Carta para decirte por qué me cansé de tus besos

Carta para decirte por qué me cansé de tus besos

Por: César Lozano -

Te compartimos Me cansé de ti, carta de amor para dedicar a quien aún te roba suspiros de los labios.


¿Alguna vez has terminado una relación sin saber qué decirle a la otra persona? Es difícil aceptar que alguien que aún queremos debe salir de nuestra vida. Te compartimos Me cansé de ti, carta de amor para dedicar a quien te roba suspiros de los labios.

ME CANSÉ DE TI

¡Me cansé de ti! Y créeme que nunca pensé que lo haría, no creí que fuera posible que llegara el día en que desde el fondo de mi corazón esas palabras que embargan y llevan un sentimiento tan fuerte y confuso salieran, pero lo hicieron finalmente, y déjame decirte de qué me cansé exactamente.

De tus labios, pues fueron ellos mi primer contacto, los que siempre me recibían con un saludo, sólo bastaba un "hola" para saber que había alguien que sentía un deseo y quizá preocupación por llegar a mí, conmigo, y no era sólo un saludo por cortesía, cordialidades o por amistad. Debo admitir que incluso a mí me daba la motivación para salir de la cama, para poder escucharte. También eran ellos quienes formaban una sonrisa que iluminaba tu rostro, que al mismo tiempo me hacía reflejar la acción y sonreírte por igual sin siquiera pensarlo, por un único motivo: me hacías feliz y el verte inundaba mi ser de felicidad de tal manera que no podía detener a mi cuerpo de soltar una muestra de mi sentir tan pequeña pero tan profunda como lo es la sonrisa. Me cansé de ellos porque ahora ya no los oigo emitir un sólo sonido, ni siquiera el más mínimo o vago, ya no escucho tu voz ni suspirar, y ahora en vez de tus sonrisas sólo veo linealidad. Quisiera poder ver algo, alguna emoción aunque no fuera felicidad, quizás enojo, tristeza, frustración, desprecio, algo; pero ahora sólo hay eso, linealidad.

Carta para decirte por qué me cansé de tus besos 1

De tus besos, pues recuerdo claramente cuando charlábamos, cómo anhelaba el día en que por fin sería afortunado y podría darte un beso, por más largo o corto que fuera, simplemente quería acercarme a tus labios y poder sentir el roce de ellos, aunque debo de confesar que al inicio me rehusaba a la idea de siquiera acercarme o tratar de insinuar que pasaría, pues sentía que el día que me besaras sería el día en que te irías, y de igual forma recuerdo cómo con el paso de los días esa pequeña pero certera insinuación que con mucho valor me atrevía a lanzar de vez en cuando fue funcionando, todo con el beso en la mejilla, e ir moviendo un poco el beso cada vez más cerca de tus labios, hasta que llegó el momento de poder darte un pequeño, rápido y quizá confuso beso, que después se fue volviendo más cariñoso y apasionado. Me cansé de ellos, pues por más que quiera evitar aceptarlo, y a pesar de mi deseo de correr y volver por uno más, ya no están ahí; ni siquiera recuerdo el último beso que te pude dar, o de si estaba consciente de que sería el último.

De tus ojos, pues siempre los vi brillar, llenos de vida y con ese pequeño destello singular donde sea que estuvieses, si mi mirada se cruzaba con la tuya veía dentro de ellos un laberinto infinito esperando a ser atravesado, como si me gritara que fuese yo quien tratara de hacerlo. Tantas cosas me decían y al mismo tiempo no decían nada, pues era tan sólo con una mirada con la que mi corazón por ti se derretía, y no podía ni quería mirar a otra parte, sólo deseaba sumergirme en el laberinto que ellos generaban. Me cansé de ellos porque ahora siento que están perdidos, aunque en ocasiones de frente o cerca de mí los tenga, simplemente no logro levantar la quijada y volver a clavarme en ellos, y créeme que no es porque tema volver a caer y derretirme, sino porque ahora ese delicado brillo y destello que en algún momento albergaban se ha convertido en una pared de ladrillos, el brillo se apagó, ahora el laberinto ha cerrado sus puertas con candado incluido, y la llave que antes podría haber utilizado ya no sirve de nada, ese muro, esa puerta, ese candado, se han vuelto impenetrables.

De tus brazos, que al recordarlos hacen que regrese a mí ese sentimiento de protección cuando estaban alrededor de mí en un cálido abrazo, ninguno de los dos sabíamos de qué me protegías, pero era seguro que no podía tener un mejor escudo contra el mundo; de igual forma fueron tus brazos los que me hicieron creer en esas teorías de tecnología avanzada que hablan de la posibilidad de jugar un poco con el tiempo a nuestro antojo, pues estando en ellos todo lo que estaba a mi alrededor de momento se detenía, o parecía detenerse, todo se volvía más lento y un segundo parecía una hora, no había manera de querer estar en otro lugar, sólo quería quedarme en tus brazos. Me cansé porque aquel dulce sentimiento de protección que tanto adoraba ahora se siente como un cautiverio que me fuerza a mantenerme en tu brazos, que a pesar de que ya no estén sigo sintiendo como el recuerdo fantasma de esa calidez que llegué a sentir contigo, ese fantasma me maldice cada vez que me siento solo o que siento frío en mi cuerpo, me dice que todo estará bien, que cosas mejores vendrán, pero al mismo tiempo se va de mí.

Carta para decirte por qué me cansé de tus besos 2

De tu presencia, y en este punto me parece que está de más el querer explicarte por qué, simplemente digamos que te convertiste en aquel demonio que atormenta la vieja casa abandonada en la que se transformó el recuerdo de mis intentos amorosos fallidos.

¡Me cansé de ti! Pues fuiste tú quien me hizo sentir especial, me hiciste sentir diferente. Llegaste y podría incluso jurar que de golpe todo a mi alrededor se empezó a acomodar, como si me hubieras dado la respuesta al potente desorden que era mi vida en aquel momento, como si hubieses llegado a ayudarme a resolver un rompecabezas al que le faltaba una sola pieza, fue entonces que volteé la mirada y te vi, y tú, tus ojos, labios, besos, cabello, brazos, manos, caminar, presencia, formaban la pieza perfecta. Entonces podrás imaginar mi desconcierto y dolor en el momento que observe el rompecabezas y pude notar que tu pieza estaba rota y ya no encajaba.

Por eso, me despido de ti, y me despido simplemente porque quiero poder levantarme de nuevo de la cama con la fuerza que tenía antes de conocerte, pero no me malinterpretes, no te puedo olvidar de una forma tan sencilla como lo es decir adiós, esa parte definitivamente tomará mucho más tiempo y aún así quedarán vestigios de lo que en algún momento pasó entre nosotros. Pero ya no me lastimarán ni me arrebatarán las fuerzas del pecho, sino que me ayudarán a poder volver a confiar en el juego de citas que creía ya inútil. Me despido de ti porque el hacerlo me libera de la linealidad de tus labios, lo corto de tus besos, los poderes de tu mirada, el cautiverio de tus brazos y el fantasma de tu presencia, que me desahogan de tu pesar y me permiten continuar. ¡Me despido de ti!

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Referencias: