entre la bahía de La Habana y la ciudad de la luz. Si la mente empujara el cuerpo , tal vez no sucumbiríamos tan pronto. No puedo quejarme. Al menos logre un poco de algo para llevármelo al olvido ¿Egoísmo o estupidez? Aventurero o prisionero? ¿Viajero o Fugitivo? No lo sé. Ya tendrán los gusanos el tiempo suficiente para analizarme, si se toman la molestia, mientras me engullan con pertinencia y constancia, muerto e inerte postrado frente a la tierra, la misma que ha soportado mis pisadas y la de tantos más ¿A dónde se irán los pensamientos ? Lo ignoro ¿Tienes alguna pista? 


Referencias: