Brujas, fantasmas y lo fantástico en la literatura mexicana
Letras

Brujas, fantasmas y lo fantástico en la literatura mexicana

Avatar of Francisco Priego

Por: Francisco Priego

12 de enero, 2016

Letras Brujas, fantasmas y lo fantástico en la literatura mexicana
Avatar of Francisco Priego

Por: Francisco Priego

12 de enero, 2016



Cuando hablamos de autores de literatura fantástica pensamos en Mary Shelley y la espantosa creación de Víctor Frankenstein; en Edgar Allan Poe y
sus enfermizas mujeres que vuelven de la tumba para aterrorizar a sus amantes; en Nathaniel Hawthorne y sus casas embrujadas; en H.P. Lovecraft y sus demonios ancestrales; en Bram Stoker y ese misterioso conde ávido de sangre; en Henry James y los esquivos espectros que horrorizan institutrices histéricas. Es decir, escritores de la lengua inglesa. Por otro lado, al escuchar las palabras “Literatura Mexicana”, evocamos idílicas escenas del campo decimonónico, desgarradoras historias de amores imposibles, crónicas de la violencia de la Revolución y las hazañas de sus caudillos. Asimismo, no dejamos de pensar en relatos más actuales que nos muestran la vacuidad de la vida citadina, la caída en el olvido de las viejas costumbres, la galopante corrupción de empresarios y políticos, etc... Sin embargo, la fantasía está presente en nuestras letras en mucho mayor medida de lo que se cree y podemos encontrarla ya desde el siglo XIX, en algunos cuentos de Vicente Riva Palacio: “Las Gotas de Agua“ y “El Matrimonio Desigual“. Posteriormente, Amado Nervo también seguirá esta línea en algunos cuentos tales como “La Diablesa”, en el que un hombre le pide a Mefistófeles que cree para él a la mujer perfecta y “Él Ángel Caído”, relato de tono infantil en que unos niños encuentran por accidente un ente celestial. En 1912, Alfonso Reyes escribió un breve relato denominado: “La Cena”, en el que prevalece un ambiente onírico, de profunda irrealidad. Sin embargo, también aparecen algunos elementos autobiográficos, en especial relacionados con su padre, el general Bernardo Reyes, quien moriría un año después, durante la Decena Trágica. 

Literatura mexicana

    Así, no hay que buscar mucho para encontrar autores mexicanos que hayan caminado por el terreno de lo fantástico, el mismo Juan Rulfo la hace patente en algunos cuentos como Luvina“, narración de la vida en ese pueblo fantasmal, en el que los elementos y los objetos tienen más vida que los seres humanos que habitan en él: “Hasta allí llegaba el viento… Lo estuvimos oyendo pasar por encima de nosotros, con sus largos aullidos; lo estuvimos oyendo entrar y salir… golpeando con sus manos de aire las cruces del viacrucis”. 

     No obstante, será en "Pedro Páramo", en el que Rulfo despliegue toda su fantasía al unir, en ese pueblo agonizante que es Comala, el mundo de los vivos y de los muertos.  

pedro paramo

    Lo fantástico también es esencial en la obra de otro gigante de las letras mexicanas: Carlos Fuentes. Desde su primer libro de cuentos, Los Días Enmascarados (1954), este autor juega con lo extraño y lo sobrenatural. Así, Filiberto es esclavizado y posteriormente asesinado por un ídolo azteca que ha cobrado vida (“Chac Mool“); otro burócrata, éste sin nombre, pierde la vida en una vieja casa de Puente de Alvarado, a manos del fantasma de la emperatriz Carlota, quien lo ha confundido con su adorado Max (“Tlactoctzine, del Jardín de Flandes“). 

los-dias-enmascarados

    El tema de la bruja es otra constante en la obra de Fuentes, no sólo en la célebre novela Aura, en la cual también aparece el tema del Doppelänger (la anciana Consuelo y la joven del vestido verde), sino en un libro aparentemente realista como La Muerte de Artemio Cruz, en el cual la abuela del protagonista, Ludivinia, es también una hechicera.  

