Carmilla, el primer vampiro de la literatura fue mujer
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Carmilla, el primer vampiro de la literatura fue mujer

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Por: Beatriz Esquivel

11 de diciembre, 2018

Letras Carmilla, el primer vampiro de la literatura fue mujer
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Por: Beatriz Esquivel

11 de diciembre, 2018

Aunque Drácula goza de mayor popularidad, hubo un vampiro antes que él... y se trató de una mujer.

Los vampiros son una figura sobrenatural que ha conquistado a hombres y mujeres por igual desde el siglo XIX. Tanto en la literatura, en el cine y el folclor, los vampiros se han transformado: si bien en un momento fueron motivo de terror, ahora es más que común verlos en ficciones románticas.


Que la figura vampírica llegara al plano de lo romántico tampoco sorprende cuando se considera que son seres seductores por naturaleza. Utilizan su belleza, encanto, inteligencia y a veces poderes para atraer a sus presas, así que desde su concepción misma, el erotismo es un elemento esencial en ellos.


Aunque los vampiros eran parte del folclor desde el siglo XVIII, fue en el XIX que cobraron fuerza y popularidad. Drácula de Bram Stoker, publicada en 1897 es considerada la obra vampírica por excelencia y aunque no podemos negar su gran aportación al subgénero, la realidad es que antes de esta novela existió Carmilla.  

Carmilla, el primer vampiro de la literatura fue mujer 1

Carmilla fue escrita por otro narrador irlandés, Joseph Sheridan Le Fanu. Publicada en entre 1871 y 1872 en la revista literaria The Dark Blue, es una de las novelas por entregas —un formato muy popular en aquel entonces que se reprodujo en todo Occidente— que después fue recopilada y publicada de manera íntegra en la colección de historias cortas de Le Fanu, In a Glass Darkly, en 1972. 

Los paralelos entre Carmilla y Drácula no son coincidencia: incluso algunos críticos literarios aseguran que Stoker conocía la obra de Le Fanu cuando comenzó a escribir su propia novela. Es por ello que ambas historias son contadas en primera persona por la víctima del vampiro, existe un cazador que tiene todo el conocimiento sobre las criaturas y sus tácticas, así como descripciones similares de las mujeres vampiro.

Sin embargo, ambas obras difieren en su criatura principal. El homólogo de Drácula es Carmilla, una mujer vampiro que sostiene una amistad especial con su víctima, Laura. Las protagonistas, Laura y Carmilla también diferencian esta novela del resto de la producción, tanto de su tiempo, como del género. Las dos mujeres llevan la narración, que está llena de intriga, drama y por supuesto, el elemento del terror. 

Carmilla, el primer vampiro de la literatura fue mujer 2

No obstante, a pesar de que se trata de un ejemplar que podría considerarse adelantado a su época, Carmilla se rige bajo las normas de su tiempo y al igual que Drácula y otras, las mujeres que son víctimas de los vampiros necesitan la intervención de un hombre para poder quedar con vida.

Otro de los aspectos que algunos han considerado importantes para esta narración es el amor lésbico que comienza a formarse entre las dos protagonistas. Si bien Carmilla solía relacionarse con sus víctimas, con Laura desarrolla un vínculo especial. A pesar de ser una mujer respetable que no quiere ceder al deseo, Laura se encuentra irremediablemente atraída por la vampira.


«La premisa de estas novelas es que incluso los corazones más puros no pueden resistirse a la seducción sobrenatural. Esta idea fue extremadamente atractiva para la clase alta victoriana, en especial las mujeres, cuyos deseos siempre fueron restringidos». 

Carmilla, el primer vampiro de la literatura fue mujer 3

Carmilla provoca que Laura no comprenda sus sentimientos hacia ella, dividida entre la atracción y la moral que dicta que no debería sucumbir ante la seducción, mucho menos ante una mujer. La narración también deja entrever que la propia Carmilla ha desarrollado algo más que mero deseo por Laura:

«En ocasiones, después de una hora de apatía, mi acompañante extraña y hermosa tomaría mi mano y la sostendría con una presión cariñosa, renovada una y otra vez; sonrojándose suavemente, mirando mi rostro con ojos lánguidos y ardientes, y respirando tan rápido que su vestido se levantaba y caía con su respiración tumultuosa. Era como el ardor de un amante; me avergonzaba; era odioso y, sin embargo, poderoso, y con ojos de regocijo me atrajo hacia ella, sus labios calientes viajaron a través de mis mejillas con besos, y ella susurraría, casi en sollozos, “Eres mía y tú serás mía, tú y yo somos una por siempre”».

Carmilla, el primer vampiro de la literatura fue mujer 4

Se trata de una propuesta controvertida, pero muy ad hoc a la representación del mal en la época, que engañaría y haría pecar a cualquier mujer. Al mismo tiempo, es un gran ejemplo de la aproximación de los vampiros al género romántico, en el que se mostraba, en particular en el fragmento anterior cómo Carmilla en su enamoramiento también justificaba la muerte de Laura. Zapata lo menciona, al beber la sangre Laura se unirían para la eternidad, permitiéndoles estar juntas más allá de la muerte de una Laura mortal y la inmortalidad de Carmilla. 

Es de esta forma que Le Fanu publicó una obra que podría considerarse la pionera dentro de la literatura gótica que versa sobre los vampiros, al tiempo que recuperó tópicos de antaño como el de la mujer maligna, la tentación del mal y el deseo amoroso. 

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Puedes leer la obra en su idioma original aquí

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Este artículo fue ilustrado por Javier Torres, encuentra más de su trabajo en su cuenta de Instagram.

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