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Vete, pierde mi número de teléfono, olvida mi dirección

7 de febrero de 2018

Cultura Colectiva



La poesía de Rubén Bonifaz Nuño es una mezcla entre la precisión y la técnica de la tradición greco-latina, y la cotidianidad del lenguaje coloquial; como si quisiera llevar lo clásico al día a día de la Ciudad de México. El escritor desarrolló sus propios sistemas de versificación y estrofas para sus poemas. En cada verso se refleja el terrible peso de la cólera, la melancolía y la soledad sin remedio; pero también destellan los rayos de la ternura, el amor y la esperanza. El poema que te compartimos a continuación refleja la angustia de las despedidas y el desamor.





AUNQUE BIEN SÉ QUE NO ME EXTRAÑAS


Aunque bien sé que no me extrañas,

aunque tengo la razón, me acuerdo:

el cáncer terminó; te ausentas

por todo lo mal que supe amarte.


Ya fui desventurado cuando

estuviste aquí, y en el momento

donde te vas, me desventuro.

La sola ventaja de estar ciego

es acaso no poder mirarte.


Ya morir sin arrepentimiento

es mi esperanza, y te lo digo

porque al fin te conozco;

que si he pedido muchas cosas,

pude pagar con sobreprecio

las pocas que me fueron dadas.


Mientras más mal te portas, mucho

más te voy queriendo, y porque espero

menos, me injurio y te acrecientas.

Así tuvo que ser: de tanto

que te procuré, me aborreciste;

tan sólo pesares te he dejado.


Raspaduras de celos, dudas

que no opacaron la certeza

de cuanto en ti me desolaba.


Tú, como si nada, te diviertes;

pero entristécete:

si todos sabrán que estoy quemado,

ninguno sabrá que por tus llamas.


Vete como de veras; pierde

el número atroz de este teléfono,

la dirección que no aprendiste,

aquel corazón tan despistado.


Igual sigue siendo todo; nadie

hay como tú, por mi fortuna;

pero a nadie como tú he llegado.


En el agua escrito y en el viento

quedó el amor perpetuo. Sombras.

Y me quemo, y de mejor violencia

—ay, mamᗠte alumbro al apagarme.


Ya te conozco, ya obligado

soy a bien quererte y despreciarme.

Pero no, porque me da vergüenza;

pero sí, porque me estoy muriendo

sin voluntad ni penitencia.


Y por todo: porque no quisiste

permanecer, porque me olvidas,

porque me voy tristeando, gracias

te doy. Y por andar de noche.


**


La poesía mexicana de la época de Los Contemporáneos marcó un antes y un después no sólo en el género, sino en toda la literatura nacional. Rodolfo Usigli y sus poemas de la muerte, y Rosario Castellanos con su valiente poesía del amor son grandes figuras entre los escritores mexicanos.



TAGS: Poemas Literatura mexicana Grandes escritores
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