Autores que escribieron sobre la muerte y después se quitaron la vida

Lunes, 27 de junio de 2016 5:03

|Olympia Villagrán




Desde el momento en el que un ser humano se comienza a desarrollar dentro del vientre materno, se convierte en el dueño de un derecho inmovible: la vida. Por el contrario, cuando una persona decide, bajo su propia y exclusiva convicción, ya no pertenecer más a este mundo, el derecho a la muerte no se le otorga jamás (la eutanasia es algo muy distinto pues sólo se aplica en pacientes desahuciados, es decir, bajo estrictas condiciones meramente médicas).

Pero el derecho al suicidio es algo de lo que nadie goza, comprensiblemente no se trata de promoverlo, simplemente algunos hablan de respetar una decisión tan importante como la de quitarse la vida.


suicido

Y desde ese punto comienzan a conformarse debates sobre quien decide suicidarse, ese ser valiente que no tiene miedo al dolor, que sin dudar avanza hasta encontrar su propio final, o ese cobarde que no puede manejar la vida misma, por lo que intenta terminar con la suya. Otro de los temas que surgen a partir de esta discusión sobre el suicida es si el tratar de "ayudarlo" es más bien un acto egoísta de parte del que no acepta ni desea quedarse sin un compañero, un hijo, un hermano, etcétera. Una razón para morir debe ser bastante poderosa y suficiente, así que ¿por qué contradecirla?, pensaría el cazador de la muerte.

En diversas ocasiones Cultura Colectiva ha escrito sobre aquellos personajes como: genios del arte, dioses del cine y Afroditas del espectáculo que parecían tenerlo todo y decidieron dejarnos sin nada al suicidarse. Ahora toca el turno de enfrentarnos con los escritores y las obras de quienes se suicidaron para convertirse en recuerdos de la literatura. Mismas que curiosamente hablan sobre la muerte, pareciendo el ritual de preparación con el que estos autores se acercarían por primera vez a ésta, para volverse parte de ella tan sólo días después.

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*Las hermanas que se quitaron la vida por depresión y cautivaron al mundo

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“The Battlefield Where The Moon Says I Love You” - Frank Stanford

Este libro épico transgrede todos los aspectos de la lectura por su temática y el desafío con el que le ganó a todas las reglas de puntuación, pues de manera totalmente corrida es como el título de Standford comienza a hablar de memorias tristes, anécdotas breves sobre la muerte y reflexiones sobre el pasado con las que el autor aborda el fallecimiento de una manera tan directa que es difícil no tener que tomarse un respiro entre cada página.

Y puede que esas reflexiones hayan sido las mismas que llevaron al escritor a pegarse tres tiros en el corazón con un rifle calibre .22 mientras se encontraba recostado en su dormitorio y con su esposa en la habitación de al lado.

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“…y este soy yo diciéndole adiós al ataúd de mi madre y bien se va acercando el Cadillac negro a la puerta de entrada”.


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“Suicide” - Édouard Levé

Tal cual como cuando se tiene una buena charla con un amigo de confianza es como se siente que una voz dentro del libro nos habla en segunda persona sobre nuestra propia muerte. Y así de helada como suena esta idea, leer la obscura textura emocional de la obra literaria que Levé público 10 días antes de que se colgara en su apartamento se vuelve todo un reto .

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“Tú estás más presente en mi memoria de lo que estuviste en la vida que compartimos. Si siguieras vivo, para mí continuarías siendo un completo extraño”.

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El libro que podrías leer para garantizar el éxito de tu muerte

 

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“Replacement” – Tor Ulven

Las letras que integran el libro de Ulven parecieran salidas de la mente de alguien que está cayendo a través del limbo, son como los pensamientos de alguien que trata de comprender lo que está pasando en ese momento en el que salta de la vida a la muerte, esa confusa travesía de emociones muertas, sensaciones nuevas y un camino sin retorno alguno.

La forma en que el autor habla sobre la muerte es totalmente analítica y descriptiva, como si tratara de comprenderla desde una perspectiva emocional. Tal vez al entenderla fue que Ulven quiso acercarse a ella, pues el escritor se suicidó poco después de terminar el escrito en la ciudad de Oslo, la misma donde él nació.

