3 libros para leer en la barra de una cantina

jueves, 27 de abril de 2017 8:54

|Cultura Colectiva



Algunas obras literarias son tan estremecedoras que el lector debe tomar valor antes de adentrarse en ellas, y ese valor a veces puede aparecer en una cerveza o una copa de vino. La atmósfera que se genera en una cantina puede ser el lugar ideal para crear una experiencia de lectura distinta; de la misma manera en la que el cantinero escucha nuestras penas, como si nosotros fuéramos los protagonista de una historia que él lee, los personajes pueden presentarse ante nosotros y usarnos para desahogarse y aligerar las tragedias que les acontecen.
 

A continuación, Editorial Almadía te recomienda algunas obras de autores mexicanos que puedes leer sentado en la barra mientras te olvidas del mundo un rato. Aunque debes tener cuidado, pues la dureza en las historias de estos personajes te harán querer pedir otra copa una vez que cierres el libro.



1. 
Una cerveza de nombre derrota de Eusebio Ruvalcaba



eusebio ruvalcaba



«Propongo una marca de cerveza: Derrota. Sin duda sería una cerveza de gran éxito. Apta para toda ocasión, los profesionales la consumirían a pasto. ¿Quién no sería sincero ordenando una Derrota, de preferencia a voz en cuello, que se escuche por todo lo largo y ancho del lugar: “Una derrota para mí, por favor” o “Una derrota para todos ¿quiere?”» Una áspera ironía recorre esta colección de ensayos, anti-ensayos, anécdotas, aforismos y crónicas, Eusebio Ruvalcaba ofrece reflexiones que tienen el efecto de un shot de tu destilado preferido. Escéptico ante todo, sin ningún recato o consideración, Ruvalcaba lanza preguntas que contrarían toda buena voluntad. Provocaciones en torno a las mujeres, la poesía y la escritura que son más fáciles de digerir con la compañía del cantinero y una rockola. La música y el alcohol son los temas recurrentes de este libro: 120 páginas en las que se respira un distanciamiento con los paradigmas que marcan el diario transcurrir de hombres y mujeres; pero hay también un encomio a lo que legitima el acto heroico de vivir, así como una reconciliación con la esperanza.  Al fin y al cabo, una derrota no es más que una apelación a nuestro carácter.



2. ¿Te veré en el desayuno? de Guillermo Fadanelli



Guillermo Fadanelli



Con un ligero sabor a resaca, esta novela borra toda consideración que se pueda tener sobre nuestros semejantes. Cuatro son los personajes que la habitan, cada uno obnubilado por sus propias aspiraciones y deseos. Anestesiados por completo, cohabitan una ciudad cuya indiferencia los moldea; cualquier chispa del azar es interpretada como revelación debido a sus propios vacíos. La novela narra la historia de Cristina, prostituta cansada y venida a menos, quien decide dar el mejor encuentro sexual posible al primer cliente que la busque. Este hecho fortuito hace que un oficinista común, dispuesto a agachar la cabeza cuantas veces sea necesario con tal de convertirse en gerente, se sienta enamorado. De manera paralela, un veterinario de poca monta que vive obsesionado por su bella vecina  —una doncella en tierra de chacales—, incapaz de lograr un acercamiento, la encuentra en un momento de fragilidad y decide tomar provecho. Cruzamientos provocados por la inercia de las rutinas y de la costumbre, por el aislamiento del mundo contemporáneo y la desesperación por paliar esta soledad, sin importar el daño que podamos infligir.  Una novela amarga, de un olor fuerte que se te impregnará hasta el día siguiente.



3. Cuartos para gente sola de J. M. Servín



J M Servín



Esta novela se debe leer con un fuerte. La intensidad de la narración y la violencia de la trama no es para andarse con medias tintas. Un protagonista solitario, que deambula por la vida como se deambula por las calles de cualquier ciudad —perdido en el anonimato, con un rumbo indefinido hasta para él mismo—, se encuentra de pronto ante una situación límite. Su respuesta rebasará toda noción de raciocinio. Una noche cualquiera, Edén Sandoval decide salir del opresivo cuarto de azotea donde vive y dar una vuelta por su vecindario para conciliar el sueño. El silencio de las calles es suspendido por un tumulto que lo atrae como la luz a un insecto. Lo que encuentra es una pelea de perros, cuya violencia despierta en los espectadores su lado más animal. Sangre, apuestas, alcohol y la euforia del sadismo se conjugan en la mente de Sandoval para que acepte un reto lanzado al aire: enfrentarse con un fornido pitbull. Esta novela es cruda y directa, una confrontación tenaz con la naturaleza feral del hombre que la supuesta civilización sólo pone en un estado de hibernación, en espera del calor suficiente que la incite a mostrar la dentadura.



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Aunque parece que la Literatura enfrenta un panorama cada vez más difícil en nuestro país, algunas editoriales aún apuestan por el talento mexicano.

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