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"Asalto a la casa de las muñecas": una aventura de miedo y excitación

1 de diciembre de 2017

Cecilia Cabrera

Cecilia Cabrera, autora argentina con un innato talento para describir situaciones cotidianas con humor negro, nos regala otro relato breve

Pocos autores han sabido aprovechar, narrativa y poéticamente, el imaginario del absurdo como eje central de una historia. Disfruta a continuación de otro relato escrito por Cecilia Cabrera, autora argentina con un innato talento para describir situaciones cotidianas con un toque de exquisito suspenso, humor negro, sarcasmo incisivo y destreza literaria.



Asalto a la casa de las muñecas

Pedro entró por la ventana a la casa. Eran las 6.55 de la mañana. Esta vez, el dueño de casa se demoró unos minutos más de lo habitual para ir a trabajar. Pedro se aseguró durante seis semanas de tomar notas de la rutina del fotógrafo. Conocía sus hábitos mejor que él mismo. Tanto lo observó que casi le daba pena allanarle la casa. Sentía una especie de cariño ya, un gusto como el que uno siente por las canciones de moda que al principio no nos gustan, pero por la fuerza de la repetición nos empiezan a gustar.

Entró a una habitación pequeña, oscura y llena de cosas. Intentó prender su linterna, pero no encendió. La golpeó varias veces con la mano, hasta que recordó que se había olvidado de ponerle las pilas. Las paredes marrones oscurecían mucho el ambiente. Comenzó a sentir un olor rancio a semen mezclado con olor a especias y verduras. A medida que se adentraba en la casa, lo sentía con más intensidad.

Al llegar a la puerta y abrirla se sintió mareado. Entró a otra habitación más oscura aún. Tuvo que apoyarse en la pared para avanzar. Un flash iluminó por dos segundos una Barbie desnuda de piernas abiertas en una estantería a su izquierda y desapareció.


Los pies de Pedro se comenzaron a arrastrar. Él trataba de dar pasos, pero parecían ser atraidos como imanes al suelo.

Esto lo asustó y decidió volver sobre sus pasos, pero al tratar de girar una pared invisible lo frenaba. Sólo podía avanzar. El olor rancio era cada vez más penetrante y asfixiante. Se recostó contra la pared agobiado, inclinó su cabeza hacia abajo y otro flash iluminó en el suelo otra muñeca desnuda y eyaculada que desapareció de inmediato. La imagen lo excitó. Le pareció muy extraño sentirse descompuesto y excitado al mismo tiempo.



Estuvo inmóvil alrededor de dos horas en la oscuridad. Cuando creyó que se moriría asfixiado se encendieron las luces y se limpió el aire y pudo respirar. Frente a él encontró un televisor que transmitía la imagen de la esquina donde siempre se escondía a espiar la casa. En ese preciso instante se desmayó. Cuando se despertó estaba rodeado de muñecas Barbie desnudas de su altura. Una de ellas le agarró el mentón con una mano y con la otra señaló hacia al fondo de la habitación. Le dijo:

—Allá está lo que viniste a buscar. Es tuyo. Pero te vas a quedar acá para siempre.

*

Las imágenes que acompañan al texto pertenecen a
Stephanie Schlabitz.

***

Si quieres leer más 
cuentos sobre el amor, la vida y la muerte
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TAGS: Personalidad Terror acoso sexual
REFERENCIAS:

Cecilia Cabrera


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