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“El paisaje es oscuro, o medio oscuro, o un cuarto de oscuro, un atardecer oscuro, que significa que todos los contornos, todas las superficies guardan una reflexión del pasado, una cantidad variada, un amanecer que dura toda la noche”.


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“Chess Story” – Stefan Zweig

De manera totalmente inesperada, los personajes del libro de Zweig, un grupo de fanáticos y expertos del ajedrez, nos adentran a un mundo de muerte e injusticia que es relatado por el “Dr. B”, una víctima del nazismo, quien describe cómo vio pasar la muerte frente a sus ojos todas los días a partir de que fue encerrado en aislamiento durante meses.

El autor parecía que también tenía algunas razones para sentirse muerto en vida, pues junto con su esposa tomó varios sedantes hasta morir de una sobredosis en Río de Janeiro.

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“La presión mediante la cual se quería que diéramos el informe necesario debía tener características más sutiles que los golpes y torturas corporales; se nos aplicaba el aislamiento más refinado que imaginarse pueda”.
 

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“In Watermelon Sugar” – Richard Brautigan

Una de las novelas favoritas de los seguidores de Brautigan fue la obra de arte en la que inventó un mundo hecho, casi en su totalidad, de azúcar de sandía, en el que todos convivían en un lugar llamado “iDEATH”. El único problema era que los vecinos de ese lugar querían comenzar un suicidio colectivo del que parecía difícil escapar.

Esta parábola sobre la vida y la muerte pareció salírsele de entre las páginas a Brautigan, pues el autor fue encontrado en el piso de su departamento inconsciente a causa de las heridas que el mismo se había hecho.

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“Todos nosotros pertenecemos a iDEATH y tenemos nuestra choza ahí para visitarla cuando sintamos la necesidad…”.


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“Escayola” – Sylvia Plath

La poeta y ensayista norteamericana fue la autora del poema en el que pereció dividirse en dos “Sylvias”: la que añoraba la vida y la que anhelaba la muerte. “Escayola” es la pelea con la que la autora describe los puntos de ambas y las razones importantes que esas dos mujeres tienen para continuar o marcar el final del camino.

Lamentablemente, la que anhelaba la muerte terminó por vencer a la otra cuando Sylvia Plath se enteró de que su esposo le había sido infiel y con eso se hundió en una depresión de la que nunca pudo salir, sólo lo logró a través del suicidio que cometió en 1963, un año después de su divorcio.

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"¡Nunca me liberaré de esto! Ahora soy dos personas:
ésta, completamente blanca, y la antigua, amarilla,
y la blanca es, sin duda, la más importante.
No necesita alimentos, es, ciertamente, uno de los santos
indudables. Al principio la odiaba, carecía de lógica propia.
Se pasaba los días en la cama conmigo, igual que un cadáver,
y yo me asustaba, pues su forma era idéntica a la mía”.

 

Todos estos escritores y artistas tuvieron razones suficientes, a su parecer, para decidir terminar con una vida que los mantenía en la miseria emocional. Por ejemplo: la traición a Sylvia Plath fue el parteaguas para que la escritora se despidiera de su arte y del mundo en general, la adicción al alcohol de Brautigan no solamente hundió sus penas, también su carrera literaria y su propia vida, llevándolo al suicidio.

Como ellos, muchos otros artistas, bailarines, cineastas, modelos e infinidad de personajes que parecían tenerlo todo decidieron que la fama, el reconocimiento y/o el talento era lo que menos necesitaban para tener una razón para vivir, concluyendo que a veces lo más absurdo resulta lo más importante, un detalle puede hacer la diferencia, una palabra, una muestra de afecto, pero siempre hay algo que hace falta y que en algún momento pudo haberlos mantenido con ganas de más vida.

Por otro lado, hay quienes escribieron o basaron sus obras en el concepto de la muerte para poder deshacerse de esas extrañas ganas de ya no seguir con vida, como los directores que tuvieron que hacer de su vida una película para no morir en la agonía o los performance en que los artistas casi pierden la vida.







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REFERENCIAS:
Olympia Villagrán

Olympia Villagrán


Editora de Estilo de Vida y Diseño
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