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LETRAS

Carta de México a su gente herida

Por: Fernanda Glez27 de septiembre de 2017

Desde las palabras de Fernanda González, así le habla México a su gente. Esta tierra que sangra, que se mueve, que sufre, nos invita a no olvidar lo que se siente estrechar la mano de quien más lo necesita.

Una nube gris me encapotó. Las dimensiones desaparecieron, robándose las esquinas de las calles y los finales de las avenidas. La luz se marchó y la oscuridad le hizo segunda. Gris fue el color del sol aquel día. Al principio no pude ver nada, me sentía dañada, lastimada, quedé abierta y mi corazón expuesto. Corría sangre hacía mis heridas, pero no era mía, era la de mi gente. No alcanzaba a verla, pero escuchaba sus alaridos: “¡ayuda!”, “¡amor, ¿dónde estás?”, “¡mis hijos!”. Se escapaban sollozos, llantos, la desesperación había visitado a todos. La dimensión del tiempo se extendió dotando de eternidad a los minutos. Sentí como la vida a mi alrededor perecía, se escapaba lo más preciado de mis tierras, mi gente.

Pero una horda de pisadas le quitó el don que sólo cronos puede dar. Vi a mis hijos correr hacía donde más lastimada estaba. Los vi levantar su dolor y retirar el miedo, colocar varillas de confianza apoyados en el amor hacia los demás. Los vi prestar sus manos para secar las lágrimas de los otros, ayudar a sus hermanos, olvidar sus preocupaciones y poner antes las necesidades de quien más lo necesitaba. Vi despertar la caridad, la empatía que mucho tiempo permaneció dormida.

Entre los escombros escuché los gritos de un pueblo que no se deja vencer por la adversidad. En mis calles he escuchado lamentos, suspiros ahogados a causa del polvo, consolaciones y sobre todo la frase “México unido, sí se puede”. Y aunque seguro lo has escuchado hasta el cansancio creo que vale la pena repetirla. Porque es de suma importancia que quede sembrada en la memoria colectiva, para jamás olvidarla.

Los sentimientos que se vivieron son hermosos, mostraron de lo que están hechos los mexicanos y que el corazón de todos ellos late al mismo son. Pero un sentimiento tiene fecha de caducidad; si permitimos que muera, todo quedará enterrado bajo de los escombros.

Ya lo vi y ustedes lo experimentaron, lo hermoso que es estar unidos y lo poco que cuesta extender la mano para alguien más. Vimos que es posible olvidar las clases sociales, tantas divisiones. Tiramos las etiquetas que llevábamos en la mano para sostener la mano del otro. No hay que soltarla.

Es importante que jamás se olvide la empatía que se vivió estos días, que se recuerde la importancia de ponerse en el lugar de los demás. Solo así podremos seguir avanzando, juntos, creciendo día a día para ser mejores. ¡Así que fuerza!, porque tanto tú como yo somos México.

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Después de esta terrible tragedia, las muestras de solidaridad y amor no han faltado en el pueblo mexicano. Desde los más pequeños, hasta la llamada generación apática: los millennials.


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