    Imposible dejar de lado un relato como “La Muñeca Reina” cuya atmósfera y trama son dignas de la mejor literatura gótica. La faceta fantástica de Carlos Fuentes también la encontramos en los relatos que forman el libro Inquieta Compañía. En ellos aparecen un par de brujas que aterrorizan a su joven sobrino recién llegado de Francia (La Buena Compañía); un ángel musulmán que salva a una hermosa mujer de las garras de su cruel esposo (Calixta Brand); una casa, propiedad de un alemán seguidor de Pancho Villa y del Fürher que está infestada de los fantasmas del Holocausto (“La Bella Durmiente“) y un siniestro individuo de nombre Vladimir Radu, quien llega a la Ciudad de México procedente de Europa Central en busca de sangre para saciar su sed (“Vlad“).  

Carlos Fuentes
    José Emilio Pacheco es otro destacado narrador mexicano que hace de la fantasía parte fundamental de su obra, especialmente en el volumen de relatos denominado El Principio del Placer. En una de estas historias “Tenga para que se Entretenga”, una mujer y su hijo pasean por el Bosque de Chapultepec, cuando de pronto un hombre alto y barbado, “blancuzco como un caracol fuera de su concha”, surge de las entrañas de la tierra y le pide al niño que no moleste a los caracoles. El niño se interesa por conocer la casa del recién llegado y con el incomprensible permiso de la madre se sumerge en el hueco abierto para no volver a ser visto nunca más. 

bUacL3j (1)
    Un autor menos conocido, pero no por eso menos brillante: Francisco Tario, elaboró piezas fantásticas de gran calidad. En uno de sus relatos un joven estudiante que duerme apaciblemente, sueña que es capturado por unos policías que lo acusan de haber matado a una mujer cuyo cuerpo decapitado yace en el fondo de un lago. Repetidas veces, el estudiante niega tener algo que con aquel asesinato; sin embargo, y conforme la historia avanza, nos damos cuenta de que aquella mujer es en realidad la hermana del protagonista, que ambos sostuvieron amores incestuosos durante su adolescencia y que, al no poder tolerar que los separaran, ella se suicidó. A final, el estudiante sucumbe a la culpa que este recuerdo le causa y jamás vuelve a despertar. En “Fuera de Programa”, Cynthia, la joven heredera de Lord Callendar, desecha a todos los aspirantes a tomar su su mano, por más ricos o guapos sean, pues está enamorada de “Dreamer”, un hermoso caballo negro al que brinda trato de persona, mientras que, en “La Noche del Féretro”, un cajón de muerto nos cuenta su deseo de llegar a ser ocupado por una mujer.  

Autores mexicanos
    Imposible dejar a un lado a Juan José Arreola y su Confabulario, con esos trenes que nunca llega a ninguna parte (“El Guardagujas“), esos científicos que pretenden hacer posible que un hombre viaje a través del ojo de una aguja (“En Verdad os Digo“) y las fábulas y alegorías que se prodigan en relatos como “Una Mujer Amaestrada”, “El Rinoceronte”, “El Prodigioso Miligramo” y otros. 
  Juan José Arreola

    Las mujeres también han realizado contribuciones muy destacadas a la literatura fantástica. Elena Garro, considerada por muchos una de las mejores escritoras mexicanas, escribió “La Culpa es de los Tlaxcaltecas“, un complejo relato en el cuál la protagonista vive simultáneamente en dos tiempos: la caída de Tenochtitlan y la actualidad. Por su parte, Guadalupe Dueñas acostumbraba mezclar en sus cuentos la nostalgia de la infancia y lo sobrenatural, tal y como ocurre en el cuento “Al Roce de la Sombra“. Otra destacada narradora en este campo es Amparo Dávila, cuyos escritos están siempre salpicados de entes perturbadores que surgen de las sombras para destrozar la vida de los desdichados que se cruzan en su camino.   En “El Huésped”, una mujer y sus hijos viven aterrorizados por un extraño ser que su marido trajo a la casa al volver de uno de sus viajes. En “El Espejo“, una mujer madura que se recobra de una fractura en un hospital es aterrorizada noche a noche por sombras que cruzan el espejo que está frente a su cama, mientras que “En la Quinta de las Celosías”, Jana, una joven perturbada por la muerte de sus padres, recibe la ayuda de un ser llamado Walter -nunca se dice si es un hombre, un animal o un monstruo- para asesinar y embalsamar a sus pretendientes.  

Amparo Dávila

    Aquí no se intenta hacer una revisión exhaustiva de todos los autores mexicanos que han escrito obras de carácter fantástico, simplemente se busca demostrar que éste género no es ajeno a nuestra literatura y que ha dado lugar a obras de gran calidad. 


Referencias: